Sábado, 25 de Mayo 2024
Internacional | La Policía asesoró a Sofía Wilen y Ann Ardin para presentar cargos

Acusación contra Assange fue por ''accidente''

La Policía asesoró a Sofía Wilen y Ann Ardin para presentar cargos contra el fundador de WikiLeaks

Por: AFP

Julian Assange acude a presentarse a la comisaría de Suffolk, como parte de la libertad condicional. REUTERS  /

Julian Assange acude a presentarse a la comisaría de Suffolk, como parte de la libertad condicional. REUTERS /

ESTOCOLMO, SUECIA (20/DIC/2010).- Las dos mujeres suecas que acusan de violación y agresiones sexuales a Julian Assange son una feminista de 31 años conocedora de América Latina y una admiradora de 27 años decepcionada por el fundador de WikiLeaks, según fuentes coincidentes.

Después de sus acusaciones de delitos sexuales, calificadas de “montaje” en numerosas ocasiones por Julian Assange, Ann Ardin, mejor conocida como la “Señorita A” y Sofía Wilen, alias “Señorita W”, viven lejos de la atención mediática: una cortó su teléfono y la otra se mudó a Cisjordania con una misión cristiana.

Su encuentro con el australiano de 39 años se sitúa en torno a una conferencia de prensa que ofreció el fundador de WikiLeaks el pasado 14 de agosto en Estocolmo, organizada por una corriente cristiana del Partido Socialdemócrata sueco, bautizado “Fraternidad”.

Ese día la “Señorita A” —que trabaja para ese movimiento— hizo de encargada de prensa improvisada de Assange.

Como lo atestiguan los informes de audiencia de las dos mujeres por la Policía, la “Señorita A” alojó al australiano en su estudio de Estocolmo desde su llegada a Suecia, el pasado 11 de agosto.

Según la prensa sueca —que ha completado los pasajes de los detalles íntimos de los informes policiales—, Ardin y Assange mantuvieron varias relaciones sexuales, entre ellas los días 14 y 18 de agosto, que más tarde la “Señorita A” denunciaría como agresiones sexuales, agravadas por la negativa de Julian de utilizar preservativo.

Según las audiencias, Assange estuvo en ese estudio hasta el día 20 e incluso la prensa revela que el día 15 acudieron  a una cena degustación de cangrejos, en general bien acompañada de alcohol.

En su blog —que sigue activo— la sueca de 31 años se describe como “politóloga, comunicadora, emprendedora, redactora free-lance con conocimientos particulares sobre fe y política, cuestiones de paridad, feminismo y América Latina”.

Su memoria universitaria consagrada al multipartidismo cubano, su admiración expresada por el ex presidente argentino Néstor Kirchner, así como uno de sus artículos que explica en siete puntos cómo vengarse de un ex amante, suscitan numerosos rumores que la llevaron a reaccionar en Twitter.

“Agente de la CIA, feminista rabiosa/amante de los musulmanes, integrista cristiana, lesbiana y mortalmente prendada de un hombre, ¿se puede ser todo esto a la vez?”, reaccionó ante comentarios de otros usuarios.

En la conferencia del 14 de agosto, otra mujer joven se sienta en primera fila: Sofía Wilen o la “Señorita W”.

Su vida es menos conocida que la de Ann, pero es ella la que está detrás de la acusación de violación contra Julian Assange, quien habría abusado de ella sin preservativo y mientras dormía.

En su declaración, Wilen explica que vio a Assange por televisión y lo encontró “interesante, valiente y admirable”.

Cuando supo que iba a ofrecer una conferencia en Estocolmo, se tomó un día de descanso. Insistió luego para pasar la tarde con el número uno de WikiLeaks y sus amigos y terminó encontrándose a solas con él. Julian y Sofía flirtean en la oscuridad de un cine y poco después el australiano le dice que la encuentra “muy atractiva”, según la audiencia.

El 16 de agosto por la noche, Sofía invitó a Julian a su domicilio, en Enköping, a 50 kilómetros de Estocolmo. En ese momento se producen las relaciones sexuales que después denunciará.

Ambos compartieron el desayuno al día siguiente y la “Señorita W” dice a la Policía que quiso “desdramatizar lo ocurrido”.

Más adelante Sofía se puso en contacto con Ann y descubre que también ella tuvo relaciones sexuales no protegidas con Assange.

El 20 de agosto ambas acudieron a la comisaría, según su abogado Claes Borgstrom, “para pedir consejo, sin estar seguras de presentar denuncia”.

“Cuando contaron todo a la agente de Policía, ella vio que le estaban contando un delito. Se lo comunicó a la fiscal, que decidió dictar la detención de Assange”. Al día siguiente, el caso saltaba a la primera plana del diario “Expressen”.

PERFIL
Apoyo a la causa feminista
Claes Borgstrom


Nació en Estocolmo el 21 de julio de 1944. Es abogado de Ann Ardin y Sofía Wilen, las mujeres que acusan a Julian Assange de abuso sexual.
Borgstrom descarta que sus clientas hayan tenido relaciones con el fundador de WikiLeaks de común acuerdo y dice: “Son dos mujeres normales suecas, que admiraban a Assange por su trabajo”.

