Ideas | La cultura del esfuerzo Por: Martín Almádez 8 de agosto de 2011 - 02:00 hs Ahora que el regreso a clases está a la vuelta de la esquina es oportuno reflexionar sobre los factores que amenazan a la educación gratuita y laica en una educación costosa y religiosa. Los que somos producto de la cultura del esfuerzo, es decir, aquellos ciudadanos que nos forjamos en escuelas públicas y que desde las entrañas del sistema educativo mexicano construimos el único patrimonio al que podemos aspirar: la educación como instrumento de trabajo, sabemos del valor de la gratuidad y de la sana neutralidad del laicismo, ambos pilares de una educación cívica comprometida sólo con el desarrollo del país. El panorama de hoy, en el que nos toca ser hombres de acción y entregar el esfuerzo total para que las cosas sucedan, deja ver un panorama tan adverso como absurdo: la deserción en la educación básica está ligada a la incapacidad económica de los padres de familia para cubrir los costos que conlleva mantener a sus hijos en la escuela: cooperación “voluntaria”, uniformes, útiles escolares y demás requerimientos administrativos de la imaginería burocrática. La Secretaría de Educación Jalisco (SEJ) registra una deserción de tres niños de cada 100 en primaria, abandonan la secundaria 10 adolescentes de cada 100, y en la preparatoria de esos que quedan (y que en su momento fueron afortunados por ocupar un lugar tan difícil de conseguir en las filas universitarias) sólo terminan los estudios seis de cada 10. Los motivos de la deserción, testifica la SEJ oscilan entre la precaria economía que los lleva a cambiar la escuela por un probable trabajo en la informalidad; y en el peor de los casos, enlistan los cuadros de la delincuencia cuando a la falta de recursos se le suma la desintegración familiar. Esto ya no es educación gratuita por más que se inscriba en la Constitución mexicana, como tampoco, aunque también lo diga la misma Constitución, es laica, cuando desde la esfera del Poder Ejecutivo se rompe la normatividad y se violan las leyes al dar cabida y ser omiso en materia educativa y cívica, con actos de vinculación desaseada entre el Estado y la(s) Iglesia(s). Como escenario adjunto a esta realidad, llega como “accesorio”, la perla del sistema de la corrupción desde el propio Legislativo respaldado por el Ejecutivo al contemplar que es posible y legal, según palabras defensoras del secretario de Educación, el poder de la omnipresencia de una diputada para fungir como legisladora, ser directora de una escuela en Guadalajara y de otra en Puerto Vallarta, todo, todo, al mismo tiempo, pero con sueldos separados. Los que fuimos forjados en la cultura del esfuerzo y que construimos el patrimonio cívico con base en la educación gratuita y laica, hoy más que nunca, vemos amenazada la única forma con la que nos es posible buscar oportunidades. Y eso se defiende a costa de todo. Principalmente contra los farsantes y corruptos que dicen representar la educación. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones