Sábado, 11 de Octubre 2025

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María Jesús Barrera: un homenaje a Guadalajara en su aniversario

Por: Maya Navarro de Lemus

María Jesús Barrera: un homenaje a Guadalajara en su aniversario

María Jesús Barrera: un homenaje a Guadalajara en su aniversario

Cuando El Diablo Bailaba Mambo.

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Ariadna, mi esposa, y Lupita, nuestra nieta de 14 añitos, estaban bordando. Yo, leía EL INFORMADOR. Lupita enhebró la aguja. Ariadna dijo, ¡No vas a cazar al diablo! ¡Corta esa hebra!. Recordé la aventura infernal y me confesé: Fui diablo, y Lupita apremió: Abuelo cuéntame. Y empecé. “En 1967, la preparación en la Universidad de Guadalajara era de primer nivel. Trabajando llegué a la Facultad de Ciencia Químicas; me cobraban veinticinco pesos al año. Éramos pobres. No tenía dinero para mis libros y un sábado decidí ir al centro de Guadalajara a buscar trabajo de medio turno. En el trayecto recé: Dios, que encuentre trabajo. Luego cambié de bando: Diablo, te vendo mi alma por un trabajo. En la calle Hidalgo, frente al Templo de la Merced, mucha gente hacía compras en La Muñeca y por Pedro Loza vendedores ofrecían: ¡Memín Pinguín! ¡La Roratonga! ¡Lágrimas y Risas! Esas revistas, contaban historias en capítulos como las telenovelas. En los Portales, frente a Catedral pedí trabajo en: El Vapor, Hemuda, mueblerías Dubín, Mayco, y ¡nada!. En Mayco, con un peso pagabas el enganche de muebles. En el Famoso 33, el propietario me contó que era judío y que en 1920 llevaba a Guadalajara mercancía que vendía en un cuarto 33 del Hotel Francés. Rentado el local, lo llamó El Famoso 33. Ingenioso, pero no me contrató. Hambriento vi huaraches y muñequitas de aparador vestidas con telas que vendían esos establecimientos. Di vuelta en el Templo de San Agustín y volví a implorarle al diablo mentalmente.  

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En el mostrador de la tienda La Casa Colorada pregunté: ¿El dueño? ¿Qué quieres? dijo un señor de mediana edad. Me llamo Hugo y busco trabajo, dije. Exclamó: ¡Me caes del cielo! Te contrato de diablo por las tardes, empezarás ¡ya! Me asusté. Isaac, así se llamaba, dijo: Hoy renuncio el diablo e iba a buscar su reemplazo. Imagínate, Lupita, yo, de dieciocho años era inocentón, y con temor dije: Lo encontró. ¿Qué debo hacer? Sígueme. En el vestidor, me dio un disfraz de chamuco y ordenó, vístete. Me explicó: Serás nuestro diablo publicista. Tu trabajo, aprenderte los anuncios, bailar mambo, darle a la clientela globos. Tomando en cuenta lo colorado del  asunto, el diablo me posesionó. ¡Pareces otro! Arrogante, exigí alimento. Isaac mandó comprarme un lonche de La Playita. Ensayamos lo que diría y me enseñó a bailar mambo. A las cinco, llegó Sara, su secretaria, que opinó: ¡Qué diablo tan guapo! Te pareces a un santo que hay en San Agustín y el contraste diablo-santo, la excitaba. Hecho mi primer compromiso de diablo-Casanova, entraron músicos tocando mambo. Baile contagiando a la clientela. La música paró. Sudoroso, por micrófono grité: ¡Soy el diablo más competidor y a todo mundo más barato doy! ¡En La Casa Colorada, la mercancía es casi regalada! E invité: ¡Venga a ver al diablo bailando Mambo! Un éxito. Regresé  con trabajo y satisfecho de aventura amorosa que, al tiempo, se multiplicaron. Lleve triple vida: escuela, trabajo, mujeres y tequila; entonces la droga no se usaba. Cursaba el último semestre de mi carrera cuando una tarde tu abuela entró a la tienda acompañada por una chaperona; antes, a las muchachas “bien” sus papás no la dejaban salir solas. Al verla, me enamoré. Le di un globo encarnado. De un manotazo la chaperona me lo regresó, La señorita no  recibe obsequios y menos de un méndigo diablo, ¡Apúrese!, y escoja sus hilos. En eso tocaron un mambo y decidido, tomé a tu abuela y bailamos. Me sentí ridículo disfrazado de chamuco. Ariadna me exorcizó y el diablo se fue saliendo. A mis veintiuno, deje las diabluras y quise ser mejor para merecer el amor de tu abuela. ¡Oiga, Ariadna, me llamo Hugo y seré ingeniero químico!. ¡ Búsqueme para entonces¡. ¡Necesitaré verla antes!. Me llevará los hilos a casa; entre hilo e hilo nos conoceremos. Le dejo mi dirección. Me convertí en repartidor. Los hilos de tu abuela me enredaron en un amor que eleva y atrás quedó mi inconsciencia juvenil. Me titulé. Cuando tuve; siguió el casorio y a comenzar, de manera sólida nuestra familia. ¿Entiendes por qué tu abuela me cazó con hilos, Lupita?”.

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Por cuestión de espacio fragmenté este cuento de María Jesús Barrera, una grande de las Letras Jaliscienses. Este relato lleno de lugares comunes Tapatíos, hace un homenaje literario a Guadalajara. Sus novelas: Vetas de la memoria, Tres piernas, Otra vez lunes, DesENCUENTROS y libros de cuentos: Ángeles tullidos y Perversitudes por encargo, han sido reconocidas y premiadas. Me confieso adicta a la literatura de María Jesús, tan fina y tan nuestra. Pueden adquirir sus cultos y amenos libros, a mi correo: maya.navarro@hotmail.com o al de la autora: trespiernas2010@hotmail.com o a su página: www.mariajesusbarrera.com

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