GUADALAJARA, JALISCO (20/AGO/2017).- Omar Robles y José Permar no imaginaron que su cortometraje “Aurelia y Pedro”, surgido de un proyecto universitario tendría el alcance para estar nominado a Mejor Documental Extranjero para el Oscar Estudiantil 2017. El documental ha participado en múltiples festivales, fue seleccionado para el Festival de Cine de Berlín (Berlinale), uno de los más importantes a nivel internacional, a partir de ahí, viajó por todo el mundo, desde los festivales nacionales, hasta China y Australia, pasando por Colombia, Brasil y varios países europeos.En entrevista con Omar Robles, comparte que “como cineasta uno cree que esos espacios son para gente con trayectoria o palanca, y nosotros éramos ‘don nadie’ aplicando a un festival enorme (Berlinale). Nos dieron la mención especial del jurado internacional, a partir de esto nos abrieron muchas ventanas para la difusión”.Recientemente fueron galardonados con el Ariel, por lo que los jóvenes directores creían que era el cierre para el exitoso cortometraje, sin embargo “Llega esta nominación de la Academia, es una puerta a otras cosas, si lo ganamos, automáticamente nos nominan al Oscar”.Si bien “Aurelia y Pedro” se ha presentado más de una vez en Guadalajara, pues los directores fueron estudiantes de Artes Audiovisuales en el Departamento de Artes y Sonidos de la Universidad de Guadalajara (UdeG); sin embargo, todavía no está a disposición de todos, pues para estar nominados en la Academia, no deben estar libres en plataformas. Aunque esperan ponerlos en Internet para lograr mayor alcance en un futuro, pues Robles comenta que el ciclo de un filme no finaliza hasta cuando es visto.El cortometraje“Aurelia y Pedro” narra la vida cotidiana de las personas que lleva por nombre. Ellos son una familia, madre e hijo, que viven aislados en una barranca. Permar y Robles encontraron esta historia gracias a Territorio Interior, proyecto universitario donde los estudiantes viajan a alguna localidad de Jalisco para filmar su primer documental. Actualmente, Robles labora aquí.Ambos directores participaron en la primera edición, por lo que viajaron a San Miguel Huaixtita durante dos semanas, ahí encontraron la historia ideal para contar a través del lente: “Caminando por la barranca vimos la casita a la orilla de ésta. José y yo, por separado, nos llamó la atención, pensamos que visualmente era una metáfora. Aurelia y Pedro viven muy aislados. Comenzamos a acercarnos a su casita. Nos llamó la atención el hecho de que los temas de la locación eran temas ajenos para ambos. Si bien eran interesantes y dignos de ser documental, estaban relacionados con la cultura wixárika. Sentíamos que éramos lejanos a esto. Con Aurelia y Pedro tuvimos un nivel de conexión que no dependía de las palabras, nos identificábamos con ellos en el sentido de la relación humana que tienen entre ellos, es como la que nosotros tenemos con nuestras madres, hermanos… Fue descubrir esta empatía”.Volvieron semanas después para comenzar la grabación, seguros de qué querían relatar y cómo: “Quisimos contar lo fuerte de su relación, de madre e hijo, de dos personas que están aislados del resto del mundo, pero que se tienen el uno al otro. Este es el centro de nuestro tema. También sabíamos que queríamos un cortometraje, de 15 minutos, porque es un formato potente. Algo corto suele tener más punch”.Pese a la seguridad de su objetivo, las complejidades aparecieron, empezando por la barrera del idioma junto con la cultural. Robles recuerda que no podían siquiera definir horarios para la grabación, por el manejo de tiempo diferente, “ellos señalaban al Sol”.Además, también surgieron los roces comunes en las personas que conviven por mucho tiempo en un mismo lugar. Pedro siempre se mostraba entusiasta, por lo que Aurelia llegaba a molestarse de la distracción que los directores significaban para sus labores diarias; sin embargo, la relación entre ellos logró una conexión especial, hecho que aporta cualidad al cortometraje: “Siempre les daba gusto que estuviéramos ahí. Nuestra manera de relacionarnos, de José y mía con ellos, no tenía que ver con las palabras, sino con la observación. Encontramos otras herramientas para comunicarnos, señas y observación con empatía. Quisimos mostrarnos fieles a la manera en la que nos relacionamos con ellos, por lo que el corto se plantea desde un inicio como uno que observa. Nunca pensamos en usar herramientas del documental clásico como entrevistas o voz en off, creíamos que esto sería hasta incongruente. La narrativa del corto destaca la narración de su vida, sin poner la voz del autor encima de ellos, sino la vida de ellos en primer plano y el discurso de autor mucho más sutil”.Una mirada diferenteEl cortometraje dura 15 minutos, y la temática principal es la vida de Aurelia y Pedro y su relación especial, consecuente con su situación de aislamiento. El aislamiento que refleja la realidad, en este caso de estas dos personas, es un factor fuerte, pues se puede convertir en crítica paradójica ante el panorama globalizante actual.“Pedro tenía un radio en el que sonaban noticias. Una vez, en medio de la tormenta sintonizan la subida del precio del petróleo, y qué importa eso cuando vives en una casita en una barranca, en medio de una tormenta donde nos sentíamos vulnerables. Es una línea de un poco crítica”.Sin embargo, los directores no pretenden ostentar miseria para despertar lástima en los espectadores; al contrario, exaltan la belleza que encontraron en una forma de vida diferente a la de ellos y a la de miles de personas que viven en urbes.“Queríamos resaltar los valores, y lo bonito que es su vida. Las carencias se establecen según quien juzga, nosotros tenemos carencias a sus ojos, como no respirar aire limpio, tener que estar en este tren de la vida moderna en el que no te puedes tomar un espacio para ver el atardecer. Yo disfruto de la ciudad, y no podría vivir donde ellos, pero en ese momento, te das cuenta de lo que ellos tienen y uno acá no”.