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Miércoles, 19 de Diciembre 2018

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El maestro Felipe Ramírez

Por: Eduardo Escoto

El maestro Felipe Ramírez

El maestro Felipe Ramírez

El pasado 13 de mayo falleció en la capital del país el maestro Felipe Ramírez Ramírez, organista, compositor, docente e investigador que nació en la ciudad de Querétaro en 1939.

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Ramírez inició sus estudios musicales en la Escuela Diocesana de Música Sacra de su ciudad natal con apenas seis años de edad, recibiendo lecciones del padre Cirilo Conejo y posteriormente de Julián Zúñiga y Arnulfo Miramontes. Titulado como organista y cantor, recibe una beca de la Diócesis de Querétaro para asistir a la prestigiada escuela de música sacra de Regensburg, Alemania. Ahí se graduó en órgano, composición, canto gregoriano y musicología, además de haber estudiado en Holanda improvisación e interpretación de la música de Bach. Ya en México, se instaló en la Ciudad de México. En 1972 empezó como docente en el Conservatorio Nacional. En 1978 fue nombrado organista titular de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México (convirtiéndose después en organista emérito) y ese mismo año ingresó al CENIDIM, especializándose en el estudio de la música virreinal.

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En su carrera se cuenta: actividad concertística, publicaciones, grabaciones, reconocimientos, organización de festivales, gestiones en pro de la restauración de órganos y un catálogo de obras que incluye música sinfónica, vocal y sacra. Cabe citar su Sinfonía heroica, el poema sinfónico Guernica o las Letanías a Jaime Sabines –ambas piezas con texto de Hugo Gutiérrez Vega–, además del ciclo de canciones de cuna para personajes de la música y la literatura como Beethoven, Revueltas o Rosario Castellanos.

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La vida del maestro Ramírez discurrió siempre entre circunstancias fuera de lo ordinario a las que hubo de hacer frente, situación más difícil para quien, como él, posea una sensibilidad artística nata. Quizá por ello se dedicó aun con mayor celo a la música en las diferentes facetas en las que se involucró, exigiéndose él mismo y a quienes le rodeaban hacerlo de la mejor forma posible. De ahí su carácter firme que, no obstante, sabía compensar bien con sus dotes de gran conversador. Quienes le trataron sabrán referir sus amenas e interesantes charlas, pródigas en anécdotas a veces tan increíbles como ciertas.

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A través de su vasta trayectoria cultivó amistades en los grandes círculos literarios, musicales e intelectuales del país, pero nunca se olvidó de que toda carrera debe tener un principio y por ello se dio tiempo de atender –en profundidad y con verdadero interés– a músicos, organeros, investigadores o compositores que, sin abultados curriculums bajo el brazo pero con una disposición que el maestro detectaba como genuina, le buscaron o se encontraron circunstancialmente con él mientras daban sus primeros pasos en firme. Así, muchos empezaron o fueron impulsados en dichas áreas de la práctica musical.

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Para cerrar esta semblanza bien vale recordar uno de sus consejos, que demuestra por otro lado la manera en que el maestro Ramírez condujo su carrera musical: “No dejar de escuchar las valiosas opiniones que se encuentran más allá de los aplausos”. escotorobledo@gmail.com

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