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Domingo, 17 de Diciembre 2017

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El enigmático B. Traven

El enigmático B. Traven

El enigmático B. Traven

“No conozcas a los autores, conoce sus obras”, era algo que decía Monterroso cuando venía a colación pues, “eso es mejor que cualquier otra cosa”, podía haber insistido. Eso mismo fue lo que dijo Malú Montes de Oca Luján, la hijastra de B. Traven en el discurso de inauguración de la exposición B. Traven en el Museo de Arte Moderno (MAM) de la Ciudad de México, que era justo lo que quería su padrastro y de ahí que fuese tan enigmático. La exposición consiste en un tendido de libros de sus primeras ediciones en varios idiomas, la proyección en tres pantallas grandes de algunas películas basadas en sus obras como son: "Macario", "El tesoro de la Sierra Madre" y "La rosa blanca", películas que tanto éxito tuvieron en cartelera y que ganaron premios en el extranjero y con eso que la gente prefiere mejor ver la película que dura máximo dos horas que dedicarles por lo menos 10 a su lectura con mayor razón su popularidad; además, hay varias fotos (a las de los estantes les faltaba su “pie de foto”: no supimos de quién se trataba ni por qué); cartas y originales a máquina con los tachones sobre el papel revolución de alguna de sus obras. Algo de su intimidad.

Su vida es otra cosa. Un enigma alrededor de este hombre que dicen nació en Swiebodzin, ahora Polonia, en 1882 como Otto Feige, quien fuera aprendiz de mecánico, luego maestro y líder sindical como Ret Marut, el anarquista, actor y periodista que criticó a su país en un periódico de Múnich por la Primera Guerra Mundial y por eso tuvo que huir para llegar a Tampico en 1924 y quedar fascinado por México y sus indígenas hasta el día de su muerte en 1969.

En ese viaje anotó en su diario que Marut, “el bávaro de Múnich ha muerto”, al tiempo que ahora decide llamarse Hal Corves, tal como lo conocieron sus amigos que fueron los miembros de la plana mayor de artistas e intelectuales como Tina Modoti, Edward Weston, que dicen le enseñó las bases de la fotografía; Frida y Diego, Gabriel Figueroa el camarógrafo número uno del cine mexicano quien en una entrevista La Jornada se acordó cuando en la primavera de 1969 estaba filmando en una locación fuera de la ciudad, le llamó su mujer para decirle que su amigo Corves estaba mal que “se apurara”. Por eso, regresó y se fue a verlo. Casi moribundo le dijo:

—Créeme Gabriel, que este dolor es más de lo que puedo soportar. Hazme un favor —le dijo agarrándole la mano—, date la vuelta y asegúrate que estamos solos... —y luego me entregó un papelito que guardé en la bolsa… Corves estaba acabado y Gabriel sabía que era la última vez que lo vería. Esa tarde le habló “con esa calma lógica, con su habitual filosofía, ternura, generosidad y amor”… Por la noche leyó el contenido del papelito: “Dame cianuro —había escrito—. Adiós, hermano querido”.

Y así conocemos esta faceta del enigmático personaje de las letras que era alguien que podía expresar su “habitual filosofía, ternura, generosidad y amor”, aunque toda la vida fue otra persona: Marut, el anarquista en Múnich; Hal Corves, el guionista y representante de B. Traven; Traven Torsven, el ingeniero registrado en México y, por supuesto, B. Traven, el escritor y autor de todos los libros que se publicaron en el mundo con ese nombre. Impostar nuestro nombre es una manera de esconderse y crear un misterio a su alrededor. En fin, enigmático, por decirlo de alguna manera, habría que conocer su obra y no preocuparnos de llamarse y ser diferente de esa manera en donde con cada nombre, aplicaba un oficio diferente. Mejor su obra.

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