Suplementos | Por: Norma Gutiérrez Cantera y adobe, el lenguaje de la historia Aniversario de la ciudad Por: EL INFORMADOR 13 de febrero de 2010 - 02:03 hs Son 468 años de historia y admiración que se guardan y florecen en cada paso que se da al recorrer sus calles, que en ocasiones son frías, ahora como entonces sigue resaltando el intenso y romántico legado de Guadalajara. La ciudad tanto para extraños visitantes como para los locales, es una buena excusa para viajar, descubrir, conquistar y vivir en carne propia el romanticismo de sus obras arquitectónicas. Guadalajara, del vocablo árabe "Wad-al-hidjara", significa río entre piedras fue fundada el 14 de febrero de 1542 cuando se estableció el primer Ayuntamiento –no así el edificio- que permanece hasta nuestros días y a la vez nombrada como ciudad por Carlos V de Alemania y Carlos I de España, además de otorgársele el escudo de armas que permanece como estandarte representativo de esta urbe. Ha sido definida por poetas y alfareros como aquella en la que se ha luchado por más de cuatro siglos por multiplicar sus encantos artesanales; no basta con observar una sola vez las múltiples formas que deslumbran ante el cálido Sol, que mañana tras mañana iluminan y dan vida a su comunidad, que entre semáforos y postes hacen sentir el palpitar en cada una de sus ventanas y puertas. Familias enteras se integran al quehacer diario; el alma tapatía comienza a surgir junto al escenario paulatinamente, los ladrillos de mosaicos uniformaban las banquetas, que años más tarde estaría a la altura de los banquetones de Río de Janeiro. La ciudad lo exigía y el pueblo lo merecía, construcciones a base de colaboración, apoyo y afecto mutuo. El desarrollo iniciaba con una meta, hacer de Guadalajara un lugar digno para habitarse, los abuelos se identificaban mediante un heredar interminable de de tierras y paredes. Nadie debe extrañarse de que los tapatíos afirmen que las casas viejas deben ser estudiadas, restauradas, proclamadas y respetadas como auténticos tesoros de la ciudad. Edificios, testigos del acontecer Sin lugar a dudas, el Centro Histórico es la máxima representación del rostro de la ciudad, la carta de presentación como dirían algunos. A pesar de los diversos cambios de los que ha sido objeto, el acabado arquitectónico de cantera sigue siendo un digno representante de estos edificios, uno de ellos es el Teatro Degollado, aquí es donde inicio la historia de Guadalajara. El 5 de marzo de 1856 se colocó la primera piedra de este magno edificio que se inauguró 10 años después con la participación de Ángela Peralta. Con un estilo neoclásico, la bóveda tiene frescos de Gerardo Suárez y Jacobo Gálvez, aludiendo de forma magistral al canto de la Divina Comedia. La grande y amorosa ciudad, encuentra en él la pasión de su historia, guarda las fidelidades donde el tiempo y el enfado no tienen poder alguno. Su fachada de cantera y relieve en mármol, visten y engalanan a la imagen de Apolo y las Nueve Musas. El Cuartel General de la XV Zona Militar, no menos importante, fue fundado en 1719 y que durante 140 años fue un convento de monjas agustinas, siendo derribado en 1890. Su actual construcción dio inicio en 1891, logrando una monumental fachada de ladrillo rojo y cantera en un tono gris y rojo oscuro, ubicado en la calle Zaragoza, entre San Felipe y Reforma. La vista se cultiva por doquiera, ejemplo de la hermosa transformación ha sido la Calzada Independencia, que claro, ni era calzada y mucho menos podía llamarse de la Independencia, sino que esto se resumía en aquel entonces al famoso Río de Guadalajara, con aguas que apenas servían para lavar ropa. Tampoco hay que olvidar a la primitiva parroquia y templo de San Miguel. Su adobe que servía para todo tipo de rezos y suplicas, se reducía a zacate y lástima. La música también defiende su tradición, la Plaza de los Mariachis, se construyó en 1963 como un intento más de regenerar y dignificar a la Perla Tapatía. El Palacio de Gobierno, orgullo de todos los criollos que aquí viven y aquí se enterrarán, funcionó desde 1650, se derrumbó en 1750 debido a los temblores que sacudieron con furia a la capital jalisciense; la catedral de cantera también se vio afectada. El Palacio era pobretón hasta que la simbiosis del tequila puso su granito de arena, así tenía que ser. La catedral de aquella época consevaba el atrio y un hermoso enverjado, obra de Antonio Valdovinos, durante la primera década del siglo XX. De cantera nos queda poco, las que remataban el pórtico de acceso del Mercado Corona, han desaparecido, están extraviadas, fueron removidas y ahora son propiedad privada. Nos quedan tesoros que hay que buscar, el Museo Regional ofrece una vista de la belleza de entonces, arma el cuadro con su fachada barroca y señorial, mientras que al interior su patio central es imponente, claustro de arquería toscana, arcos de medio punto y arcos de esquina; escaleras de cantera, pisos de ladrillo de jarro, vigas de madera y techo de ladrillo perón; fuente de cantera al centro para que nada falte. Tiene capilla, cúpula, espadañas y campanas. Salónes que fueron de estudio y hoy son de exposición. Tiene cuatro patios pequeños, con sus columnas del orden toscano. Esta belleza fue construida para seminario. Fue prisión de españoles, seminario, liceo de varones, fortaleza militar, biblioteca pública y ahora el Museo Regional. De ahora en adelante El asombroso recorrido histórico es un caso más de supervivencia que de perseverancia, el desarrollo urbano ha aniquilado una gran cantidad de edificios históricos, representativos de la ciudad. Se han derrumbado pedazos de historia, se han mutilado conventos para dar paso a los vehículos, que entonces eran sinónimo de progreso, ahora retomamos la bicicleta como medio de transporte, pero la demolición no para, la reconstrucción no existe y la modificación de hábitos es tarea de los propietarios de la ciudad, de los tapatíos. Conservar esta ciudad como limpia y amable no es tarea fácil, pero es de todos. Es por ello que decimos ¡felicidades Guadalajara!, por toda esta maravillosa vista panorámica que nos dejas de tu época romántica, testigo y guardián del acervo cultural e histórico que se mantiene. Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones