Jueves, 09 de Octubre 2025
Suplementos | Ejemplos de esto se pueden observar en los óleos, gouaches y acuarelas que integran la actual muestra del ICC

Artes plasticas: Pintura de María Izquierdo

Se nos da otra vez la oportunidad de contemplar, tanto a quienes ya la conocíamos, como a quienes no tenían el gusto, obras de esta pintora, que como personaje, vivió una existencia novelesca, tormentosa y atormentada en sus facetas afectivas; de grandes desniveles en cuanto a aprecios y desprecios, de triunfos y fracasos; y quien culminó su andadura en este mundo con una desesperante parálisis y dolorosa muerte, pero que finalmente, como pintora, acabó siendo reconocida como una de las grandes figuras de la llamada Escuela Mexicana de Pintura.

Por: EL INFORMADOR

Por: Jose Luis Meza Inda
Fotos: Alfredo García

Sólo quien padezca amnesia o esté ayuno de información podría afirmar que  por primera ocasión se puede ver en nuestra ciudad a la pintora de San Juan de los Lagos, María Izquierdo, de la cual, se encuentran hoy en exhibición algunas de sus obras originales en el Instituto Cultural Cabañas, cuando exactamente en ese mismo lugar y espacio, apenas a finales del año 2002, se presentó una parte de la magna muestra retrospectiva reunida por el CONACULTA y exhibida en Bellas Artes de la Capital, como homenaje al Centenario de su nacimiento; pero inclusive, aún antes, en la Casa de la Cultura Jalisciense y en el Museo Regional del Estado ya habíamos podido admirar aquí la pintura de esta señora en décadas recientes.

Pero en fin, por encima de imprecisiones, lo esencial es que se nos da otra vez la oportunidad de contemplar, tanto a quienes ya la conocíamos, como a quienes no tenían el gusto, obras de esta pintora, que como personaje, vivió una existencia novelesca, tormentosa y atormentada en sus facetas afectivas; de grandes desniveles en cuanto a aprecios y desprecios, de triunfos y fracasos; y quien culminó su andadura en este mundo con una desesperante parálisis y dolorosa muerte, pero que finalmente, como pintora, acabó siendo reconocida como una de las grandes figuras, en una época, en la que abundaron espléndidos pintores de la llamada Escuela Mexicana de Pintura, algunos de los cuales, por cierto, envidiosos, no permitían que nadie, mucho menos una mujer, les pisase la sombra.

Mas en aquella densa selva, María Izquierdo tuvo el valor de abrir su propia brecha, mediante las singularidades en el desarrollo y contenidos de su trabajo, en el cual nunca renunció a proyectar intimistas ecos, resabios y añoranzas de sus orígenes y vivencias primitivas; plasmando ambientes y elementos rurales que marcaran su niñez, como la arquitectura de los arcos y portales pueblerinos; flores, frutas y animales; el interior de sus casas,  muebles, objetos de uso cotidiano y desde luego, sus gentes, fiestas populares y circos trashumantes.

Todo esto fue plasmado y conjugado en sus paisajes, escenas costumbristas, naturalezas muertas, bodegones, retratos y autorretratos que fueron los géneros substanciales que la pintora abordó a lo largo de su existencia, con ese peculiar estilo que don Luis Cardoza y Aragón calificara de “rústico y espontáneo” , pero de una impronta muy mexicana, muy de arte popular en cuanto a trazos y vibrante colorido, pero que a la vez, dejó que fuese impregnado por corrientes modernistas europeas de boga en aquel entonces, como el expresionismo, el surrealismo, la pintura metafísica, para dotar así a muchas de su obras un aire de misterioso y sugerente simbolismo.

Ejemplos de esto se pueden observar en los óleos, gouaches y acuarelas que integran la actual muestra del ICC, que podrá visitarse hasta agosto y que reitero, ni es la primera en montarse aquí, ni tampoco la más nutrida, pero cuyo valor e importancia radica en representar fielmente a una artista jalisciense de singular fascinación y trascendencia en la Historia de nuestra Pintura.

Mathias Goeritz, Nuestra Colección

Pues resultó que, al final de cuentas, dentro del programa de artes plásticas “alemanas”, correspondiente al recientemente celebrado Festival de Mayo, para mi gusto, la exposición más relevante, tanto por su contenidos como por su importancia  histórica, fue la del maestro Werner Mathias Goeritz Bruner (Danzig 1915-México 1990), montada con obras sacadas de la bodega del Instituto Cultural Cabañas y distribuidas en varias de las salas de ese inmueble.

Y es que a pesar de estar ya tan vistos y revistos, estos trabajos siguen teniendo la virtud de sorprender, de agradar y sobre todo de convencernos cada vez más, de la trascendencia que tuvieron y del profundo impacto que debieron causar, a partir de la segunda mitad del siglo pasado, tanto en los medios artísticos de la Capital de la República, como particularmente en nuestro medio ultra conservador, pues Goeritz vino a dar un golpe sobre la mesa, al ofrecer una audaz e insólita visión estética, tanto en arquitectura como en diseño, en dibujo como en gráfica, en pintura como en escultura, que afiliadas a las formalidades vanguardistas del expresionismo, dadaísmo, surrealismo, abstracionismo geométrico, experimentación de campos de color, etcétera, no sólo sentaron cátedra, sino que zarandearon el ambiente cultural y artístico de nuestra ciudad, influyendo él personalmente, con su fructífera estancia en Guadalajara, a muchos de sus discípulos y admiradores para que se adentraran por aquellos inusitados vericuetos visuales y novedosas morfologías plásticas, como lo hicieron por ejemplo, entre otros, mi admirado Fernando González Gortázar, con sus esculturas, o el inolvidable Maestro “Caracalla” en algunos de sus experimentos pictóricos.

Así pues, aunque el Festival quedó atrás, la invitación está abierta para que quienes desconocen la capacidad de Goeritz para expresar tanto, con tan pocos recursos, lo hagan; y para quienes ya la conocen, pasen de nuevo a descubrir nuevas y atrayentes facetas estéticas en sus bocetos, gouaches, serigrafías, collages, esculturas, proyectos para obras monumentales y otros experimentos y productos de su imaginativa sensibilidad, todos ellos plenos de sugestibilidad, gracia, elegancia o dinamismo, virtudes que por ejemplo, se concretaron también en su célebre escultura monumental, “Pájaro Amarillo”, que nos legó como puerta de entrada del Fraccionamiento Jardines del Bosque de esta ciudad, la cual por cierto, dicho sea de paso, fue recientemente  “intervenida” empaquetándola, por artistas de hipervanguardia, como una muestra suprema de osada originalidad.

Tapatío

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