Suplementos | Por: Aimeé Muñiz ¡A ver… un solito! Entre las piernas Por: EL INFORMADOR 26 de septiembre de 2009 - 03:19 hs Si hay algo que demuestra la capacidad y talento de los actores y bailarines, es el monólogo o unipersonal, porque en los trabajos escénicos que se cuenta con la participación de más intérpretes, importa poco si uno de los participantes es malo, pues el resto se encargará de evitar que la obra se vaya al caño. En los montajes en solitario, obviamente una sola persona se debe de hacer cargo de atrapar por completo la atención del espectador, ya sea a través de la voz o el movimiento del cuerpo o ambos. Por eso es que a mí me gusta más este tipo de trabajos, pues es a través de ellos que se puede constatar la capacidad de los intérpretes; además, creo que las obras de este tipo suelen ser de una mayor intensidad (quizá no sea así, pero me da esa impresión). Además, al tratarse de trabajos que cuentan con la participación de una sola persona, es mucho más sencillo que las obras puedan ser montadas en diversas épocas, es decir, que se conviertan en montajes de repertorio, pues no habrá complicaciones para reunir al reparto (ja, ja, ja). Este es el caso de Diario de un loco, pues en escena de Nicolás Gógol que cuenta con la actuación de Héctor Monteón, quien ha logrado alcanzar 480 funciones con esta obra y que concluye temporada este domingo, a las 18:00 horas, en el Exconvento del Carmen. Esta misma obra fue montada en varias ocasiones por Mario Rosillo, fallecido en febrero de 2008, como un clásico. Cada uno en su estilo dio y ha dado vida en el escenario a Aksenti Ivanovich, un personaje capaz de envolver al público en su propia locura. Otro unipersonal que vale la pena recomendar, es Divino Pastor Góngora, obra de Jaime Chabaud en la que actúa Héctor Caro (justo de ella hablé hace un par de semanas, señalándola como una de las puestas en escena que se han quedado en mi memoria), quien anda de paseo por tierras tapatías y dará un par de funciones este lunes y martes, a las 20:30 horas, en la Capilla Elías Nandino del Exconvento del Carmen. La obra presenta a un actor del siglo XVIII que se sumerge en su propia historia tras haberse librado de la Inquisición en un ir y venir en el tiempo. En verdad es un trabajo que vale la pena ver; creo que la última vez que se presentó fue hace seis años y hay que ver cómo ha crecido a través del tiempo. En danza obviamente también hay trabajos de este tipo, aunque de momento la oportunidad de encontrarse con esta disciplina -ya sea en trabajos en colectivo solitario- está en el marco del Festival Onésimo González. lexeemia@gmail.com Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones