A Rayo, en su cumpleaños Una ciudad es una suma de equilibrios y deliberaciones. Produce gracia o desgracia, según acoja o excluya, integre o segregue, humanice o robotice. Refleja nuestro grado de civilización. Sus plazas, calles, banquetas, parques, paradas de camión y ciclovías revelan nuestras maneras de comunicarnos, nuestra voluntad de poner los servicios públicos accesibles, de dejar que las bondades de los árboles -espléndidos tabachines en estos días, jacarandas antes, lluvias de oro luego-, alcancen con sus sombras a unos cuantos favorecidos o cobijen a quien se arrime. El ejercicio de planear el desarrollo urbano implica amar la ciudad desde un tiempo imaginario en el cual aún no suceden las cosas; es anticiparse a los escenarios conflictivos de la movilidad, las redes de drenaje y agua, los intereses de los usos del suelo comerciales, industriales, habitacionales y recreativos en probable disputa, para darles una solución lo más armoniosa posible. Por eso es buena noticia que ONU Hábitat, de la mano de Eduardo López Moreno, tapatío que ha hecho carrera en el organismo multilateral, colabore con el Gobierno local en un diagnóstico con propuestas para hacer de nuestra ciudad un sitio habitable, humano, y a generar indicadores para una coordinación metropolitana, con una movilidad digna y generación de empleo. Sin duda, eso espero, integrará valiosos esfuerzos precedentes de organismos como Ciudad para Todos, la Plataforma Metropolitana para la Sustentabilidad, el Observatorio Ciudadano Jalisco Cómo Vamos, entre otros que llevan camino andado y han hablado con voz clara sobre los problemas a atender, que no son pocos ni menores, y que exigen energía y liderazgo para encararse. Por eso también, sigue siendo muy mala noticia que haya en este campo un gato sin cascabel en Jalisco. Me refiero al Tribunal Administrativo del Estado (TAE). Sin duda no son todos sus magistrados, pero sí los hay cuyas decisiones dan al traste con el esfuerzo planificador de la capital del Estado, al autorizar en varias zonas, alterando con ello planes parciales, edificios de 18 pisos donde sólo debían ser de ocho, amparados en un leguleyismo (perdón por la palabreja, pero no encontré otra más florida para expresarlo) de tan mala leche que tal vez ameritaría explorar la posibilidad de juicio político contra ellos por vulnerar el interés colectivo. Esta sería una excelente oportunidad para la legislatura de comenzar a demostrarnos su voluntad de reconstituir las instituciones locales con un sentido ético. Las deliberaciones del TAE han causado júbilo a tiburones inmobiliarios, que lucran poniendo en riesgo la armonía e identidad arduamente lograda de colonias enteras, patrimonio de vecinos hoy justamente enojados con ese tribunal. El TAE argumenta que el Ayuntamiento tapatío entregó pruebas minutos después de lo establecido en el procedimiento. ¿Y el interés general, compadres? ¿No están obligados a razonar bajo un criterio superior en vez de plegarse a lo que el mercado les dicta? ¿Quién le pone el cascabel a este gato?