Viernes, 10 de Octubre 2025
Suplementos | Memoria y espacio público

Arquitectura

¿Qué recuerda usted de la ciudad en la que vivió en su niñez o de la ciudad que visitó en vacaciones?

Por: EL INFORMADOR

¿Qué recuerda usted de la ciudad en la que vivió en su niñez o de la ciudad que visitó en vacaciones? ¿Qué recordará usted, sus hijos o sus nietos de la ciudad en la que vive hoy? Es muy probable que muchos de sus recuerdos hayan acontecido en el espacio público de cada una de estas ciudades, sin embargo, probablemente los mejores recuerdos urbanos que se estén construyendo hoy, no encuentren en el espacio público actual el escenario ejemplar: difícilmente será la calle el lugar de los partiditos de futbol, ni las plazas ni los parques el lugar del encuentro romántico, ni la banqueta el lugar para salir a caminar y conversar...
Hablar de la crisis del espacio público, resulta cada vez más recurrente en nuestras ciudades, ya no es sólo el discurso de sociólogos, psicólogos y urbanistas post-modernos quienes hablan acerca del drama de los espacios que caracterizan la ciudad y que son comunes a todos. El centro comercial y otros sitios de consumo los identificamos como aquellos que han cambiado la forma en que se vive en la ciudad; al igual que cotos, vialidades y pasos a desnivel, obedecen en buena parte, a la voluntad e intereses del mercado y que por ende, limitan la rica variedad de experiencias que podrían acontecer en el espacio público como lo soñamos.  
Richard Sennet, sociólogo reconocido por sus estudios de entornos sociales y urbanos, menciona que estas acciones “han puesto fin en la práctica a un componente esencial del espacio público: es la superposición de funciones en un mismo territorio lo que crea complejidad en la experiencia vivida en ese espacio”.(1)
El abandono de esta característica fundamental del espacio público va desarticulando la estructura territorial de la comunicación, la opinión pública y la convivencia, apostando a condicionar y hasta a cambiar el estado de la memoria de la ciudad.  
Montaner afirma que: “Podemos considerar que ciertos traumas urbanos se producen de manera silenciosa y larvada: se trata de la sistemática destrucción de la memoria social y construida; un proceso de borrado de la memoria colectiva que se produce en situaciones que no son explícitamente traumáticas, sin conflictos sociales evidentes, de manera lenta y oculta como consecuencia del desarrollo tardo-capitalista de las grandes urbes”.(2)
El espacio público dentro de este escenario es un lugar inoperante, un lugar que no resulta “útil”, por lo que el cambio de hábitos urbanos resulta ser una perfecta estrategia para condicionar y direccionar; pareciera que se trata de inventar los “nuevos recuerdos”.  Jordi Borja dice: “Una de las más grandes ambigüedades, paradojas y dificultades de la condición postmoderna es el proceso de eliminación de la memoria real y la invención de memorias temáticas e impostadas” (3). Se refiere a la facilidad con que se crean nuevas tradiciones que resultan ser distractores originando lo que denomina la falsa memoria, es decir aquella que es impuesta por estos nuevos mecanismos que fabrican nuevos imaginarios.
Una periodista relatando su experiencia en Nueva York después de las explosiones del 11 de septiembre, decía que nunca se había dado cuenta de lo importante que eran las torres para ella hasta que ya no las vio, fue entonces que se dio cuenta que le faltaban. Así nos pasa con el espacio público, de repente es agredido, de repente ya no está, entonces nos damos cuenta que lo necesitamos, situación que quedará en la memoria hasta que alguien fabrique la nueva realidad, a cambio de evitar que sigamos recordando.
El espacio público juega en la memoria colectiva e individual como un articulador de experiencias y de momentos. Su aproximación puede ser de varias maneras. Como tema prioritario en la agenda ciudadana, su análisis debe de ir de la mano de cualquier ejercicio para hacer ciudad, desde la práctica más tradicional en términos de gestión y ejecución como el Parque del Bicentenario de Teodoro Fernández en Santiago de Chile, un ejemplar caso de espacio público central que bajo una experimentado oficio y una amplia experiencia del autor, atraviesa de poniente a oriente la ciudad esperando la llegada del 2010, hasta ejercicios como los de OSA (Office of Subversive Architecture) quienes plantean para el mismo tema, proyectos que se relacionan más con las intervenciones urbanas, las que a través de sensibles piezas o acciones, van generando en el interlocutor ideas y reacciones. Ambos participarán en COM:PLOT, el Foro Internacional de Arquitectura que se llevará a cabo el 7 y 8 de octubre en Guadalajara (www.infotectura.org).
Finalmente, para que la memoria colectiva no se reinvente cada día, tenemos que mantener vivos los espacios públicos y para que los que se construyan generen un buen recuerdo, debemos hacerlos bien. Proyectos participativos bien planeados y ejecutados serán evidencia de las prioridades de gobierno así como de las habilidades y sensibilidad de los especialistas para resolverlo. “El urbanismo como productor de sentido no es monopolio de nadie”(4).


(1)Sennett, R. (1977). The Fall of the Public Man. New York: WW Northon & Company.
(2) Montaner, J.M.,Traumas urbanos: la pérdida de la memoria. Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona 2004 Conferencia pronunciada en el marco del debate “Traumas urbanos. La ciudad
(3) Borja, J. Ciudadanía y espacio público. (Publicado en VVAA, Ciutat real, ciutat ideal. Significat i funció a l’espai urbà modern, “Urbanitats” núm. 7, Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, Barcelona 1998).
(4) Montaner, J.M.,Traumas urbanos: la pérdida de la memoria. Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona 2004 Conferencia pronunciada en el marco del debate “Traumas urbanos”.


Destacado: Para que la memoria colectiva no se reinvente cada día, tenemos que mantener vivos los espacios públicos y para que los que se construyan generen un buen recuerdo, debemos hacerlos bien.

por: alfredo hidalgo Rasmussen

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