Internacional | Rechaza abandonar el país Asma al Assad, la carismática esposa del régimen La primera dama siria actúa contra la percepción que había de ella en Occidente, al respaldar al presidente en todo momento Por: EL INFORMADOR 20 de febrero de 2012 - 02:01 hs La primera dama no deja de causar sorpresa al mantenerse fiel a Bashar al Assad, incluso en los momentos de represión. / CIUDAD DE MÉXICO (20/FEB/2012).- Asma al Akhras “no es la típica esposa de un dictador árabe”. Así es como el diario The Times la describió poco después de que la joven licenciada en informática se convirtiera en la esposa del presidente de Siria, Bashar al Assad, en el año 2000. Al Assad tampoco es el típico dictador árabe. Oftalmólogo, tuvo que abandonar su trabajo en Londres sin desearlo después de la muerte de su hermano mayor, quien estaba destinado a ser el sucesor de su padre Hafez al Assad, al frente del Gobierno sirio. El perfil y la educación de Emma, como la llaman sus amigos, hicieron pensar a muchos analistas que sería punta de lanza para la apertura en Siria. Sin embargo, 12 años después de su boda, ni la educación, ni la experiencia, ni el hecho de ser originaria de Homs —la ciudad más castigada por la represión del régimen—, han hecho que Asma se salga de su papel de típica esposa de un dictador. Durante 2011, mientras la represión se recrudecía en Siria, la primera dama, de 36 años, se mantuvo en silencio y tuvo pocas apariciones en público. Los medios locales destacaban sus visitas a orfanatos y escuelas en Damasco, así como los trabajos de su fundación Massar. En Occidente, los medios aseguraban que hacía tiempo había huido aprovechando su condición de ciudadana inglesa. Casi un año después del inicio de las protestas, Asma habló por primera vez sobre la crisis que vive su país. No ha escapado a Reino Unido, Rusia o Arabia Saudí. Desde Damasco, envió una carta al diario The Times, en donde respalda a su marido quien, dice, “es el presidente de Siria, no de una facción de los sirios”. Las palabras de Asma no eran lo que esperaban los medios británicos ni la oposición siria, que criticaron su “hipocresía” por no condenar la represión que ejerce su esposo. La imagen de Asma al Assad como defensora de la democracia y los derechos humanos es una creación de los propios medios occidentales y de ella misma. Educada en occidente, Asma posee un currículum interesante. Nació y creció en el suburbio londinense de Acton. Se graduó en el Kings College con la licenciatura en informática y un diploma en literatura francesa. Es políglota, domina el árabe, el inglés, el francés y el español. Viajó por todo Medio Oriente y Europa después de graduarse y entró a trabajar en el Deutsche Bank. De ahí, dio el salto a las oficinas en Nueva York y París del banco de inversión JP Morgan, antes de abandonar todo para casarse con el joven Bashar al Assad, a quien conocía desde niña. La boda no fue fácil. A los deseos de la joven de mantener oculto el compromiso durante un tiempo se sumó el descontento de la madre y los hermanos del hoy presidente, para quienes aceptar a una mujer de ascendencia sunita violaba sus creencias alawitas. Falsas expectativas Con estos antecedentes, varios analistas occidentales señalaron que la boda auguraba una nueva era para Siria. Asma al Assad se encargó de alimentar las expectativas, cuando inclusive invitó a Barack Obama a visitar Damasco. “Puedo imaginarme recibiéndolo en Damasco, saludando a la gente, mostrándole cómo vivimos, quién somos y qué es Siria”, dijo en una ocasión. Su perfil y su carisma le abrieron las puertas de las revistas de moda. ELLE la nombró la mujer mejor vestida en el mundo de la política en 2008, junto a Michelle Obama y la socialista francesa Segolene Royal. Como primera dama fundó la ONG Massar, que se encarga de promover la participación política de la juventud siria. “Está convencida de que el aprendizaje es producto de una sociedad abierta y diversificada”, se lee en el perfil de Asma en el sitio de la embajada de Siria en Washington. Con las primeras protestas estallando en varias ciudades, la revista Vogue publicó en marzo de 2011 un reportaje titulado “Asma al Assad: una rosa en el desierto”, acompañado de fotografías de ella posando con Damasco al fondo y jugando en la sala de su casa con dos de sus hijos y Bashar, sentados en el piso. La publicación de moda resaltó su encanto. “Asma al Assad es glamorosa, joven y muy chic, la más refrescante y magnética de todas las primeras damas”, se lee en el primer párrafo del reportaje. Las críticas que provocó el texto fueron desestimadas por Vogue, que negó haber buscado respaldar al Gobierno sirio. Pero el material fue desaparecido de la página de la revista y hoy es casi imposible hallarlo en Internet. En uno de los párrafos, la esposa del presidente asegura a la revista que en su casa priva un sistema democrático. “Todos votamos sobre lo que queremos”, dijo la primera dama de un país donde los partidos políticos no oficiales están prohibidos. Asma al Assad ha asegurado que respalda a su esposo más allá de las declaraciones. Así lo demostró hace unas semanas, cuando apareció junto a sus hijos Hafez, Zein y Karim en un mitin a favor del mandatario. Mientras el régimen sirio se aferre al poder y evite la condena de la ONU, Asma y Bashar no piensan salir de Damasco. Pero si el escenario se complica, la familia del presidente, y quizá él mismo, tal vez busquen alternativas. Asma es ciudadana inglesa, igual que sus hijos y, por afinidad, su esposo. En algún momento ella podría jugar un importante papel no sólo como la típica esposa de un dictador, también su carta de salvación. JORNADA DEJA AL MENOS 20 MUERTOSImprobable, que Estados Unidos intervenga en Siria: Martin DempseyWASHINGTON, ESTADOS UNIDOS.- El jefe del Estado mayor conjunto de las Fuerzas Armadas estadounidenses, el general Martin Dempsey, dijo que una intervención en Siria sería “muy difícil” y que sería prematuro armar al movimiento de oposición, durante una entrevista en la cadena CNN. “Intervenir en Siria sería muy difícil... Y pienso que el camino tomado actualmente, consistente en tratar de lograr un consenso internacional, es el correcto, en lugar de tomar la decisión de hacer algo unilateralmente”. También estimó que es “prematuro tomar la decisión de armar a la oposición en Siria, porque desafío a cualquiera a identificar quien es el movimiento de oposición en Siria en este momento”. El funcionario afirmó que hay indicios de que Al Qaeda está implicado e interesado en apoyar en la oposición. “Quiero decir que hay varios actores y cada uno trata de reforzar su propia posición”. La cadena NBC dijo el sábado que un “buen número” de drones militares y de servicios de inteligencia operaban sobre Siria para seguir los ataques de militares contra la oposición y los civiles. Las fuerzas sirias fueron desplegadas ayer en Damasco para contrarrestar cualquier contestación tras la llamada a la desobediencia civil lanzada a los habitantes de Damasco, escenario el viernes y el sábado de las mayores manifestaciones en la capital desde el inicio de la revuelta hace 11 meses. Violencia que no cesa Al menos 20 personas murieron ayer, entre ellas dos mujeres, en una nueva jornada de violencia en diferentes provincias sirias, principalmente en Idleb (Norte) y Homs (Centro), según dijeron los grupos opositores y fuentes oficiales. Los Comités de Coordinación Local (CCL), que realizan un seguimiento puntual de las víctimas en el conflicto sirio a través de una red de informadores sobre el terreno, han indicado que nueve personas perdieron la vida en Homs, donde se han intensificado de nuevo los bombardeos del Ejército que comenzaron hace dos semanas. Los CCL agregaron que las fuerzas leales al régimen de Bashar al Assad lanzan más de cuatro proyectiles por minuto sobre esta castigada ciudad. Los opositores denunciaron también que se han visto convoyes militares en la carretera entre Damasco y Homs, vigilada por helicópteros, en una caravana con 25 autobuses llenos de efectivos de las fuerzas de seguridad y de militares, seguidos por tanques y carros blindados. Asimismo, el Ejército también ha instalado puestos de control en torno a barrios de la periferia de Damasco que hasta el momento habían permanecido al margen, como Sahnaya, Jdaidet Artuz o Qetana, y se prohíbe a los vehículos de esos lugares acceder a la capital, según los CCL. ANÁLISIS Los fallidos intentos de unión árabe Lluís Bassets, (periodista del diario El País) Pocas regiones del planeta han soñado tan intensamente en la posibilidad de trascender los límites nacionales para fundirse en una unidad mayor y más auténtica. A diferencia del sueño de la unidad europea, respuesta a un continente dividido por la guerra, el proyecto panárabe surgió como reacción nacionalista a la dominación colonial y a sus fronteras arbitrarias. Llegó a concretarse en la efímera República Árabe Unida, que unió a Egipto con Siria desde 1958 hasta 1961 bajo la batuta de Nasser, y se reprodujo en otros intentos también fracasados, protagonizados casi todos por un coronel Gadhafi ansioso por emularle. A las ensoñaciones más sublimes les corresponden las realidades más toscas: pocas zonas del planeta se hallan menos integradas económicamente y más cuarteadas en lo político. No hace falta situar el foco sobre la disputa territorial entre israelíes y palestinos, entre el Mediterráneo y el Jordán, para tropezar con divisiones, controles, muros y bloqueos. En el Magreb, Marruecos y Argelia viven de espaldas y con la frontera cerrada, agarrotados por el conflicto del Sáhara Occidental. Sin embargo, la capacidad de contagio de las revueltas ha venido a recordar, por si alguien lo había olvidado, las afinidades y sentimientos compartidos por los ciudadanos de la entera geografía árabe. Hay una especie de nuevo panarabismo, implícito y ajeno a los proyectos derrotados, alentado por las cadenas de televisión por satélite, con Al Yazira a la cabeza, que no se traduce de momento en la reconstrucción de los viejos ensueños de unidad. Y ha venido también a estimular la acción política internacional, después de recuperarla en la vida interior de los países en transición. A pesar de las utopías unitarias, o precisamente a causa de sus efectos perversos, esos países apenas se relacionaban entre sí y preferían vivir divididos en una relación individualizada de mutua protección mafiosa con las potencias occidentales de la que los autócratas extrajeron abundantes beneficios personales. Ahora no tienen más remedio que hablar entre ellos, cerrar pactos y acuerdos, concertar acciones diplomáticas o militares y aprender a actuar juntos, algo que nunca supieron hacer, como demuestran sus guerras contra Israel, todas perdidas. La crisis política desencadenada por las revueltas estimula la acción multilateral y reaviva instituciones y proyectos de cooperación e integración. No siempre en la buena dirección, como demuestra la intervención militar en Bahréin de los países del Consejo de Cooperación del Golfo, dirigidos por Arabia Saudí, para acallar las protestas que empezaron allí hace un año. Las monarquías petroleras, encabezadas por la saudí, actuaron en marzo del pasado año como los soviéticos en la época de la guerra fría a través del Pacto de Varsovia, marcando las líneas rojas de la soberanía limitada de los países bajo su paraguas de seguridad, que es también parte del paraguas de Estados Unidos. Una tal actuación venía exigida por las bases militares estadounidenses en la región (en el mismo Bahréin, entre otros), por la amenaza nuclear iraní y, sobre todo, por la denegación de los derechos civiles a la población, principalmente la de religión chií. Las dos mayores oportunidades para la acción coordinada las han proporcionado las crisis libia y siria. Con la primera, la Liga Árabe patrocinó la creación de una zona de prohibición de vuelos para proteger a los rebeldes de los ataques de Gadhafi, aunque luego quedó bajo la dirección europea. Con la segunda, la propia organización árabe es la que conduce la resolución de la crisis y promueve una fuerza de Naciones Unidas que frene la matanza de Al Assad contra su población. Los principales impulsores de esta última iniciativa son paradójicamente las monarquías contrarrevolucionarias petroleras, que en esta ocasión apoyan la revolución siria como parte de su guerra fría contra Irán. La tracción integradora en el oriente árabe, el Mashrek, se dirige al cambio de régimen en Siria y a contener a Irán, y de ahí que tenga en la seguridad su concepto central. En la punta occidental, el Magreb, en cambio, un multilateralismo constructivo está empezando a mover piezas a iniciativa del país vanguardista que es Túnez. Su presidente, Moncef Marzuki, acaba de apalabrar en una gira por Marruecos, Mauritania y Argelia la celebración de una cumbre de la Unión del Magreb Árabe que resucite esta organización nacida en 1988 y sin vida útil hasta ahora. Su objetivo inmediato es construir un espacio magrebí con cinco libertades: de circulación de personas, residencia, trabajo, inversión y participación electoral en los municipios. La pulsión de unidad, lejos del añejo panarabismo, se expresa así en el Mashrek trenzando acuerdos de seguridad, al estilo de la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) en la guerra fría, y en el Magreb, buscando una cooperación económica y civil como en la UE. Temas Medio Oriente Siria Lee También Llega "La Niña" y este será su impacto según las predicciones No puedo tener piedad de ellos: Hugo Alón, víctima de los ataques de Hamas Tren Maya afectó cenotes, reconoce Alicia Bárcena Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones