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Lunes, 10 de Diciembre 2018

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Flexibilizar

Por: EL INFORMADOR

Se viven en el ámbito legislativo federal, y más ampliamente en el espectro político nacional, días de alta tensión. La confrontación que cruzó a lo largo de prácticamente toda la campaña presidencial para la elección del 2 de julio de 2006, y que se prolongó en el litigio poselectoral, ha retomado un cauce similar, ahora a propósito de la discusión en torno a la reforma energética.

Una vez más se han formado dos bandos que abanderan posiciones que parecen irreconciliables. Una vez más, hay un partido que juega como "bisagra" para ser factor determinante en el rumbo que tomarán los acontecimientos, con el consiguiente valor estratégico de las ganancias que pueda cosechar.

La semana pasada, los integrantes del Frente Amplio Progresista (FAP) determinaron atender la instrucción de su líder "legítimo" y arrancar lo que llaman acciones de !resistencia civil pacífica". La más estruendosa fue la toma de las tribunas de la Cámara de Diputados y el Senado de la República; un conjunto de partidos con representación legislativa, que ya aglutinados son minoría ante el resto de las fuerzas partidistas, decidió "clausurar" el trabajo parlamentario, bajo la argumentación (carente de toda lógica, por lo demás) de que sus demandas no se debaten, sino sólo se acatan.

A partir de esa toma de tribuna, han arreciado los ataques y contraataques. Primero, la exigencia radicaba en que no se discutiera siquiera ninguna iniciativa relativa al ámbito energético; luego, que antes de discutirla en las cámaras legislativas, se abriera un debate extraparlamentario; después, que por ningún motivo se agendara su discusión y eventual aprobación en el actual periodo ordinario de sesiones, que concluye el último día de este mes; y cuando se abrió el margen para un debate amplio, con una duración de 50 días, la posición del FAP se radicalizó: 120 días de debate, o nada.

Debe quedar claro que, con el pretexto de que la reforma energética pone en jaque la propiedad de la nación sobre los recursos petroleros, o de que Petróleos Mexicanos (Pemex) será "privatizado", se está entorpeciendo el curso de la agenda parlamentaria. La reforma energética no es, ni con mucho, el único tema sobre el que deben trabajar diputados y senadores; hay pendientes de gran relevancia, como las adecuaciones a las leyes secundarias para completar la reforma electoral, y muchas iniciativas más que esperan turno para ser presentadas, debatidas y votadas en ambas cámaras.

En el marco de una política de debate, de un parlamento que siempre tiene el riesgo de quedar entrampado en las polarizaciones, hoy el nombre del juego para todas las fuerzas partidistas y para los actores políticos se llama flexibilidad. Ya basta de que los grupos parlamentarios que no logran construir mayorías se atrincheren para bloquear la razón de ser del Poder Legislativo, que es deliberar, discutir, hacer leyes y votarlas.

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