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Lunes, 15 de Julio 2019
Internacional | Secuestran a dos colombianos más

Santos rechaza ''doble moral'' de las FARC

El mandatario muestra su disgusto en momentos en que está en marcha un operativo para rescatar a cuatro rehenes

Por: EL INFORMADOR

Preparan el helicóptero brasileño para el rescate de dos rehenes hoy. EFE  /

Preparan el helicóptero brasileño para el rescate de dos rehenes hoy. EFE /

BOGOTÁ, COLOMBIA (11/FEB/2011).- El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, rechazó lo que llamó una “doble moral” de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que  secuestró a dos trabajadores a la vez que se preparaba a liberar cinco rehenes,  y dijo que estuvo a punto de suspender los operativos de liberación.

“Estuve tentado a suspender las liberaciones de los secuestrados, porque es  totalmente inaceptable que las FARC por un lado estén liberando secuestrados como un gesto de generosidad y por otro lado secuestren a otros. Eso es totalmente inaceptable”.

Las declaraciones del mandatario se producen mientras el comité humanitario  que integran la ex senadora Piedad Córdoba y la Cruz Roja se encuentra en la ciudad de Florencia preparando la segunda fase de las liberaciones prometidas por las FARC.

La ex senadora fue requerida expresamente por las FARC para entregarle a los  secuestrados.

Los operativos cuentan con autorización del Gobierno, y para su desarrollo fueron suspendidas las acciones militares en la zona de entrega de los rehenes a partir del jueves y hasta el sábado, informó el almirante Édgar Cely, comandante de las Fuerzas Militares.

Se espera que hoy, en una zona selvática cercana a la ciudad de Florencia, la guerrilla libere al infante de marina Henry López y al  concejal Armando Acuña.
El domingo deben ser entregados el cabo del Ejército  Salín Sanmiguel y el mayor de la policía Guillermo Solórzano, en Ibagué.

El secuestro de dos colombianos por las FARC el mismo día que entregaba a un rehén hizo peligrar el proceso de liberaciones.

La captura de Freddy Cuenca y Orlando Valdez, ambos empleados de una filial de la multinacional irlandesa Smurfit Kappa, en el departamento del Cauca, fue calificada de “inaceptable” por el presidente Juan Manuel Santos.

ANÁLISIS
Sin coordenadas


Orestes E. Díaz Rodríguez

“Vamos por los que faltan”, escribió Piedad Córdoba en Twitter una vez que recuperó su libertad el primer rehén. Dejó entrever además su confianza en que todos los secuestrados serán liberados y que la paz en Colombia no tiene reversa.

Piedad tiene vocación humanitaria, pero no hay ninguna razón para suponer que se cumplirá lo que ha dicho. La dificultad no tiene que ver exclusivamente con las motivaciones de las FARC, sino con el entorno, con ¿quién es el verdadero rehén de la violencia?

La liberación del grupo de cinco rehenes no es un acto de paz. Es sólo el contragolpe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a la controvertida sanción de inhabilitación para desempeñar cargos legislativos impuestos a la ex senadora por la Procuraduría y el Congreso colombiano. El enfrentamiento, la animadversión mutua continúan. Cambió sólo el área.

¿Qué suerte correrán el resto de los secuestrados? ¿Qué pasa con las demás condiciones que exige el Gobierno? Nada. Eso es lo que indica el hecho de que mientras se preparaba el operativo de las liberaciones, a las FARC se le atribuyen nuevos secuestros. ¿Estamos ante una renovación de “inventarios”? se preguntan los colombianos. Hasta el último momento el mandatario Santos estuvo tentado de suspender las liberaciones.

En Colombia la violencia también proviene del Gobierno. El periodo uribista está salpicado por el escándalo de los casi dos mil falsos positivos, el espionaje a magistrados y líderes opositores y los nexos con los paramilitares. Mientras el presidente Juan Manuel Santos está más cerca de ser un halcón que una paloma.

No sólo porque siendo ministro de Defensa dirigió la incursión extraterritorial del Ejército colombiano, sino porque recientemente se valió del invierno para expedir 37 decretos con fuerza de ley, equivalentes a una abultada agenda sobre los temas más variados cuya aprobación habría sido imposible en seis meses. ¿No evidencia una inclinación a imponerse?

Pero la verdadera noticia es que las FARC dejaron de ser la amenaza fundamental en materia de seguridad. La violencia abrió un nuevo frente con las masacres que cometen las “bacrim” o el nuevo paramilitarismo. Asolan los departamentos, trafican con drogas y siembran el terror.

A Colombia le urge reubicar sus propias coordenadas. Dejar de ser rehén.

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