Para ser político y hacer carrera en esta ingrata profesión —ingrata para los que no llegan, que son los más— se requiere estar dotado de ingredientes tales como: egoísmo, inseguridad, orgullo, envidia, sadismo, ansia de poder; ambición de acumulación de riqueza, crueldad, insensibilidad, desdén, inflexibilidad, inclemencia; debe estar dotado de sangre fría y apatía ante las carencias de los demás; ausencia de: caridad, conmiseración, pudor, vergüenza, altruismo, filantropía, compasión, piedad, misericordia, humanidad, bondad, clemencia, virtud, devoción, ternura, sensibilidad, lástima, indulgencia, generosidad. Los políticos constituyen un segmento de la sociedad, no son como el común de los mortales. Cuando alguien toma la decisión de dedicarse a la política es posible que lo haga por vocación, pero en el camino irá perdiendo sus mejores cualidades y las sustituirá por aquellos ingredientes que lo lleven por el camino del éxito, aquellos que le permitan alcanzan sus objetivos. Aquí es el momento crucial en que se contagiará de la enfermedad profesional del político: la distorsión de la personalidad que le permitirá convertirse en un auténtico profesional de la política para formar parte de esa minoría cuya razón de ser es la adquisición, ejercicio y retención del poder público, en el futuro y hasta la muerte. Antes del régimen panista, el político tenía que ingresar al partido en el poder, aceptar el sometimiento total a la voluntad del superior. Si el Jefe del Ejecutivo se inclinaba a la izquierda, para allá tenían que ir los militantes; si cambiaba a la derecha, para allá marchaban; si había que nacionalizar la banca por patriotismo, todos se volvían patriotas; si después había que privatizarla por patriotismo, también se apoyaba al presidente. El sistema exigía la ausencia de lealtad a los propios principios, la sumisión extrema era la única manera de llegar a un puesto importante. Vino luego la alternancia en el poder. Fox no ganó la Presidencia por haberse subordinado y humillado ante los poderosos que dirigían el partido opositor (PAN) así que se dedicó a denostar públicamente la imagen de los miembros del partido que lo postuló que le hacían sombra, luego en la campaña destruyó la imagen de quienes le disputaban el puesto. La mercadotecnia penetró en la ingenuidad de la población y aceptó lo que nunca debe hacer un candidato con dignidad, auto elogiarse con frases como: “yo soy el mejor, el único”. Fox se convenció de que en verdad, era el salvador de la democracia y de la patria que rescató de manos de una dictadura de partido. Sin embargo, no soportó el éxito y la fama, por lo que todos hemos salido muy lastimados, tanto moral como económicamente. Vino luego Calderón que emprendió una batalla perdida de antemano, más para afianzarse en el poder que para acabar con el narcotráfico. La alternancia nos trae de nuevo al PRI, vamos a ver cómo nos va ahora. Termino con una frase célebre: “La política es el segundo oficio más antiguo del mundo, aunque se parece mucho al primero, no obstante el primero es el más honesto de los dos”. (Woody Allen).