Martes, 05 de Marzo 2024

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Lo que se pierde con las servidumbres urbanas

Por: Juan Palomar

Lo que se pierde con las servidumbres urbanas

Lo que se pierde con las servidumbres urbanas

En muchas ciudades no existen. En Guadalajara comenzaron a utilizarse cuando, a principios del siglo pasado, se trazaron las primeras “colonias” al Poniente del casco tradicional de la ciudad: la Francesa, Reforma, Americana, Moderna, West End. Y una al Oriente: la Colonia Española, situada a lo largo de lo que ahora es la avenida Belisario Domínguez y de la que quedan unos pocos vestigios. Por eso aún son tan verdes dichas colonias.

Las servidumbres son franjas obligatoriamente libres que en cada lote se debe dejar sin construir para dedicarlas, en su mayor parte, a ser áreas jardinadas. Esta ordenanza se siguió después, en dimensiones más reducidas, en múltiples colonias y fraccionamientos tapatíos. Y aún en los llamados “cotos” la costumbre persiste.

Si se suman todas estas áreas, supuestamente destinadas en su mayor parte a ser jardines, se obtendrá una altísima cantidad de áreas verdes. Y se conoce el grave déficit que en este aspecto sufre la ciudad.

Las servidumbres, además, sirven para dar más aire, Sol y amplitud a las vialidades y a las construcciones situadas a lo largo de ellas. Bien constituidas, sirvieron durante muchos años para dar a Guadalajara —en ciertas zonas— una muy armoniosa imagen urbana. La privacidad de cada finca gana además con esta medida. Cuando además hay servidumbres laterales la arquitectura gana en presencia y en opciones de iluminación y ventilación.

Pero, de hace bastantes años a esta parte se ha declarado una guerra frontal contra las servidumbres. Miles y miles de ellas han visto sus jardines pavimentados, sus árboles talados, para ser convertidas en estacionamientos. Otras muchas se han visto invadidas por construcciones: indebidas ampliaciones de edificaciones preexistentes o, de plano, fincas nuevas que ignoran impunemente los lineamientos oficiales sobre el predio. ¿Cuántos árboles, cuántos metros de áreas verdes se han perdido de esta manera? Sin duda, una cantidad escandalosa.

Las servidumbres no son ningún lujo: son una parte del patrimonio comunitario que sirve para mejorar el medio ambiente. No importa que sean propiedad privada: precisamente el término “servidumbre” implica la subordinación de estas áreas al bien común.

La grave necedad tapatía de querer llegar con el coche hasta contra la fachada (o los aparadores) de la finca a la que se dirige el trayecto ha propiciado en buena parte estos destrozos. “No parking, no business” es el lugar común de los comerciantes. Debe haber estacionamientos, pero en lugares adecuados. Y que la gente se acostumbre a caminar un trecho para llegar a su destino. O que llegue, mejor, en transporte público. Como se hace en todas las ciudades civilizadas.

En un restaurante de la calle de Pedro Moreno tres cajones con sus respectivos coches invaden la servidumbre frontal y dan pésima imagen a la buena finca y peor vista al salón que da a la calle. Un poco de imaginación bastaría para darse cuenta de que sin esos cajones (de todos modos hay “valet parking”) nada de clientela se perdería y el barrio y el restaurante ganarían con un buen jardín. Multiplique ahora este caso por miles y se concluirá en que es necesario exigir el respeto puntual a las servidumbres. No solamente por imagen urbana, por salud pública.
 

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