Viernes, 10 de Octubre 2025

LO ÚLTIMO DE Ideas

Ideas |

El legado de Carpizo

Por: El Informador

Por Miguel Carbonell

Jorge Carpizo fue, por encima de todo, un universitario. Amaba profundamente a la UNAM. A lo largo de su destacada trayectoria profesional nunca dejó de estar vinculado con su universidad. Recuerdo que siendo procurador general de la República se daba tiempo para acompañarnos en las comidas de fin de año y nunca dejó de entregar artículos y libros para que fueran publicados por el Instituto de Investigaciones Jurídicas.

En la UNAM Jorge Carpizo fue abogado general, coordinador de Humanidades, director del mencionado instituto, rector, investigador emérito y muchas cosas más. En el servicio público tuvo una de las carreras más brillantes de las últimas décadas: fue ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, presidente fundador de la CNDH, procurador general de la República, secretario de Gobernación y embajador de México en Francia.

En 1967 publicó su tesis de licenciatura sobre la Constitución mexicana de 1917. Aunque fue redactado cuando su autor tenía apenas 23 años, el texto se convirtió en un clásico y se sigue utilizando en muchos cursos de Derecho Constitucional. Antes de su fallecimiento estaba preparando una nueva edición ampliada de ese libro. De hecho, hace unos días me hizo llegar los capítulos que pensaba incorporar en la nueva edición, para que les diera una mirada y le hiciera sugerencias de mejora (siempre compartía con varios colegas sus nuevos textos antes de publicarlos, pues estaba convencido de las virtudes del trabajo en equipo).

En 1978 presentó su tesis doctoral sobre el presidencialismo mexicano; su publicación en la editorial Siglo XXI la convirtió también en un clásico tanto del Derecho Constitucional como de la ciencia política mexicana y fue traducido a varios idiomas. En ese trabajo se hablaba de forma pionera de las “facultades metaconstitucionales” que tenía en México el Presidente de la República. Todos los que hemos escrito sobre el sistema político hemos citado esa obra indispensable.

Tuve el enorme privilegio de conocer a Carpizo cuando entré a trabajar en el Instituto de Investigaciones Jurídicas, hace casi 20 años. Su trato fue siempre de una gran amabilidad y con el tiempo me distinguió con su amistad. Su generosidad académica fue tan grande que me permitió escribir con él un libro de texto titulado Derecho constitucional, que ya lleva siete ediciones y ha sido adoptado como libro de texto en muchas facultades y escuelas de derecho. El año pasado fue traducido al italiano y publicado por la prestigiosa editorial Giappichelli.

A pesar de que nunca tomé clase con él, puedo decir que Jorge Carpizo fue uno de los más importantes maestros que he tenido. Con él pude aprender Derecho Constitucional, pero sobre todo aprendí lecciones de vida.

Cada conversación con Carpizo era una oportunidad de aprendizaje sobre una manera de ver el mundo que, por desgracia, cada vez está menos extendida. Carpizo fue un defensor a ultranza de los derechos fundamentales.

Su tarea en favor de las libertades de todos le mereció innumerables reconocimientos alrededor del mundo. En los años recientes se le acumularon los doctorados honoris causa por varias de las universidades más prestigiosas del mundo. Fueron creadas distintas cátedras con su nombre en México y en el extranjero. Fue nombrado investigador emérito por el Sistema Nacional de Investigadores (el mayor reconocimiento que puede alcanzar un académico dentro del Sistema). El edificio de posgrado de la Facultad de Derecho de la UNAM lleva desde hace unos meses su nombre.

Escribo estas líneas todavía en medio de la devastación de la noticia. Es difícil de creer. Hace un par de días me llamó por teléfono para preguntar —precisamente— por mi estado de salud y para ver los detalles de la nueva edición de nuestro libro. Quedamos en llamarnos la siguiente semana, que planeaba pasar en su casa leyendo novelas y viendo películas, para recuperarse de la intervención quirúrgica que lo llevó a la muerte. Su voz nos hará mucha falta. Su talante de hombre de Estado y de demócrata a carta cabal hubiera sido indispensable en el trance histórico por el que está pasando México.

Su fructífera vida nos deja tantas enseñanzas y aportaciones que lo mejor que podemos hacer es cuidar de su legado y honrar su memoria. Desde donde esté ahora, Jorge Carpizo puede estar seguro de que no lo olvidaremos nunca.

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones