Viernes, 24 de Octubre 2025
Jalisco | Crónica de una familia que ha vivido envuelta por el sonido inarticulado y desagradable

Ruido en Santa Eduviges

Crónica de una familia que ha vivido envuelta por el sonido inarticulado y desagradable del ruido

Por: EL INFORMADOR

En las fábricas se escucha cómo el ruido de una sierra, de un martillo o de una compresora se revuelca y rebota en las paredes.  /

En las fábricas se escucha cómo el ruido de una sierra, de un martillo o de una compresora se revuelca y rebota en las paredes. /

GUADALAJARA, JALISCO (07/JUN/2013).- Margarita González, vecina de la Colonia Santa Eduviges, en Guadalajara, vio crecer a sus hijos y a sus nietos envueltos por el sonido inarticulado y desagradable del ruido, chirrido camaleónico que se atornilló desde hace algunos años en las cercanías de su casa, en la que ha vivido por más de 50 años.
 
Por eso cuando un advenedizo le pregunta sobre algo tan presente en su vida, Margarita le da a entender que en la colonia el ruido es inherente, indisoluble, inexpugnable.
 
Margarita evita dar su nombre verdadero porque además de ruidosa,  la colonia también es peligrosa y prefiere ahorrarse problemas. A las tres de la tarde, detrás del cancel de la cochera, Margarita se asomó a la calle Península a ver de dónde provenía el ruido que le arrebató la calma. Un ruido ajeno a la fragorosa impertinencia de los camiones que pasan rugiendo por Avenida Cruz del Sur y de los talleres mecánicos que se desparraman en algunas esquinas. Un ruido ajeno a las herrerías, fábricas de muebles y carpinterías. Un ruido distante al "rnnnn" de las motocicletas y al "ninoo-ninoo" de las ambulancias.
 
Un ruido como de avión rozando el techo de una casa, como el grito de un mono aullador o el estallido de un barreno en temporada navideña.
 
Santa Eduviges es una de las 10 colonias más afectadas de Guadalajara por la contaminación auditiva que provoca la industria manufacturera en la ciudad. Margarita forma parte de las más de 716 mil personas afectadas por este brete en Guadalajara -casi la mitad de la población-, según dio a conocer el Instituto de Información Territorial del Estado de Jalisco.
 
Aunque no descubrió el origen de su malestar, Margarita dice que está harta de los tráileres que se cuadran frente a una bodega de cebolla. Le molesta que a un lado de ese galpón haya una fábrica de grúas en donde un sonido agudo se enrosca durante todo el día. No aguanta que detrás de la fábrica de cebollas haya un molino de chile que además de provocarle dolores de cabeza la hace toser y carraspear: "Uno se catarrea con eso, oiga".
 
Por la tarde, las calles de Santa Eduviges están desoladas. Por las banquetas, entre el ruido y la prisa, trajina uno que otro joven inhalando cemento o resistol amarillo. Los menos, chupan un cigarro de mariguana o cargan una caguama.  Algunos negocios mantienen las cortinas y los portones cerrados a pesar del calor (NO SE ESTACIONE. SE USARÁ GRÚA). Adentro  de ellos se escucha cómo el ruido de una sierra, de un martillo o de una compresora se revuelca y rebota en las paredes hasta debilitarse en la calle.
 
El ruido no se acumula en Santa Eduviges. La contaminación auditiva que genera es sofisticada, pues no se agrupa como las bolsas de basura en las esquinas, agujereadas por los gatos y los perros, ni se desdobla como las volutas de humo de una moto fugaz que se pasa el semáforo en rojo.
 
EL INFORMADOR / GONZALO JÁUREGUI

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