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Martes, 20 de Noviembre 2018

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Suplementos | Los beneméritos de Jalisco

Ciencia

Por: jose langarica

Por: EL INFORMADOR

La segunda edición del libro que lleva este título fue presentada recientemente en la ciudad

“Qué sencillo nos resulta denostar -escribe el ingeniero César Gabriel Alfaro Anguiano-. Qué difícil es reconocer los méritos ajenos. ‘Quieres saber tus defectos, cásate. Quieres saber tus virtudes, muérete’, dice la sabiduría popular”. Son muchos los preceptos extendidos por las naciones para castigar o denostar, insiste, muy pocos para premiar y reconocer. Y es esta última encomienda la que aborda en la segunda edición de su libro Beneméritos de Jalisco, dirigida sobre todo a artistas, militares y políticos como Jesús Ignacio Herrera y Cairo, Gregorio Dávila, Donato Guerra, Ignacio L. Vallarta, Manuel López Cotilla, Fray Antonio Alcalde, José Clemente Orozco, entre muchos otros, pero donde también aparecen hombres de ciencia cuyo nacimiento ocurrió en nuestro Estado.
“Nuestro Estado ha sido históricamente cuna de adalides, de estadistas, de ideólogos, de científicos, de artistas y educadores”, agrega en el libro. “Jalisco además, ha sido patria adoptiva de distinguidos ciudadanos universales”.
El ingeniero Alfaro, sin embargo, no siempre es tan optimista. “Si es que existe alguna promoción, está es muy pobre”, explica al entrevistarlo en la larga firma de libros ofrecida por el cabildo el pasado martes 11 de noviembre por la noche, cuestionado sobre cuánto reconocemos en nuestra comunidad justamente a esos adalides. “Tenemos muchos detalles aquí, en este modesto ejemplar, se enumeran algunos casos y hablaré específicamente del de Juan Rulfo, que primero recibió el reconocimiento internacional y el Premio Nacional de Letras, que el Premio Jalisco en Letras. Ese es el ejemplo más acabado de la apatía y la abulia que hay en Jalisco por temas y personas de esa naturaleza y con esa actividad”.  
“En la ciencia estamos un poco más mal -abunda-. Conozco casos de científicos en ciernes con un potencial importantísimo y que tienen que andar mendigando la oportunidad de estudiar o de aportar incluso lo que ya saben. Entonces, la actividad intelectual en general no sólo es incomprendida, sino que resulta a veces hasta mal vista, porque siempre que uno habla de un científico, se imagina uno las probetas, los matraces echando humo, y el Profesor Chiflado, cosas de ese pelo, cuando la actividad de la mente es quizás la más sublime del ser humano, porque somos humanos gracias a la racionalidad, y entonces su actividad –la del conocimiento- debiera ser suficientemente reconocida; y sin embargo parece que mientras más se sabe, menos se le comprende a uno”.
El entorno, no obstante, parece contradecir por un momento al autor, cuando tantas personas se encuentran reunidas para conocer más sobre esta segunda edición del libro, incluyendo al Presidente municipal de Guadalajara, el doctor Alfonso Petersen Farah (quien también escribió una presentación en el texto).
“Hubo una gran convocatoria, vimos la sala del cabildo del Ayuntamiento de Guadalajara prácticamente llena, y a diferencia de otros actos, como el del cabildo juvenil, donde las autoridades se retiraron a media actividad, aquí sí lo hicieron hasta el final, hay que decirlo”, observa el físico e historiador de la ciencia Durruty Jesús de Alba Martínez. “Según se mencionó (durante el discurso), el Ayuntamiento de Guadalajara participó de este libro, que es algo relevante”.

 El mayor científico jalisciense

César Gabriel Alfaro Anguiano es ingeniero mecánico electricista. No únicamente ha sido socio y presidente de la benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco, sino también colaborador de EL INFORMADOR por más de 20 años. Encuentra un reto difícil cuando se le pide nombrar al más grande científico jalisciense.
“Habría que hablar de varios dependiendo las temporadas y las especialidades. Aquí viene citado específicamente el doctor Pablo Gutiérrez que en su momento fue una eminencia. Obviamente para mí el paradigma, que es el presbítero Severo Díaz Galindo, quien fue presidente durante más de 30 años de la hoy Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística; es el científico más cercano en términos de su actividad y de su concurrencia en el quehacer. Tuve la fortuna también de ser presidente activo de la Sociedad, entonces compartí ahí un espacio común con el presbítero”.
“Hay que contextualizar que tomó parte muy activa, siendo presidente en funciones de la Sociedad de Geografía y Estadística, del traslado de los restos de don Severo Díaz Galindo a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres”, acota De Alba sobre el ingeniero Alfaro. “Él dio el discurso en la ceremonia, que fue en el 94”.
 Y justo en ese discurso anunciaba que “un país, un estado, un pueblo en el que hay CIENTÍFICOS, escrito y dicho con mayúsculas, tiene en su seno el germen, la semilla, del desarrollo social; tiene la llave del bienestar y del progreso armónico. Nuestro ilustre fue científico verdadero; trabajó sin becas, sin canonjías; sin prebendas ni concesiones, por gusto y convicción. Vivió para la ciencia; no de la ciencia”.   

¿Nos interesamos por nuestra herencia científica?
 
No fue sino hace unos meses que aquí en el Tapatío hicimos un sondeo informal pero interesante del conocimiento sostenido por un número de estudiantes universitarios en relación a la ciencia. Muy pocos entre ellos reconocían, por ejemplo, a don Severo (por no hablar de otras figuras prominentes de la ciencia). Es irresistible, entonces, preguntar a una persona que ha estado estudiando el campo por tantos años su visión sobre este tema. Su respuesta es lúdica pero seria a un mismo tiempo.
“Se necesita una respuesta técnica”, dice, “la cual sería que la Virgen de Guadalupe nos convenza; la Milagrosa, que nuestros responsables de la política educativa científica se pusieran a trabajar como se debe”.   
Esperemos que una opción más secular se presente al paso.


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