El abogado es un jurista reconocido por hacer carrera en la “variante (sueca) del feminismo”. Entre 2000 y 2007 Borgstrom fue un “defensor del pueblo de la igualdad (entre géneros)” y exigió el boicot del Mundial de Fútbol en Alemania porque se estimaba que en esas semanas trabajarían 50 mil mujeres en la prostitución forzosa.

Borgstrom comparte un bufete de abogados con el ex ministro de Justicia socialdemócrata Thomas Bodstrom y además aconseja a esa formación política como experto en igualdad. Claes está casado con Marit Borgstrom y tienen tres hijos de su primer matrimonio.

GUÍA
El peso del “no”


¿Qué tanto peso tiene el feminismo en Suecia?
Mucho. Suecia fue el primer país en penalizar la venta de cualquier servicio sexual en 1999, por lo que se convirtió un referente de renombre internacional. Incluso existe una organización llamada Iniciativa Feminista (IF).

¿Cuál es el motor de la Iniciativa Feminista?
Pretende oxigenar a la sociedad con el pensamiento femenino, es decir, darle a todo el paquete social un concepto femenino, desde los impuestos hasta la política de defensa y seguridad. Ahora todos los partidos políticos  se han dado a la tarea de ser más feministas que la IF.

¿Cuál es la pena para un acusado de violación en Suecia?
El Código Penal sueco prevé una condena de hasta seis años de cárcel por violación y en casos “menos flagrantes” de hasta cuatro años. En este país la negativa de una mujer para tener relaciones tiene mucho más peso que en otros.

ANÁLISIS
WikiLeaks y Estados Unidos

Emilene Martínez Morales


Se ha especulado mucho sobre los retos que enfrentará la diplomacia estadounidense tras la publicación de 250 mil cables del Departamento de Estado. Hasta ahora todo parece indicar que el servicio exterior de Estados Unidos saldrá bien librado de este incidente.

Esta filtración ha llevado al Gobierno de la Unión Americana a reflexionar sobre la efectividad de su servicio exterior. El público está sorprendido de la información a la que tiene acceso su diplomacia. Los gobiernos del mundo cuestionan la seguridad de los sistemas para transmitir información confidencial.

Los telegramas que se conocen hasta ahora indican que los diplomáticos estadounidenses están haciendo bien su trabajo. No hay duda de que están bien informados y que entre sus contactos se encuentran funcionarios del más alto nivel.

La prensa estadounidense ha alabado lo bien que escriben sus diplomáticos. Ha llamado la atención la sagacidad de los comentarios que emiten, como la comparación entre el ex presidente ruso, Vladimir Putin, y el actual presidente, Dmitry Medvedev, con Batman y Robin. Esta metáfora retrata la realidad política de Rusia, una realidad que no es secreto para nadie.

El servicio exterior de Estados Unidos es sus ojos y oídos en el mundo. Sus reportes no son diferentes a los que enviaría un diplomático mexicano a la cancillería. El contraste radica en que los intereses de la Casa Blanca son más diversos, y en la importancia que tiene para funcionarios de un determinado país el proveer al Gobierno estadounidense de información.

No encontraremos grandes escándalos o conspiraciones en estos documentos por varias razones. En primer lugar, quienes se encargan del verdadero espionaje son los agentes de Inteligencia, no los diplomáticos. Sólo ellos, en teoría, pagan a sus informantes y efectúan las operaciones clandestinas que vemos en las películas. En segundo lugar, la información más sensible se encuentra en niveles superiores de clasificación y se distribuye sólo a ciertos funcionarios. El soldado Bradley Manning, quien filtró los cables, sólo tenía acceso a lo que se conoce como información de acceso común. Es poco probable que tuviera acceso a alguna de las listas de distribución limitada donde circulan los reportes más sustantivos.

Seguramente los cables de WikiLeaks sólo confirmarán información del dominio público en voz del servicio exterior de Estados Unidos o de un alto funcionario a nivel local. Un diplomático con 35 años de carrera me comentó que muchas veces no sabe si leyó tal información en un cable clasificado o en la primera plana de “The New York Times”.

En cuanto a la preocupación sobre la seguridad de la transmisión de información clasificada, esta filtración, de cierta forma, prueba que los canales existentes son muy seguros. SIPRNet, la red por la que comparten información el Departamento de Estado y el Departamento de Defensa, puede ser accedida por tres millones de funcionarios. En ella circulan millones de documentos.

En términos numéricos, hasta ahora sólo hay un informante entre tantas personas con acceso a esta red. Bradley Manning, el presunto responsable, se encuentra detenido desde mayo. Su arresto vino después de una investigación llevada a cabo por agentes de Inteligencia. Aunque ya había entregado el material a WikiLeaks, la celeridad de su arresto impidió más filtraciones.

La información ventilada en los cables y los comentarios emitidos han resultado bochornosos para el Departamento de Estado. Pero la realidad es que no estamos dentro de la gran crisis diplomática de la que se hablaba inicialmente. Si bien es cierto que en el corto plazo habrá desconfianza en muchos países para tratar asuntos con los diplomáticos estadounidenses, hay un interés mutuo en el intercambio de información. Y como bien dijo un funcionario del servicio exterior, el soplón fue un militar y no un diplomático.

Emilene Martínez Morales / Investigadora del Archivo de Seguridad
Nacional de la Universidad George Washington, en Washington DC.

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