Suplementos | Lo importante es darnos cuenta de qué es lo que nos pide Dios, nuestro Padre y Señor Ante la situación crítica Es un hecho que los que creemos en Jesucristo y pertenecemos a la Iglesia fundada por Él, la Iglesia católica, vivimos actualmente una época de gran prueba Por: EL INFORMADOR 19 de septiembre de 2008 - 07:08 hs Es un hecho que los que creemos en Jesucristo y pertenecemos a la Iglesia fundada por Él, la Iglesia católica, vivimos actualmente una época de gran prueba y crisis para nuestra fe y vida cristiana. Esto se manifiesta en diversos signos, tanto en el ámbito interno, como en el externo. En el primero, podemos mencionar, entre otros, la gran apatía que existe en tantos bautizados, que permanecen al margen de una auténtica vida cristiana, unos totalmente y otros cumpliendo con ciertos preceptos. Por otro lado, es mínimo el número de ellos que siendo conscientes de que son parte activa, “piedras vivas” de la Iglesia, así como de su vocación y misión, trabajan activa y entusiastamente, colaborando con la tarea evangelizadora de la misma. Esta misma apatía, la falta de un encuentro con Jesucristo vivo, unidas a una deficiente formación que deriva en el desconocimiento de la Sagrada Escritura, del plan de salvación de Dios, de la doctrina de la Iglesia y del origen, ser y quehacer de la misma, así como a una seria deficiencia en lo que se refiere a la experiencia comunitaria y a la vivencia solidaria de la fe, está suscitando que muchos volteen sus ojos y decidan traicionar y abandonar su Iglesia e ingresar a otras iglesias; o lo que es peor, a una de las múltiples sectas que se han instalado en nuestro medio, sin antes hacer el más mínimo esfuerzo por conocer la gran riqueza que existe en la Iglesia en la que nacieron y fueron bautizados, y por medio de la cual, por años, recibieron tantas gracias y bendiciones de parte de Dios. En el ámbito externo, el fuego de esta prueba y su consecuente crisis, se ve atizado por el creciente número de ataques, ya casi todos de manera descarada, a los valores sagrados de nuestra fe y nuestra Iglesia. Ningún medio de comunicación --aunque ciertamente algunos no son conscientes de la realidad y la gravedad de esto-- es ajeno a ésta, que parece una campaña manipulada “por debajo del agua” por los tradicionales enemigos del catolicismo, y también por algunos nuevos, para desprestigiar y desacreditar a la Iglesia como institución divina y humana, con una tradición milenaria. Usan para ello las estratagemas de la generalización, la magnificación, la ridiculización --obviamente la calumnia y los infundios, etc.-- las cuales persiguen ante todo minar, socavar desde dentro, la fortaleza, la solidez, la unidad de la fe y vida de los católicos. Finalmente, algo que no es muy difundido y por tanto conocido por la opinión pública: se han multiplicado los ataques directos en forma física a los símbolos sagrados, e incluso a las personas. Robos sacrílegos de hostias consagradas, imágenes, cepos; amenazas, ofensas verbales, violencia física en contra de sacerdotes, etc. En esta reflexión, ciertamente, no se trata de buscar culpables, ni siquiera de dilucidar quiénes son responsables, ni mucho menos juzgar a nadie. Lo importante es darnos cuenta de qué es lo que nos pide Dios, nuestro Padre y Señor, a todos los que formamos su Iglesia, ante esta situación, ante esta prueba y crisis. Pero, ¡atención!, a todos, sin excepción, los que un día por el Bautismo fuimos incorporados al Cuerpo Místico de Cristo que es su Iglesia, y, por este sacramento adquirimos un compromiso con Él de ser con Cristo, profetas, sacerdotes y reyes: Lo fundamental es escucharlo, adherirse a Él y obedecerlo; Él nos está llamando a todos, de una manera particular a los laicos, a trabajar en su Viña, es decir en su Reino, en su Iglesia. Este llamado es el que escuchamos en el Evangelio de la Eucaristía de este domingo, cuando el dueño de la viña nos dice: “Vayan también ustedes a mi viña”. Mientras no respondamos todos a este llamado, las crisis seguirán y se agravarán, y lejos de vivir aquí, en este mundo, de manera plena y feliz, muchos seguirán en sus angustias, sus esclavitudes, su infelicidad; la violencia, delincuencia, asesinatos, abortos, narcotráfico, etc., se multiplicarán y la paz social seguirá deteriorándose. No sigamos echando a perder el plan de Dios y desaprovechando el sacrificio de Cristo, que nos trajo la paz y la felicidad verdaderas. ¡Vayamos a la viña, trabajemos con ahínco, que el Dueño sabrá darnos ya, desde esta vida, el pago justo a nuestro esfuerzo, dedicación y sacrificio! Francisco Javier Cruz Luna cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx Temas Religión Fe. Lee También Aumenta número de católicos en el mundo, pero bajan las vocaciones En misa de bienvenida de "La Generala", cardenal pide por una reforma judicial justa "La Virgen me salvó del cáncer de mama", agradecen la vida, salud y bienestar en la Romería 2025 Veinticinco años Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones