Viernes, 10 de Octubre 2025

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Una historia verdadera, llena de mentiras verdaderas

Por: Pedro Fernández Somellera

Pues el caso es que el la efigie del Zorro (sí, el de las películas y todo eso) está labrada en mármol en la mera entrada del Monumento (El Ángel) de la Independencia que está en el corazón de nuestra capital, como reconocimiento de haber exigido la independencia de los mexicanos de la opresión española allá por los años del 1650. De hecho es la primera efigie que se ve al entrar al recinto en donde descansan los restos de nuestros héroes que lucharon por la misma causa. Dado que todo esto está envuelto entre las brumas de la funesta y criminal “Santa” Inquisición, las polémicas de los virreinatos y las angustias que padecía la vapuleada Nueva España, incluidas esclavitud y racismo exacerbado, trataré de explicar brevemente lo que pude decantar de las historias que relatan diversos documentos sobre este misterioso personaje. William Lamport, nacido en Wexford Irlanda en 1615, es quien está esculpido en mármol y de cuerpo entero en el recinto. Sin embargo, Guillen de Lampart o Guillén Lombardo, como también se hacía nombrar, no tenía parecido con quien actualmente vemos en la TV, dado que Guillén era céltico, de cabello rubio rizado y muy apuesto, según un retrato que de él hizo nada menos que Peter Paul Rubens. Guillen, habiendo absorbido con admiración las enseñanzas de su abuelo Patrick, sacó de él tanto la destreza como espadachín, como el deseo de luchar a favor de los oprimidos (en su tierra bajo la bota de Cromwell). Habiendo hecho sus estudios con los jesuitas en donde adquirió cultura e idiomas, en una de sus travesías marítimas, cautivado por marineros de sable y pañoleta, siendo aún muy joven se dedicó al oficio de la piratería, dadas sus habilidades con la espada y las luchas cuerpo a cuerpo. Sin embargo, al no sentirse satisfecho con esta actividad, ingresó en la Armada española. en donde se convirtió por sus logros militares, en espadachín del Conde Olivares, quien al caer éste en desgracia fue mandado a México para investigar los procederes de su protegido. Durante este tiempo, se dedicó al tráfico de tabaco (Los Caballeros de la Hoja) y de vinos, y fue entonces que se dio cuenta de la infamia que padecían los nativos a manos de los hacendados españoles, por lo que surgió en él la idea de que estas tierras y esta gente debían de independizarse de la corona española. De hecho, en 1650 organizó a las fuerzas autóctonas para hacer una guerra por la independencia pues, al igual que su abuelo, no toleraba que un imperio pisoteara de esa forma a un pueblo. Se dice que estas ideas y estos movimientos, aunados a sus dotes amatorias, con la consecuente molestia de los encumbrados cornudos, provocaron que la Inquisición tomara cartas en el asunto, que desde luego eran amenazantes a la situación política española, habiendo sido prisionero y torturado (durante, se dice, más de 17 años) y condenado a la muerte en la hoguera en 1659. Sin embargo -apuntan las leyendas-, dado su valor, orgullo y hombría, al verse atado de pies y manos y con las lenguas de fuego llegándole a sus pies, se las arregló para ahorcarse él mismo con las cuerdas con que era atado, antes que morir quemado por la Inquisición. Su fama y lo noble de su causa cundió por el mundo colonial, sirviendo de inspiración a muchas revueltas subsecuentes. Casi 200 años más tarde, en 1872, el escritor Vicente Riva Palacio, mezcló esta odisea con el estilo mosquetero de Alejandro Dumás, y habiéndose documentado en los archivos del Santo Oficio, escribió una novela basada en la vida de Guillén de Lampart, quien -no sin haberlo llenado de un esoterismo reforzado- defendía los embates de la Inquisición inspirado en la Ziza, palabra hebrea que quiere decir “chispa divina” cuyo símbolo es la Z. Más tarde, en 1919, Johnston McCulley, un periodista neoyorquino también irlandés, escribió The Curse of Capistrano basado en la historia de Riva Palacio, aderezándola con la novedad de que Guillén de Lampart, pasó -vayan ustedes a saber como- a Diego de la Vega; y la Z de ziza, la convirtió en la inicial del Zorro. Años después, Douglas Fairbanks, basado en todo esto, escribió el ya tan conocido guión en donde Guillen tiene más parecido a Robin Hood que al propio Lampart. Así fue que Willam Lamport, el héroe mexicano-irlandés que se preocupó por nuestra gente y que está en la Columna de la Independencia, entre nuestros héroes, se convirtió en el taquillero Zorro de las películas de hoy en día.

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