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Jueves, 17 de Enero 2019

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Steve Case: demiurgo de la filantropía

Por: José Luis Cuellar de Dios

Steve Case: demiurgo de la filantropía

Steve Case: demiurgo de la filantropía

Steve Case nació en Hawái hace 58 años, cuando joven estudiante, ya viviendo en la parte continental de Estados Unidos, repartía tarjetas de publicidad de puerta en puerta. Una vez titulado en la Universidad de Massachussets ingresó, gracias a su talento, como Director de Marketing, primero en Procter & Gamble, luego en Pizza Hut. Con estas dos experiencias y siempre alentado por la dedicación, visión y perseverancia se convirtió en el creador de AOL, “American On Line”, una de las empresas mas poderosas del mundo en el ámbito del Internet. Recientemente, mostrando un enorme sentido de responsabilidad social abordo el tema de la filantropía bajo un revolucionario esquema: crear empresas con fines de lucro cuyas utilidades vayan al apoyo de grupos vulnerables; según afirma Case todo estriba en diseños fiscales apropiados. Para tales fines existe la “Fundación Case” dedicada eminentemente a objetivos filantrópicos en el área de la salud.

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Intenté, motivado por la infalible sentencia de que “cuando comparas aprendes”, a través de algunas ideas y una que otra reflexión trasladar el ejemplo “Case”a nuestro país, a nuestra ciudad, a nuestro entorno. Si bien nada es imposible el arribo a este tipo de esquemas parece distante, al pensar en modelos similares la pesada realidad provoca que el panorama se enturbie y se vuelva ilegible, detrás del emprendimiento de estas iniciativas existen soportes de los que a todas luces carecemos ya que se derivan de culturas aun no abordadas o si acaso inducidas tibiamente; hablamos de formaciones educativas nacidas en el hogar, continuadas en la escuela y aterrizadas en el trato cotidiano empresarial y social; proceso educativo al fin y al postre reducido a la sencillez de un cambio: INDIFERENCIA POR INCLUSION.

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Señalar no es criticar: resulta innegable que los empresarios mexicanos, grandes o pequeños, trabajan afanosamente en la búsqueda, válida por cierto, del progreso, abundancia, orden, tradición y razón, principios indiscutibles y básicos de la gestión productiva del día al día, hablamos no de aquellos en los que priva una ambición desmedida por la fama y las riquezas. En el diario devenir, el abordaje del tema filantrópico se tiene presente pero siempre con un dejo de evasión, dejo que causa incertidumbre, en el mejor de los casos, prestándose al manoseo y a la trivializacion en el peor de ellos.

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La iniciativa de Empresa Socialmente Responsable (ESR por sus siglas), amén de enfocarse, a estas alturas de su vigencia, en el tema del medio ambiente, no ha producido efectos sanadores para grupos vulnerables, confundiéndose, en algunos casos, en franco paternalismo o en filantropía deformada. Según información de CEMEFI, Centro Mexicano de Filantropía, de las 38 mil empresas registradas con algún tipo de vocación altruista —deberían ser 700 mil— solamente ocho mil trabajan consolidadas con resultados tangibles y positivos.

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Conclusión: si acaso, el fenómeno “Case” nos permite distinguir, en el tema filantrópico, los hechos de la realidad, nuestro país vive huérfano de instituciones cuya vocación altruista permita paliar las más ingentes necesidades de grupos que viven en el franco desamparo. Tarea pendiente: que la pasión doblegue la terca realidad.

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