Sucedió en 2011: el Congreso de Estados Unidos consideró a la pizza un vegetal. Así lo publicó NBC News el 15 de noviembre. Es un gran titular, de esos que nos permite reírnos de los políticos en general y, de los estadounidenses en particular.En ese año, una iniciativa del gobierno de Obama buscaba hacer más saludable la alimentación de los niños en las escuelas de Estados Unidos y el Congreso debió revisar las normas que regulan los menús escolares. Los congresistas decidieron mantener vigente una disposición, que consideraba a la pasta de jitomate como un vegetal y, como esa pasta se usa para hacer pizzas, puede ser servida como tal en las cafeterías de las escuelas.El titular y la risa se han mantenido desde entonces tanto como la norma. Que el jitomate no sea un vegetal sino una fruta, no parece incomodar demasiado a los legisladores y que la pasta de tomate tenga tanta azúcar que se asemeje más a un postre, tampoco. Todo eso se mantiene por razones mucho más prosaicas que hacer caso de la verdad científica o el sentido común. Y esas razones se resumen en una palabra: DINERO.La pizza como vegetal es producto del cabildeo de los productores de pizza de Estados Unidos, quienes unidos, contrataron abogados y echaron mucho dinero en campaña para presionar a los legisladores a no cambiar la norma que permite servir pasta de jitomate (y, por ende, pizza) en las escuelas.Y ese es el punto: el dinero de los intereses especiales puede con el sentido común y, también, con la ley. Solo en Washington, según Bloomberg, había 11 mil 781 cabilderos registrados hacia 2015, encargados de promover desde los intereses de las cadenas de pizzas, hasta cualquier tipo de actividad económica. Y solo para abrir boca, en el 2015 recibieron 3.2 Billion dollars (3,200 millones de dólares) por sus expertas asesorías. Es este mecanismo el que facilita que se aprueben leyes que, sean beneficiosas para élites y oligopolios.México no ha comprendido esto: en Estados Unidos, el tráfico de influencias, cuando no la llana corrupción, está institucionalizada y reglamentada por el cabildeo.Son las reglas del juego. La última vez que recuerdo que México empleó las mismas reglas de Estados Unidos, fue hace más de 20 años, cuando el gobierno utilizó los servicios de estos para impulsar la negociación del TLCAN. Pero contratar cabilderos estadounidenses en gran escala para empujar nuestros intereses, no podría suceder hoy. Si un servidor público lo sugiriera y lograra convencer al Presidente sería altamente cuestionado, acusado de corrupción y terminaría dimitiendo, en el mejor de los casos. De esto se encargarían los partidos de oposición y la prensa mexicana. Seguiremos perdiendo batallas, incluyendo la relacionada con los mexicanos indocumentados, independientemente de quién llegue, Hillary o Trump a la presidencia. Ganar batallas en Estados Unidos no se logra a través de adjetivos y descalificaciones. Aunque no esté en nuestra cultura y no nos guste, se requiere de “ayuda” de los cabildeadores.