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Miércoles, 19 de Septiembre 2018

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Suplementos | Fractura expuesta La disyuntiva

Casa de citas

Entre la soledad y estar solo, escojo lo segundo

Por: EL INFORMADOR

Entre la soledad
y estar solo,
escojo lo segundo.
Lo mismo entre la dicha
y ser dichoso:
lo segundo.
Entre los años y los días,
lo segundo. Entre mi nombre
y tú al decirlo.

Hay quien me ve llegar
con paso lento
y escoger lo segundo,
lo que viene detrás, de peor es nada;
me ve con piedad intransigente,
con lástima implacable
de cazador apenado por su presa.
Yo recojo los restos,
hago con ellos un sombrero, una corbata,
y saludo a la usanza cavernícola.

Entre la espera y lo esperado,
lo segundo.
Entre los puntos y las comas.
Entre los ya
y los todavía.

**********

De cualquier modo habremos de movernos.
Aunque ya no salgamos de la cama o la noche,
de la espera o del aire.
Aunque cerremos puertas y caminos,
ojos, cuadernos, heridas y buzones,
dejemos la costumbre intermitente
de la respiración y del abrazo
y el vicio de llamarnos de algún modo.

Suceda en realidad lo que suceda,
si opones resistencia,
si opones desmemoria,
despertarás en otra parte un día,
sanarás de tu cuerpo en otro cuerpo,
callará tu silencio en otras voces
y habrá de persistir
como un eco tu piel en otros músculos.

De la noche al silencio, del silencio a la tierra,
del fruto a la raíz, de la mano al secreto
mineral de las uñas:
aunque ya no salgamos, dejemos la costumbre,
aseguremos nudos,
miremos por debajo de los ojos
o no tengamos ojos,
de cualquier modo habremos de movernos.

**

Un pie se va quedando atrás en cada paso
y la respiración abre insensibles corredores
que la espalda cancela.

No hay pie que sepa estarse donde mismo.

Un pie se va quedando atrás, y retrocede,
cuando el otro se planta en huellas por marcar
o en escalones que habrán de levantarlo.
Por cada pie que avanza
un cuerpo entero decide rezagarse.

Lo que dura un segundo
y lo que mide un metro
es la doble sustancia de mis pasos.
Aprendí a caminar
—supongo que aprendí—
reduciendo los pasos de otra gente,
respirando con segundos más largos
que los metros andados por los otros.

Yo soy el pie que retrocede
a los pasos más cortos, a caminos posibles
y a zapatos que no calzo todavía.
Lo que mide un segundo.
Lo que dura un metro.

**
Hora de admitirlo

Un tiempo me gustaron. Más tarde,
porque las cosas cambian
y hasta lo propio esconde algo imprevisto,
di en olvidar
empezando por sus nombres.
(Un tiempo así
        creí saberlo:
decimos que se tiene
un nombre. Decimos
o dices
que por llamarnos de algún modo,
por llamarme
tú a mí
por más que no hagas caso, lo dices,
lo decimos.)


Por: Eduardo castañeda

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