Sábado, 25 de Enero 2020
México | Temas para reflexionar por Flavio Romero de Velasco

Temas para reflexionar

El “generalísimo” Rafael Leónidas Trujillo, dictador inmisericorde apoyado por los Estados Unidos, ordenó el exterminio de esos negros

Por: EL INFORMADOR

Trigo sin paja

Haití y la República Dominicana son dos países separados por un río que se llama Masacre, galicismo que significa aniquilación, matanza, exterminio. Ya se llamaba así en  1937, pero el nombre resultó una profecía: a la orilla cayeron, asesinados a machete, miles de obreros haitianos que trabajaban del lado dominicano en el corte de caña de azúcar. El “generalísimo” Rafael Leónidas Trujillo, dictador inmisericorde apoyado por los Estados Unidos, ordenó el exterminio de esos negros, para blanquear a la raza y exorcizar su propia sangre impura.

Los diarios dominicanos no se enteraron de tal noticia, y los diarios haitianos tampoco. Al cabo de tres semanas de silencio algo se publicó, unas cuantas líneas, y Trujillo dijo que no había que exagerar, que los muertos no eran más de 18 mil, y tras mucho discutir acabó pagando 29 dólares por muerto... Un principio inmanente de justicia, años después, cobró al dictador todas las facturas pendientes por sus tropelías, abusos, asesinatos y violaciones. Mario Vargas Llosa, en su libro “La fiesta del chivo”, narra pormenorizadamente sus increíbles abusos y desafueros. Haití, pueblo mártir víctima de sus esfuerzos, reclama hoy, en su desgracia, solidaridad efectiva de todos los países. Algo más que discursos. Algo más que desplantes fraternos de concordia propios para la publicidad.

Los hombres han inventado muchos dioses, y han inventado también muchos demonios. También han inventado muchas maneras de embriagarse. De casi todas las cosas los hombres han hecho líquidos para emborracharse. La peor ebriedad, sin embargo, la más nociva y peligrosa, es la ebriedad de un dios. Quien sufre esta embriaguez. se siente por encima de los hombres y cree que Dios habla por él. Cuidado con los borrachos de lo sagrado. Son capaces de profanarlo todo.

El periodismo no es un cuarto poder como comúnmente se dice. El poder pertenece a los que deciden.

Políticos y periodistas se buscan unos a otros, se rechazan, vuelven a encontrarse para tornar a discrepar. Son especies que se repelen y necesitan para vivir. Entre ellos es imposible el matrimonio, pero es inevitable el amasiato.

La adicción al escándalo de un gran sector del periodismo, paulatinamente los irá convirtiendo en rehenes de las zonas más oscuras de la sociedad.

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