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Jueves, 21 de Noviembre 2019
Internacional | Somalia

Un delito que está de última moda

La piratería es el gran negocio

Por: EL INFORMADOR

DUBAI.- Los pescadores de Puntland, al norte de Somalia, solían trabajar de sol a sol y malvivían sin apenas nada que echarse a la boca. Ahora algunos duermen en palacios, conducen cochazos último modelo, mantienen a varias esposas y hablan permanentemente por móviles que serían la envidia en Manhattan. Aunque les gusta llamarse “guardacostas”, han cambiado de profesión: son piratas.

La piratería es el gran negocio --sólo compite quizá con el tráfico de armas-- en ese rincón olvidado del mundo. Somalia es un Estado fallido desde 1991, una tierra sin ley donde sólo las armas garantizan alguna posibilidad de sobrevivir.

El Gobierno prooccidental apenas controla la capital, Mogadiscio --y ya es mucho decir--, mientras que las milicias islamitas ganan terreno cada día. Dentro de este caos, la región autónoma de Puntland, tan descoyuntada como el resto, goza de una ubicación privilegiada para el negocio, cerca del Golfo de Aden.
“Los piratas tienen dinero, poder y cada día son más fuertes”, explica a la BBC Abdi Farah Juha, quien vive en la capital regional, Garowe. Y añade: “Logran las mujeres más guapas, están construyendo grandes casas, tienen coches nuevos y armas modernas”. “La piratería se ve como algo socialmente respetable. Se ha convertido en una moda y en una forma de estar a la última”.

El negocio empezó a desarrollarse en la década de 1990 y sólo fue liquidado brevemente en un semestre de 2006, cuando los islamitas radicales se hicieron con el control de la mayoría del país y levantaron algo parecido a un poder central.

Luego fueron derrocados por los soldados etíopes que invadieron el país con la connivencia de Occidente, asustada ante la posibilidad de que el nuevo régimen albergara a terroristas, y las viejas prácticas se convirtieron en una auténtica industria en el que confluyen muchos actores: antiguos pescadores, que conocen como nadie los recovecos del mar; ex señores de la guerra, que aportan el músculo tras décadas de experiencia como guerrilleros, y técnicos que dominan la tecnología imprescindibles para planificar las acciones.

Sofisticación y audacia

No se trata de ataques improvisados: detectan a sus presas con GPS, predicen su ruta y lanzan su presa. Normalmente, participan hasta tres lanchas, que suman entre 30 y 60 piratas armados hasta los dientes con fusiles Kaláshnikov, granadas y pistolas.

En los golpes más arriesgados pueden participar hasta nueve lanchas rápidas. Atrapado el botín, los delincuentes exigen rescates cada vez más astronómicos. Según estimaciones del centro británico Chatham House, en lo que va de año los piratas han cobrado en rescates 30 millones de dólares. Hace años, los piratas se conformaban con poco dinero. Ahora exigen una millonada y van subiendo el precio a medida que se atreven con acciones más espectaculares. Por el barco ucranio cargado de carros de combate empezaron exigiendo 22 millones de dólares, aunque ahora se conformarían con ocho millones.

El Puerto de Eyl se ha convertido en la guarida de los piratas, la capital del delito. De esta ciudad al noreste de Somalia salen muchos de los atacantes y allí se dirigen muy a menudo los rehenes y un séquito de agentes, intermediarios y negociantes de todo pelaje dispuestos a hacer el negocio de su vida. La industria da riadas de dinero, pero se concentran en muy pocas manos. Las condiciones de vida del resto todavía se han deteriorado más, pese a que ya partían de posiciones dramáticas.

“Ha aumentado la circulación de droga y alcohol y llegan a las ciudades centenares de hombres armados atraídos por la piratería”, explica a la BBC Mohamed Hassan. Todos los precios han subido a cifras astronómicas, pero los piratas se ven como héroes que luchan contra la pesca ilegal, la base del sustento tradicional de la zona. (El País)

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