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Martes, 13 de Noviembre 2018

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Aurora Serratos: una vocación auténtica

La pianista tapatía fue objeto recientemente de un reconocimiento por parte del INBA y el Conaculta

Por: EL INFORMADOR

Aurora Serratos proviene de una familia en la la música ha sido una constante a través de los años. A. HINOJOSA  /

Aurora Serratos proviene de una familia en la la música ha sido una constante a través de los años. A. HINOJOSA /

GUADALAJARA, JALISCO (03/SEP/2011).- Dentro de la historia musical de Jalisco, la familia Serratos ocupa un lugar destacado por la huella que ha dejado el talento y la entrega con que varios de sus miembros se han dedicado a este arte.

En el apartado musical, sus orígenes se remontan al siglo XIX en el vecino Estado de Naya-rit. Tras haber llegado a esta ciudad junto con sus padres, los hermanos María Guadalupe, Nila y Ramón Serratos ingresan a la Academia de Música de Guadalajara (más tarde Aca-demia Rolón) en 1910. Nueve años después, con Ramón en la dirección, abren la Academia Serratos, donde se impartían lecciones de piano, teoría de la música y armonía. Entre sus numerosos alumnos destacaron Áurea Corona y Aurora Garibay –quienes después se inte-grarían como docentes en la academia, iniciando largas y exitosas carreras–, el padre Jesús Aréchiga –que más tarde fundaría la Escuela de Música Sacra– e incluso la popular Con-suelo Velázquez.

Ramón Serratos realizó cursos de perfeccionamiento pianístico en Estados Unidos con el ruso Joseph Lhevinne, se dedicó a la composición y tras varios años de intensa actividad, en 1936 decidió marcharse a la Ciudad de México, donde llegó a dirigir la Escuela Nacional de Música (ENM) de la UNAM. Se casó con la ya citada pianista Aurora Garibay y sus hijos Enrique (1930-1960) y Aurora (1927) se dedicaron también a la música, él como violinista y ella como pianista.

Tras estudiar con su padre, Aurora Serratos ingresa en el Conservatorio Nacional; a los 16 años realiza una presentación con la orquesta de la ENM, interpretando el primer concierto de Beethoven. De 1949 a 1953 estudia en Filadelfia con la reconocida pianista rusa Isabelle Vengerova (maestra entre otros de Leonard Bernstein y Samuel Barber) y en 1955 se pre-senta por primera vez en el Teatro Degollado, con la entonces Orquesta Sinfónica de Gua-dalajara. Ese mismo año forma un dueto con el pianista español Guillermo Salvador, con quien realizaría numerosas giras por todo México, Centro y Sudamérica, Canadá y Estados Unidos. La pareja de artistas contrajo matrimonio tres años mas tarde; su hijo Guillermo siguió también la carrera musical y fue director titular de la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ) de 1996 al año 2000.

A la par de su actividad como pianista, Aurora Serratos ejerció como docente de forma ininterrumpida durante 32 años en el Conservatorio Nacional, cuya dirección ocupó de 1992 a 1995, siendo la primera mujer en desempeñar ese cargo. Actualmente reside de nuevo en Guadalajara.

La maestra Serratos recuerda cómo el entorno familiar marcó el rumbo que tomaría su vida: “Desde antes de nacer creo que ya tenía yo aprendidos algunos pasajes de las baladas de Chopin. Nunca se me hubiera ocurrido respirar en otro ambiente, fue muy natural”.

Evoca a su padre como “un muy buen pianista, alguien incansable, promotor de la música con un afán y un amor enorme”. De él heredaría el gusto por la enseñanza en la que se inició, ayudándole en la academia siendo aún niña: “La docencia es una actividad muy no-ble; con todo lo que pueda ser denostada, el espejismo de la carrera (como solista) hace que se deje de dar valor a esta actividad y la hace parecer como un refugio, y no, es extraordina-ria, tengo en ese sentido y a nivel humano una experiencia muy rica”.

Y es que sólo con una vocación así de sólida se puede afrontar con éxito una responsabili-dad tan fuerte como la de dirigir el Conservatorio Nacional, donde “se hereda el gran pres-tigio de la institución y a la vez se asumen las carencias que se hayan podido ir acumulan-do”.

Sobre sus años de formación en el extranjero, Aurora Serratos destaca el carácter generoso y paciente de su maestra: “Vengerova (Isabelle) era extraordinaria, un prodigio con una capacidad de entender las partituras de los distintos autores y diferentes estilos, porque con todo y tantos signos que tienen las partituras son pocos muchas veces para captar lo que el autor pide”.

Basada en su experiencia subraya que “la música bien hecha es la que se hace de una manera auténtica, seria, espontánea a la vez que académica, porque lo importante es conectar con el público y tener la suerte de que se cree un momento que resulte inolvidable para el que esté escuchando”.

Acerca del actual panorama musical de la ciudad, Aurora Serratos apunta que “Guadalajara es una urbe de tal importancia que debería aspirar a incrementar constantemente su nivel artístico, porque, además, hay talento. Es importante que las vocaciones musicales sean au-ténticas, que la disciplina en el estudio no aparezca hasta que se está fuera del país; la disciplina es la única forma de progresar, hay que perseguir la pulcritud y vivir en un en-torno de superación, disfrutando el privilegio de ser músico y no sintiéndose una víctima de su propio talento”. Porque lo más importante “es mantenerse enamorado de la música y de lo que se hace”.

EDUARDO ESCOTO

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