Viernes, 10 de Octubre 2025

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Política y grilla

Por: Javier Hurtado

Así como somos muy dados a confundir Congreso con Parlamento, elecciones concurrentes con elecciones simultáneas, y ayuntamiento con municipio, existe también otra confusión muy extendida y con efectos más perniciosos que las anteriores: la que se presenta  entre política y grilla. En esta última, lo grave no sólo es que no se capten las diferencias de significado entre ambos vocablos sino que el último subsuma al primero.

Lamentablemente, hemos estado habituados a entender por política lo específico de la grilla y que el Diccionario del Español Usual en México, define así: “Ambiente de murmuración, chismes y calumnias que se produce en círculos políticos, sindicales, empresariales, etcétera, debido al intento de varios de sus participantes de sacar ventajas personales y obstaculizar a sus rivales”.

La política, en cambio, es el arte para la construcción de consensos en torno a proyectos de largo alcance y de beneficio colectivo que se debaten en público. Los arreglos “en lo oscurito” o a los acuerdos “en corto” es lo propio de la grilla, no de la política.

Lo malo es que en nuestro país sobran los grillos, escasean los políticos, y los estadistas se dan de cada en cuando. Existen ocasiones en que las circunstancias exigen de políticos y no de grillos y pareciera como que si nadie se diera cuenta de ello.

La política, lo primero que requiere son proyectos. Luego capacidad dialógica para plantearlos, discutirlos y defenderlos. De esto surge un liderazgo para conducir el haz de voluntades construido en torno a lo que generó consensos. La grilla no ve esto porque para quienes la practican lo importante no es la proyección política sino la “operación política”.

No entender esto es como tratar de construir un edificio sin proyecto o dejándoselo a los albañiles y “maistros” (grillos), sin considerar los arquitectos ni los ingenieros estructuristas (políticos). Si sólo se recurre a los primeros lo que se logre construir se cae, o lo que se dejara a la posteridad  será un adefesio más no un edificio. Lo mismo pasa en el campo de la política.

Siendo la política una actividad de suma importancia, no debe estar sólo en manos de los políticos. No obstante, en esta actividad  —al igual que en las obras de ingeniería civil— existen quienes las diseñan, quienes las supervisan y quienes las ejecutan. En la política el diseño y conducción de la obra debe estar en los políticos y no en los grillos.

Sin duda, en política una de las obras de mayor complejidad para su construcción es lograr un pacto o acuerdo entre distintas fuerzas y actores políticos. Para su solidez, lo primero que se requiere son ideas, proyectos y propuestas; después negociación política.

Si se inicia con la negociación, y de ella se desprenden los acuerdos, se pierde el liderazgo y el remedio puede resultar peor que la enfermedad.

Hace ya más de un siglo el gran pensador alemán Max Weber alertaba sobre los peligros de que en el mundo moderno prevaleciera la administración sobre la política.

En el México de nuestros días deberíamos reflexionar sobre los riesgos de que los grillos sean los que dirijan la política.     
 

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