Viernes, 10 de Octubre 2025
Internacional | Crónica del ataque en Niza

'Era una noche fría...'

'Un enorme camión blanco se desplazaba a una velocidad de vértigo pasando sobre las personas'

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO (15/JUL/2016).- Era una noche fría. El ambiente era agradable. Los fuegos artificiales impactantes. Los niños arrojaban piedras al agua… en otras palabras, era una noche tranquila. El Paseo (de los Ingleses) estaba lleno de gente. Como todos los 14 de julio. Elegí para pasar la noche la parte alta de la playa, justo donde el Paseo se hace peatonal. Hacia el final del espectáculo, todos nos levantamos al mismo tiempo. Nos dirigimos a las escaleras, apretados como sardinas en una lata. Zigzagueé entre la multitud hasta llegar a mi moto, que había estacionado cerca.

A lo lejos un ruido. Gritos. Mi primer pensamiento: un bromista que quiso traer sus propios fuegos artificiales y perdió el control... Pero no. Una fracción de segundo más tarde, un enorme camión blanco se desplazaba a una velocidad de vértigo pasando sobre las personas. Girando las llantas para embestir al mayor número de personas. Este camión de la muerte pasó a pocos metros de mí y no me di cuenta. Vi cuerpos volando como pinos en su camino. Escuché ruidos, gritos que jamás olvidaré.

Estaba paralizado. No me moví. A mi alrededor había pánico. Seguí ese coche fúnebre con la mirada. La gente corría, gritando, llorando… Entonces me di cuenta. En dirección al Cocodrile, era el lugar al que todo el mundo corría a refugiarse. Estuve sólo unos minutos, pero me pareció una eternidad. “Ponte a salvo”. “No te quedes ahí”. “¿Dónde está mi hijo? ¿Dónde está mi hijo?”. Fueron las palabras que escuché a mi alrededor.

Yo realmente quería saber qué había sucedido. Entonces salí. El Paseo estaba desierto. No había ruido. Ni sirenas. Ni coches. Entonces crucé la calle hasta llegar al lugar por donde había pasado el camión. Me encontré con Raymond, de unos 50 años, quien en las lágrimas me dijo: “Hay muertos por todas partes”. Tenía razón. Justo detrás de él, había cadáveres cada cinco metros. Los miembros… la sangre. Los gemidos. Los bañistas fueron los primeros en llegar a la escena. Trajeron agua para los heridos y toallas para lo que ya no tenían esperanza. En ese momento, yo carecía de valor. Quería ayudar, ser útil... en definitiva, hacer algo. Pero no lo conseguí. Me quedé paralizado. Una segunda oleada de pánico me hizo volver a Cocodile. “¡Vuelve! ¡Ayuda!”. El camión asesino se detuvo unos metros más adelante, lleno de balas. No escuché los disparos, sólo los gritos. Los llantos.

Seguí. Tomé mi moto para irme lejos de ese infierno. Recorrí el Paseo y tomé conciencia de la magnitud de la tragedia. Los cuerpos y los heridos llenaban la acera. Las primeras ambulancias comenzaron a llegar... Esa noche, era el horror.

• Damien Allemand es periodista, responsable del servicio digital de " Nice Matin". Su crónica ha sido traducida ya a varios idiomas, y publicada en distintos medios y redes sociales.

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