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Domingo, 15 de Diciembre 2019
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Sí se puede

Por: EL INFORMADOR

México lleva años esperando las reformas necesarias para, finalmente, impulsar al país al desarrollo que tanto necesita y no puede esperar más.

El Presidente Felipe Calderón, en su camino a Singapur, atribuyó parte de la culpa a los empresarios por no apoyar su paquete fiscal, pero en lo que todos han coincidido es en estar en la absoluta disposición para llegar a una profunda reforma fiscal justa y necesaria.

No estamos condenados al subdesarrollo. El país tiene todos los recursos naturales, geográficos y humanos para ser una de las principales potencias del mundo. Pero el tránsito hacia una vida democrática y la paulatina consolidación de nuevas reglas de acceso al poder modificaron las coordenadas de la política, la convivencia social y la actividad productiva, y es precisamente ahí donde hoy estamos detenidos.

Debemos crecer como nación y en eso es fundamental superar las diferencias y luchar por los acuerdos. El hecho de haber llegado a condiciones límite en distintas áreas reclama la adopción urgente de medidas de gran calado, no meros paliativos ni salidas coyunturales.

Para delinear un proyecto de país es imperativo convocar a una reflexión efectivamente nacional y garantizar la participación de las principales instituciones generadoras de cultura y conocimiento para identificar las fortalezas reales o potenciales de México en un escenario de economías globales. Esta es una condición ineludible para delinear la ruta que nos permita avanzar, en el menor tiempo posible, hacia metas definidas con claridad y realismo.

Los ejemplos de naciones como Corea, Irlanda, India o China, que en dos décadas dieron un salto que les permitió la reconversión de sus economías y los convirtió en sólidos exportadores, confirman que es posible impulsar cambios profundos, incluso culturales, en breves lapsos.

En distintos momentos de nuestra historia, una élite ilustrada, lúcida, planteó proyectos “nacionales”. Juárez y su generación avanzaron, a pesar de tropiezos y equivocaciones, en la modernización del país. El constituyente de 1917 se propuso superar problemas estructurales: pobreza, concentración del ingreso, injusticia. Los primeros gobiernos de la posrevolución sentaron las bases institucionales y jurídicas para el despegue y el ejercicio pleno de la soberanía.

Hoy no tiene por qué ser diferente. Construir este arreglo social exige que dejemos la minoría de edad y asumamos nuestras responsabilidades.

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