Los inteligentes son astutos, ventajosos, muchas veces abusivos con los que no lo son tanto. Observan y conocen su entorno de una manera más detallada y completa. Aprenden muy rápido de la experiencia y fácilmente incursionan en las ciencias y en las artes con singular soltura.Cuando aplican sus dotes en los negocios lo hacen con éxito, y si por cualquier razón se atoran y caen en un bache, se levantan pronto y continúan su lucha de una manera próspera.Se saben apoyar de su buena manera de hablar y de sus virtudes personales. Sin embargo los inteligentes a la mexicana, son muy fáciles presas del engreimiento, la petulancia y los aires de superioridad.En nuestro país, muchas personas inteligentes han encontrado el vivero adecuado para desarrollarse dentro del ámbito político. El poder y los inmensos recursos, que allí se encuentran, son un banquete que no desaprovechan.Por eso Octavio Paz, en su capítulo sobre este tema en el libro del Laberinto de la Soledad nos dice: “...a describir ciertas actitudes de la “inteligencia” mexicana, es decir, de ese sector que ha hecho del pensamiento crítico su actividad vital. Su obra, por lo demás, no está tanto en libros y escritos como en su influencia pública y en su acción política”.De esta cita se puede extraer la reflexión de que la muy rica inteligencia de los mexicanos, más que dedicarla a la creatividad, en las ciencias y las artes, se usa para las actividades que pueden influir en el poder público o directamente en las acciones políticas.Además, Paz escoge hablar de los que usan su inteligencia para referirse a los que hacen del pensamiento crítico su principal actividad.Pero después de todo la inteligencia es para vivir, resolver nuestros problemas, crear, edificar y hacer política.Octavio Paz nos hace reflexionar cuando concluye su análisis diciéndonos: “La Revolución Mexicana nos hizo salir de nosotros mismos y nos puso frente a la historia, planteándonos la necesidad de inventar nuestro futuro y nuestras instituciones. La Revolución Mexicana ha muerto sin resolver nuestras contradicciones. Después de la Segunda Guerra Mundial, nos damos cuenta que esa creación de nosotros mismos, que la realidad nos exige, no es diversa a la que una realidad semejante reclama a los otros. Vivimos, como el resto del planeta, una coyuntura decisiva y mortal, huérfanos de pasado y con un futuro por inventar”.Nos sacude al señalar que la Revolución Mexicana ha muerto, y nuestras contradicciones siguen sin resolverse.Parece increíble, que cien años después sigamos con ellas, siendo malinchistas, y sin aún construir un prometedor futuro.Seguimos dependiendo de la inteligencia de otras culturas, y la que tenemos, parece seguir sucumbiendo a la tentación de usarla para conseguir el ansiado poder, y para mantenerlo en las manos de unos cuantos que se benefician de la riqueza que aún nos queda. Muy parecido a lo que aconteció en la época tan criticada en los tiempos de Porfirio Díaz.Parece que no hemos sido muy inteligentes.