Un misterio aún no desentrañado que plantea una notable helenista y latinista habanera es por qué, siendo tan clásicos unos como otros, los romanos han corrido con tan buena fortuna en la cinematografía (todo mundo puede nombrar de inmediato cuando menos diez clásicos indiscutibles) mientras que los griegos no. Esto se comprueba con películas más o menos recientes como Alejandro o Troya (ambas de 2004), o 300 (2006, sobre las Termópilas): malitas, malitas.Otro misterio relacionado con los romanos, pero más longevo y materialista, tiene que ver con la hasta ahora inexplicable durabilidad de las obras marítimas (muelles, espigones, rompeolas) de los puertos que sembró el Imperio por todo el Mediterráneo, hechos de un concreto (hormigón) que ha resistido los embates de las olas a lo largo de dos mil años.Los ingenieros y otros especialistas en materiales de construcción pueden consultar un artículo de lo más científico que explica todo con detalles y fórmulas.* Lo que la prensa no especializada recoge por estos días es sobre todo que, primero, el concreto romano es mejor que el portland actual, que se deteriora en cuanto se echa al mar, y, segundo, que si se da con la fórmula para producirlo como lo hacían hace veinte siglos, la ganancia será, entre otras, medioambiental, pues “la industria del cemento es responsable del 5% de las emisiones de CO2 que están detrás del cambio climático”, según informa El País.** También sería útil poder reproducir el hormigón romano para construir barreras, diques y otras estructuras en lugares amenazados por el aumento del nivel del mar. Redescubrir un método antiguo sin los grandes requerimientos de energía de la coquización de la cal sería un avance enorme para una conversión energética más eficiente.Una de los expertos en el tema, Marie Jackson, de la universidad de Utah, que lleva años en ese estudio, dice que están averiguando por qué el material es tan duradero; dice que aunque se conozcan los ingredientes y la importancia de los elementos de origen volcánico, no es lo mismo que saber hacer el pastel. Ya Plinio el Viejo, en 70 DC, escribió sobre el hormigón hecho con cenizas volcánicas y que en cuanto se metía al mar se convertía en una roca. Los científicos actuales analizan con microscopio y espectroscopía la estructura de ese concreto, y resulta que los romanos, sin saberlo, estaban usando dos materiales que sólo serían descubiertos siglos más tarde, la tobermorita y la phillipsita. Ambas se desarrollan en el hormigón cuando entra en contacto con el agua de mar y forman las fibras y placas que le dan tal grado de resistencia.El concreto reforzado con varillas metálicas se corroe al oxidarse éstas y romper las estrías desde dentro, como puede verse en cualquier edificio moderno a pocos años de construido. Los romanos supieron cómo evitarlo.La ingeniería romana todavía asombra: ¿cómo se logró construir la cúpula artesonada del Panteón, que sigue siendo la estructura de concreto sin refuerzo más grande del mundo? Y además, con un óculo en lugar de cerramiento. Quedan más misterios de griegos y romanos. *http://ammin.geoscienceworld.org/content/102/7/1435 **https://elpais.com/elpais/2017/07/03/ciencia/1499063196_879758.html