Domingo, 26 de Octubre 2025
Internacional | Fue acusada de la muerte por abandono de su hijo de tres años

Indígena chilena en prisión recibe rebaja de pena a la mitad

Gabriela Blas fue condenada a 12 años de prisión, acusada de la muerte por abandono de su hijo de tres años; un año después, un pastor encontró el cuerpo del pequeño momificado por la aridez del desierto

Por: AFP

El Consejo Autónomo Aymara de Arica ha criticado largamente la sentencia,  por no considerar la cultura aymara. ARCHIVO  /

El Consejo Autónomo Aymara de Arica ha criticado largamente la sentencia, por no considerar la cultura aymara. ARCHIVO /

SANTIAGO, CHILE (30/MAY/2012).- Una indígena aymara en prisión desde hace  cinco años por la muerte de su hijo, fallecido tras extraviarse mientras ella  pastoreaba llamas en el altiplano chileno, recibió este miércoles la rebaja de  la mitad de su condena de 12 años, en un caso denunciado por discriminación.

La rebaja de la condena fue firmada por el presidente chileno Sebastián  Piñera, tras una petición expresa de la pastora indígena Gabriela Blas, que  cumple condena en la cárcel de Arica, a unos 2 mil km al norte de Santiago.

El caso se remonta a 2007, cuando Blas, de entonces 25 años, estaba a cargo  de un centenar de llamas y ovejas que pastoreaba en una zona aislada y  desértica del altiplano chileno, cuando un par de animales se le escaparon.  Para ir en su búsqueda, dejó a su hijo de tres años envuelto en una manta pero  cuando volvió al lugar éste ya no estaba.

Un año después, un pastor encontró el cuerpo del pequeño momificado por la  aridez del desierto, sin signos de haber sido víctima de un asesinato.  

Después de buscarlo por horas, la pastora caminó 17 km hasta el pueblo de  Alcérreca para denunciar ante la policía la desaparición del niño. De inmediato quedó detenida, acusada de abandonar a su hijo.

En una serie de interrogatorios, la indígena entregó versiones contradictorias acerca de la desaparición del pequeño. En la prensa local se  habló de ella como 'parricida' y luego de más de tres años de permanecer en  prisión preventiva, Blas fue condenada a 12 años de prisión, acusada de la muerte por abandono del menor.

Según la sentencia judicial, el niño, que vestía un gorrito, jersey azul y  sandalias, murió al enfrentar solo la dureza del clima, el desierto y el  aislamiento del lugar.   

Blas fue condenada también por obstrucción a la investigación, al considerarse inútiles y contradictorias sus versiones iniciales. Durante el juicio, se negó a declarar.

"Discriminada por ser mujer e indígena"

Según organizaciones indígenas y de derechos humanos, el caso es un emblema  de discriminación y vulneración de derechos, por no considerarse el contexto  sociocultural de una mujer indígena, pobre y con una escasa educación, y por  juzgársele bajo una visión urbana y occidental.

Gabriela Blas, denuncian distintas organizaciones, fue interrogada en  lengua española, la cual ella entiende con dificultad, y nunca pudo defenderse  en su lengua materna, el aymara. No contó tampoco con un abogado ni traductor  ni fue informada de sus derechos en la primera semana que estuvo detenida.

No se consideró asimismo la relación hombre-mujer que se da en esta  cultura, en la que las mujeres se ubican en una relación de inferioridad, lo  cual en este caso habría exacerbado la timidez y el temor de la indígena ante  los interrogatorios policiales, según explicó a la AFP la socióloga Mariela  Infante.

"En Chile desaparecen muchos niños al año y nunca se culpa a las familias,  de la misma manera que si ocurre un accidente en el hogar. A Gabriela se la  inculpó desde el primer momento por parte de Carabineros", señala Infante, de  la Corporación Humanas.      

El Consejo Autónomo Aymara de Arica ha criticado largamente la sentencia,  por no considerar la cultura aymara de Blas, en la que pastorear junto a los  hijos, y dejarlos solos o a la espera de la madre, es algo habitual. Para  ellos, se trató de una desgracia fortuita.

"Ella sufrió una grave vulneración de sus derechos humanos, y fue  discriminada por ser mujer aymara. La pena no solo es desproporcionada sino que  es injusta", señaló a la AFP Catalina Lagos, una de las abogadas de la pastora,  que ha denunciado el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Durante su encierro en una cárcel de Arica, Blas cayó en una fuerte  depresión, y otra de sus hijas fue entregada en adopción sin su consentimiento.

"Ella nunca quiso perder a su hijo", comentó Infante.  

Tras la rebaja de la pena y al haber cumplido ya la mitad de su condena, la  pastora podría optar en los próximos meses a la libertad condicional.    

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