Suplementos | Fractura expuesta La disyuntiva Casa de citas Entre la soledad y estar solo, escojo lo segundo Por: EL INFORMADOR 11 de noviembre de 2008 - 05:12 hs Entre la soledad y estar solo, escojo lo segundo. Lo mismo entre la dicha y ser dichoso: lo segundo. Entre los años y los días, lo segundo. Entre mi nombre y tú al decirlo. Hay quien me ve llegar con paso lento y escoger lo segundo, lo que viene detrás, de peor es nada; me ve con piedad intransigente, con lástima implacable de cazador apenado por su presa. Yo recojo los restos, hago con ellos un sombrero, una corbata, y saludo a la usanza cavernícola. Entre la espera y lo esperado, lo segundo. Entre los puntos y las comas. Entre los ya y los todavía. ********** De cualquier modo habremos de movernos. Aunque ya no salgamos de la cama o la noche, de la espera o del aire. Aunque cerremos puertas y caminos, ojos, cuadernos, heridas y buzones, dejemos la costumbre intermitente de la respiración y del abrazo y el vicio de llamarnos de algún modo. Suceda en realidad lo que suceda, si opones resistencia, si opones desmemoria, despertarás en otra parte un día, sanarás de tu cuerpo en otro cuerpo, callará tu silencio en otras voces y habrá de persistir como un eco tu piel en otros músculos. De la noche al silencio, del silencio a la tierra, del fruto a la raíz, de la mano al secreto mineral de las uñas: aunque ya no salgamos, dejemos la costumbre, aseguremos nudos, miremos por debajo de los ojos o no tengamos ojos, de cualquier modo habremos de movernos. ** Un pie se va quedando atrás en cada paso y la respiración abre insensibles corredores que la espalda cancela. No hay pie que sepa estarse donde mismo. Un pie se va quedando atrás, y retrocede, cuando el otro se planta en huellas por marcar o en escalones que habrán de levantarlo. Por cada pie que avanza un cuerpo entero decide rezagarse. Lo que dura un segundo y lo que mide un metro es la doble sustancia de mis pasos. Aprendí a caminar —supongo que aprendí— reduciendo los pasos de otra gente, respirando con segundos más largos que los metros andados por los otros. Yo soy el pie que retrocede a los pasos más cortos, a caminos posibles y a zapatos que no calzo todavía. Lo que mide un segundo. Lo que dura un metro. ** Hora de admitirlo Un tiempo me gustaron. Más tarde, porque las cosas cambian y hasta lo propio esconde algo imprevisto, di en olvidar empezando por sus nombres. (Un tiempo así creí saberlo: decimos que se tiene un nombre. Decimos o dices que por llamarnos de algún modo, por llamarme tú a mí por más que no hagas caso, lo dices, lo decimos.) Por: Eduardo castañeda Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones