Jueves, 13 de Mayo 2021

LO ÚLTIMO DE Suplementos

Suplementos | Nos contó sus motivos para escribir alrededor de la biografía del “Tata” Cárdenas

Cárdenas, la memoria de un sexenio

Nos contó sus motivos para escribir alrededor de la biografía del “Tata” Cárdenas

Por: EL INFORMADOR

El narrador es especialista en temas que abordan la historia de nuestro país. EL INFORMADOR / ARCHIVO

El narrador es especialista en temas que abordan la historia de nuestro país. EL INFORMADOR / ARCHIVO

GUADALAJARA JALISCO (06/NOV/2016).- Pedro Ángel Palou (Puebla, 1966) ha forjado una amplia bibliografía como narrador y ensayista, especializado en temas de historia de México además de la ficción. Entre algunas de sus novelas recientes se encuentran “Zapata” (2006), “Morelos: morir es nada” (2007), “Cuauhtémoc: la defensa del Quinto Sol” (2008) y “Pobre Patria mía”. “La novela de Porfirio Díaz” (2010), todas ellas de corte histórico y centradas cada una en un personaje particular de la historia de México y sus circunstancias.

Este año vio la luz “Tierra roja”, donde le tocó el turno a Lázaro Cárdenas. El autor nos contó sobre sus motivos para escribir alrededor de la biografía del llamado “Tata” Cárdenas, la novela, la actualidad de su personaje y las características de su periodo presidencial.

-Tenía ganas de acercarme más al presente, no sólo alrededor de la Revolución, para pensar qué pasa cuando se institucionaliza México, qué tanto está presente. Las novelas históricas como escritor y lector me gustan cuando me permiten compararse con el presente. Cárdenas es relevante en ese sentido.

-Además de la biografía, hay una segunda trama, un contrapunto con el México social de aquellos años con un periodista de nota roja.

-No quise hacer una novela biográfica, sino una novela política, en tercera persona. Pensándola así, sentí que era insuficiente lo que podía vivir el personaje presidente y su círculo frente a lo que vivía el país. Empezó por el hijo de Rafael Bernal, me permitió utilizar a Filiberto García, el personaje de El complot mongol: allí dice que Filiberto en algún momento asesinó o se vengó de dos generales villistas… Pero quería que fuera dialógica esa parte, que se entendiera el contrapunto. Los historiadores de la nota roja policiaca en México omiten los años treinta: unos se detienen en 1930, o la antología de Monsiváis, que empieza en 1941. Ese decenio parece olvidado. Como lector una manera de enterarse de lo que pasaba es el crimen, pero también la vida social: la visita de Shaw, escenas trasvestis de Salvador Novo con capitanes del Colegio Militar…

-Al profundizar en su historia, ¿qué te llamó más la atención de la figura de Lázaro?

-Me asombró primero la cantidad de páginas que escribió, el gusto con el que hizo de su vida un acto notarial. En un mundo de políticos ágrafos eso lo hace un garbanzo de a libra. Hay un Cárdenas íntimo, uno que sabe muchísimo e intuye con gran sagacidad de la política exterior. Al mismo tiempo tiene una preocupación enorme por su círculo íntimo: Cuauhtémoc, Amalia, Alberto su hermano, su cuñada, los viajes al nevado de Toluca, por qué hacer Los Pinos (donde sembró muchos pinos para que nadie le cambiara el nombre).

-En varios puntos mencionas su personalidad “ascética”, desde su vestimenta hasta el alcohol, ¿esa característica debería imperar en la política?

-Creo que sí, si bien no tan exagerado. El grado de abstinencia no me preocupa tanto como la prudencia. Cárdenas era un hombre prudente, entendió de sus deslices juveniles muy pronto, gracias a Francisco J. Mujica. Entendió que también era una figura moral: no sólo un individuo en una jaula de cristal (como le dicen a la política), sino que también es una figura moral en la que se refleja la gente. Por eso iba vestido de traje y corbata a los lugares más apartados: la gente quiere ver al presidente. Hemos visto presidentes haciendo el ridículo con sus vestimentas.

-Volviendo a los políticos ágrafos, representados muy bien por el actual… este momento tiene una varias vinculaciones con Lázaro: la expropiación del petróleo, la privatización, también está el tema de la legalización: a pesar de su “ascetismo” en México fueron legales los dispensario de sustancias ahora prohibidas, en parte de su sexenio.

-Las dos cosas son coherentes: para él la constitución del 17 fue algo que había que seguir al pie de la letra, utilizar la “energía social del pueblo mexicano”, como él llamaba. Incansablemente se dedicó a repartir la tierra, a expropiar: para construir la soberanía se necesitaba el suelo y el subsuelo, esa fue la obsesión. La gente alrededor de Cárdenas era muy adelantada, allí está el porqué hubo esa regularización, más que legalización. No sólo marijuana, incluso de heroína, que había una epidemia en la época. Al tratar al heroinómano en un dispensario, para reincorporarlo al desintoxicarlo, con una substancia pura y no con lo que compraba en la calle. Era un tema de salud pública, aunque la presión norteamericana impidió que ese experimento social durará más.

-¿Qué hubiera pasado si Cárdenas hubiese seguido de un presidente más afín, con mayor continuidad y no como el “Jefe Máximo” que le dejó un gabinete callista?

-Hubiera costado mucho menos trabajo: parte de la coherencia y del cambio de sexenio fue eliminar el presidencialismo, “el jefe máximo”. Por eso no participa en la elección de Ávila Camacho; le dan un madruguete, Lombardo, el propio Ávila Camacho y el gobernador de Veracruz (Miguel Alemán). Al principio tuvo la presión absoluta de Calles, de los intereses de la “nueva burguesía” como la llamaba Azuela, de los generales enriquecidos; al final tuvo la presión postexpropiación de las potencias extranjeras, la presión de EE.UU. por la segunda guerra mundial, y la presión de la ultraderecha mexicana que desde 1938 armó un frente común en contra del progreso social, lo mismo con la Comisión para la Defensa de la Clase Media… que en su propio nombre dice todo, se parece a las actuales manifestaciones profamilia; el Yunque, el papá de Abascal, el PAN, el regreso de la Iglesia… El fin de su sexenio fue un periodo conflictivo: hubo espías soviéticos, nazis, británicos, norteamericanos… fue complicado. Con libertad gobernó sólo cuatro años y medio.

-Quiso erradicar esa figura del presidencialismo, pero regresó y pronto se instauró.

-Inmediatamente: a partir de Alemán el dedazo se convirtió en el sistema de continuidad. Algo que le hartaba, está en sus diarios. Además de ser un buen presidente, Cárdenas fue un excepcional expresidente. Saliendo tan joven del sexenio tuvo una madurez política, una visión estadista muy impresionante. Se dedicó a la tecnificación del campo, a la creación de hidroeléctricas. ¿Qué otro expresidente sale de su sexenio y se pone a trabajar como un empleado más de la revolución?

-Escoges un episodio fuera de su sexenio, el de 1961, ¿por qué?

-Nos falta escribir la historia de la guerra fría en México. Estamos muy lejos aún. Fue un primer ejercicio: ver cómo la presión norteamericana impidió que él fuera a Cuba. Más que la visita, hay un intento de atentado que López Mateos aplazó. Cárdenas era profundamente incómodo en ese momento: era la única figura moral que le quedaba a la revolución. Su socialismo se había exacerbado su tendencia a la izquierda. Incluso su lucha que López Mateos no entendió: había que sacar a los líderes ferrocarrileros de la cárcel. Él y muchos lo decían, no eran los comunistas que los espías de gobernación decían, eran nacionalistas.

EL INFORMADOR / JORGE PÉREZ

Temas

Lee También