Sábado, 18 de Octubre 2025
Suplementos | A veces los objetos se convierten en un eje de la vida de los niños

Apegos infantiles, un paso hacia la individualidad

A veces los objetos se convierten en un eje de la vida de los niños

Por: EL INFORMADOR

Los llamados objetos transicionales ayudan a disminuir la angustia y los procesos de separación.  /

Los llamados objetos transicionales ayudan a disminuir la angustia y los procesos de separación. /

GUADALAJARA, JALISCO (02/NOV/2013).- "Guñi guñi” es parte de la familia Hernández. Tiene ocho años y es un peluche. A Diego se lo regalaron cuando tenía tres años, y ahora siendo un niño de 11, lo conserva como si fuera un tesoro. Su mejor amigo sigue siendo ese muñeco de tela parda con forma de chango.

Diego es un niño como cualquier otro. Sale a la calle a jugar, es fan de los videojuegos y las caricaturas, y a veces se resiste a bañar. Hace dos años su madre comenzó un pleito que pensó jamás terminaría y complicaría la relación con su pequeño hijo: retirar a “Guñi guñi” de las actividades cotidianas de Diego. La batalla fue intermitente, los gritos y regaños no se hicieron esperar.

¿Cómo era posible que sus padres y hermanos coincidieran en arrebatarle al muñeco que durante tantos años lo acompañó en los momentos solitarios y divertidos de su infancia? Pensaba Diego al exclamar su dolor por tener que despedirse de un objeto no animado ante la justificación de que “ya era un niño grande” y los chicos de su edad ya no juegan con peluches.

A decir de la psicóloga infantil, Susana Trujillo Velasco, del Centro de Atención Educativa y Psicología (CAEP), señala que es bastante común el que los niños se aferren a un objeto —ya sea un muñeco o incluso una cobija o almohada— y establezcan un cariño especial.

A esta relación se le denomina “objeto transicional” u “objeto del apego”, que de manera positiva ayuda al infante a “disminuir su ansiedad, angustia y los procesos de separación, así como afrontar momentos que son muy difíciles que no puede controlar”.

Es a partir de los ocho meses cuando el niño comienza a manifestar mejor recepción y acción de sus sentidos.

“En ese momento se da cuenta que es un ser aparte, individual. Cuando nace, él se siente unido a su madre, pero a los meses cae en cuenta que cada persona es un ser independiente”, dice Trujillo Velasco.

Establecer una relación con un objeto le ayuda al niño a recordar y reforzar el cariño por sus padres cuando estos están ausentes por momentos, como cuando llega la hora de dormir, o hay que ir a trabajar.

Trujillo Velasco añade que esta acción es constante y normal en el menor hasta los dos o tres años de edad, etapa en la que su inteligencia e independencia se manifiesta mostrando más atención hacia actividades motoras y sensoriales, por lo que el recurrir a un objeto sólo se presenta cuando hay momentos de tensión, como un cambio de escuela o casa, violencia familiar, separación de los padres, e incluso, cuando estos se ausentan por cuestiones laborales. Aunque el desapego a estos objetos generalmente se da en solitario y por decisión del menor, la experta en educación infantil destaca que cuando la compañía de este objeto se transforma en obsesión y lo imposibilita  a realizar actividades se debe intervenir para lograr  una separación tranquila y justificada.

En los zapatos del otro


Los padres de Diego intentaron reemplazar al peluche con visitas al parque de diversiones, consolas de videojuegos y otros muchos juguetes que jamás lograron atrapar por completo la atención del menor. No obstante, sus hermanos comenzaron a ocultar y a condicionarle la compañía del muñeco si el menor se portaba mal.

“Si le retiran ese objeto abruptamente, lo que van a ocasionar es que el niño se deprima. Puedes darle otro muñeco o cosa, pero no puedes obligarlo a que le guste, porque él es quien elige cuál es su objeto favorito”, añade Trujillo.

Este “soborno”, puede condicionar al menor al manipular sus actitudes y aplicar sus dotes histriónicas para conseguir objetos a su capricho.

Mensajes ocultos

Aunque Diego no establecía diálogos directos con “Guñi guñi”, como con los amigos imaginarios, el peluche figuraba en las decisiones personales de él: si el peluche no podía acompañarlo en alguna actividad fuera de casa, Diego simplemente se negaba a dejar solo al muñeco y prefería quedarse en el hogar, además de recibir un regaño por parte de sus padres.

“Muchas veces el papá cree que porque su hijo trae una mantita o su muñeco a todos lados es porque le falta cariño, eso no tiene nada que ver”, expresa la psicóloga, Susana Trujillo Velasco.

Este apego sólo significa una cosa: el recuerdo de amor y seguridad de sus padres, ya sea porque el objeto fue un regalo especial, o porque el aroma y la forma del objeto se relacionan con características de sus familiares y el entorno que vive.

Sin embargo, el problema de los objetos transicionales se presenta ante dos situaciones comunes: el niño no puede separarse de este objeto ni realizar actividades sin éste, o cuando los padres optan por retirarlo definitiva y agresivamente, ya que lejos de ayudarlo a “madurar”, el infante puede generar actitudes depresivas, de angustia e incrementar sus miedos.

“Para un niño ese muñeco o mantita es parte de él, es como su mamá o papá, porque estos objetos representan el amor que él tiene por ellos o por alguien en específico. Para quitarlos hay que hacerlo poco a poco, primero se tiene que hablar tranquilamente con el niño”.

Uno de los principales errores al momento de intentar separar a un niño de un objeto, es no establecer acuerdos entre los propios padres o tutores, ya que los dos deben decidir en qué momento el objeto puede estar presente con el hijo, y en qué situaciones no es recomendable que exista esta compañía. Si mamá dice que sí y papá ataja con un rotundo no, el menor perderá respeto y atención de autoridad hacia uno de sus superiores.

Otra cuestión es no angustiar al infante. “(No hay que expresarse diciendo que) ya es muy grande para jugar con tal objeto”, dice. Esto puede provocar confusión y represión en aficiones y gustos, además de orillarlo a manifestar conductas agresivas,  dejar de comer, aislarse y obsesionarse.

Para afrontar el futuro

Susana Trujillo señala que la teoría del “objeto transicional” es definida por Donald Winnicott, pediatra y psicoanalista inglés que desarrolló una serie de argumentos que posteriormente se ligaron a otras conductas personales que se manifiestan en la etapa adulta cuando de niños las separaciones se dan de manera agresiva y sin justificación.

“Cuando somos adultos se supone que tenemos las herramientas necesarias para poder afrontar situaciones que se adquieren a través de experiencias, como manejar las ausencias o las despedidas, que en caso de no manejarlo adecuadamente se pueden somatizar en personas fetichistas, mentirosas, con tendencia a las adicciones y que no puedan estar solas”.

Los amigos imaginarios son aparte

La experta, Susana Trujillo Velasco (psicóloga)  subraya que el apego infantil hacia objetos es muy distinto a la conducta que se desarrolla cuando el niño crea “amigos imaginarios”.

Esta situación también es normal y común entre los tres y seis años de edad, pero de no controlarse a tiempo puede desencadenar esquizofrenias.

“No todos los niños tienen un objeto, pero también puede manifestar este apego –o actitudes de ansiedad y tensión- al morderse las uñas o el pelo, o mecerse. Estas conductas también son llamadas transicionales”.

FRASE

"Estos objetos representan el amor que él tiene por ello, o por alguien en específico. Para quitarlos hay que hacerlo poco a poco".

Susana Trujilo Velasco, psicóloga

Temas

Lee También

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones