Sábado, 11 de Octubre 2025
Internacional | Atrapados en Machu Picchu

Pareja de tapatíos, los primeros en salir

En el grupo de turistas que abandonó la zona lluviosa, se encontraban cuatro de los 34 mexicanos rescatados en Perú

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO.- La noticia llegó tarde y el valle fue inundado sorpresivamente por el río, las consecuencias ya alcanzan cifras impactantes, muertes, daño económico incalculable y más de dos mil turistas afectados. “Es importante dar un contexto geográfico antes de comenzar la entrevista”, sugiere sonriente Luis Castañeda, uno de los protagonistas de esta historia.

El viaje lo planeamos con una pareja de amigos, Guillermo Kunhardt y María Laura Urrea. Salimos a Machu Picchu en tren. La salida era a las siete de la mañana, para nuestra sorpresa la máquina estaba descompuesta y esperamos alrededor de dos horas para poder abordar el tren, pero lo hicimos con toda calma.

Ya en camino a la hora u hora y media, el tren se paró porque había varios derrumbes, bajamos y en una hora de espera nos cambiaron a unos autobuses y nos llevan a otra estación de tren que estaba más adelante. Se nos había hecho tarde, llevábamos tres horas de retraso y se sumaba el tiempo a bordo del autobús, no había manera de alcanzar a entrar a Machu Picchu, que cierra a las cinco de la tarde y tuvimos que regresar a Cusco.

Al día siguiente repetimos la odisea, no se había arreglado el derrumbe pero bordeamos ese pedazo en taxi. Tomamos el tren en la estación previa al Valle Sagrado, un lugar verdaderamente precioso, lleno de sembradíos de papa, cruzamos por pueblitos indígenas, una escena muy típica de Perú.

El tren en su recorrido se va aproximando al cañón, el paso es cada vez más angosto, y al hacerse más angosto el río empieza a encajonarse, en ese momento la escena cambió, el río estaba embravecido. La vía se empezó a carcomer (en su base), era una escena peligrosa, en ciertos pasos el tren se detenía, midiendo el riesgo continuaba el camino despacio, muy despacio.

No había lluvia, ni nada que indicara que el peligro era mayor.

Pegados al río, en medio de una cañada transcurrió su camino a la zona arqueológica. El tren se detuvo en Aguas Calientes y de ahí continuaron el camino al área sagrada, una maravilla de la naturaleza.

Pensar en el regreso no era siquiera una posibilidad, estaban ahí en un lugar paradisiaco sin mudas de ropa y sin sus medicamentos, Luis “El Flaco” como le dice Margarita, su esposa, es hipertenso, Guillermo Kunhardt tiene problemas con la tiroides y debe medicarse constantemente, para ambos su vida estaba en riesgo.

Y continúa: “Aguas Calientes es un pueblo muy chiquito y está en medio del cañón, tras las condiciones de la vía las opciones de salir eran nulas.

En ese momento había desconcierto, pero nada más. El río seguía creciendo, las casas que estaban pegadas a la orilla desaparecieron, la gente tomaba sus cosas, cargaba en sus hombros y como podían las cosas de mayor valor, primero aseguraban a sus seres queridos, después la taza del baño, las tejas y lo que se podía rescatar del agua.

Margarita cuenta que hasta el segundo día se colocaron lonas a manera de techos en la plaza para cubrir a los desamparados, entre los turistas había argentinos, uruguayos, mexicanos. “No había una autoridad, nadie sabía nada, los trenes varados y nosotros con ellos. Los hoteleros atentos pero nada más, nunca brindaron ayuda especial”.

La falta de medicamentos empezaba a alarmar a los tapatíos. Se trasladaron a la estación del tren para ver si ya se sabía algo y ahí les esperaba otra sorpresa…

“Estábamos los cuatro juntos cuando llegó una de las stewards nos tomó por el brazo temblando y nos dijo: ‘señores acaba de sonar la alarma, vénganse pero rápido’, nos condujo por una ruta de escape, ya hacia el cerro, y una vez que llegamos a una especie de refugio nos dijo que había sonado la alarma y que la presa se había roto, de haber sucedido todos estaríamos muertos.

Al tercer día anunciaron que los primeros en salir serían los enfermos, yo no estaba en esa lista y “El Flaco” necesitaba sus medicamentos al igual que Guillermo, como sea ellos saldrían con bien, sentimos horrible porque nos íbamos a quedar solas.

Después eligieron a los mayores de 60 años para evacuar en los helicópteros, entonces empezó a haber un poco de orden. Fuimos el primer grupo en salir, yo era la número 12 y él el 13. Para salir tuvimos que caminar unos cinco kilómetros, llegamos a un hotel precioso en medio de la selva con muchas orquídeas, un camino lleno de esperanza.

Todavía me pregunto ¿por qué yo entre dos mil personas?, desde el momento en que subí al helicóptero empecé a ver orden pero la catástrofe fue inminente, entendimos el motivo por el que no podíamos ser rescatados, pues las nubes no permitían que los helicópteros bajaran a recoger a la gente, vimos la magnitud de la tragedia y nos sentimos contentos de salir con bien. (Entrevista: Karelia Alba)

Varados en la ciudad inca

La crítica situación de la zona de Machu Picchu comenzó en diciembre cuando las lluvias asediaron el turismo arqueológico de esta región. El agua comenzó a ocasionar deslaves en el pueblo de Aguas Calientes.

El caos llegó cuando desbordes de ríos y deslizamientos de lodo destruyeron a finales de enero diversos tramos de las vías del tren a Machu Picchu y arrasaron casas y campos de cultivo a orillas del río Vilcanota-Urubamba en la región Cuzco.

Casi cuatro mil turistas quedaron atrapados, unos tres mil 200, extranjeros, por lo que tuvieron que ser evacuados en helicópteros. En el grupo de visitantes fuera de peligro se contó a 34 mexicanos.

Desde diciembre, al menos 20 personas han muerto, entre ellas una turista argentina, cinco desaparecieron y otras 20 resultaron heridas en las regiones de Cuzco, Puno, Ayacucho y Huancavelica.

A pesar de las inundaciones, la ciudad inca no fue afectada por las lluvias. Sin embargo, el flujo turístico hacia la región se desplomó en más de 50 por ciento. (EL INFORMADOR)

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