Sábado, 11 de Octubre 2025

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Cosas extrañas de la Romería de Zapopan

Por: Carlos María Enrigue

Cosas extrañas de la Romería de Zapopan

Cosas extrañas de la Romería de Zapopan

Sin duda el evento más masivo de la ciudad, la Romería de Zapopan es algo digno de análisis, pues el tratar de entender qué es lo que hace que tanta, pero tanta gente decide ir a fletarse una caminada criminal bajo el sol africano de Guadalajara, es digno de los más profundos estudios de sociólogos, psicólogos y demás profesionales de la mente.

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A pesar de las importantes conclusiones que dichos estudios pudieran arrojar, nosotros nos enfocaremos en lo absolutamente trivial del evento y que simplemente llama nuestra atención pues nos parece bastante extraño.

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Entre otras cosas destacamos:

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i. Comer tejocotes. Los tejocotes son unas frutitas amarillas o anaranjadas con los que los comerciantes hacen unos collares que se venden a un precio muy barato. La verdad de las cosas es que nadie come nunca tejocotes si no es en la llevada de la Virgen; según Wikipedia – que hoy en día es quien escribe las verdades últimas – también se consumen tejocotes en las piñatas de las posadas, junto con mandarinas, cacahuates y colaciones, pero uno bien sabe que si lo invitan a una posada y le dan esa roña, esa amistad terminó.

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ii. Hay un montón de basura de decoración. Ese día, toda la ruta estará tapizada de papel picado, listones, confeti y demás cochinero color azul cielo y blanco, pues son los colores propios de la Generala – la de verdad, no la tienda.

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Lo que no sería de sorprender sería que, con la reciente ciudadanización de la metrópoli, algún menso sugiriera que esos colores son muy panistas y debieran cambiarse a anaranjados.

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iii. Los monstruos. Con poco reconocimiento pero siendo unas figuras claves en el buen desarrollo de la peregrinación, hay muchísima gente disfrazada de monstruo con los más variados disfraces, que incluyen a Chucky, Salinas y hombres lobo, cuya misión es dar de cintarazos a quien sea que se quiera pasar de vivo y colarse en el desfile.

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Por mucho es la chamba más chida de toda la romería.

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iv. La diferencia entre los indios. Uno entiende que existían diversas tribus y grupos indígenas, sin embargo, en la peregrinación uno encuentra que las diferencias radican más que nada en la seriedad del grupo en cuestión, pues sin ser historiador o antropólogo, uno fácilmente puede detectar como falsos a muchos de los grupos de danzantes.

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Esto no es difícil puesto que, por más que el grupo sea jalisciense, es poco probable que los indígenas locales anduvieran disfrazados de integrantes de la banda Cuisillos, con ajuares con tamaulipecas hasta en los botines. Más aún, si uno se fija, los supuestos indios parecen malas copias de los personajes de películas de vaqueros de Ronald Regan. Es más, ni llevan sonajas, sino unos aparatos que se ponen en los zapatos que hacen ruido.

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Hay otros en cambio que sí se ven muy prehispánicos pues manejan taparrabo, una especie de pechera y cascabeles en los tobillos, todo rematado con un penachon que hace innecesario traigan de vuelta el de Moctezuma.

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v. Los tastuanes. Quienes más chidos se me hacen a mi, son los tastuanes. Usted los reconocerá pues es el epítome del surrealismo mexicano, y es que, detrás de una máscara extrañísima y unas pelucas como de guitarrista de grupo de glam, onda Poison, está uno de los cholos más temidos de la Mesa Colorada quien paradójicamente es uno de los más creyentes de toda la romería, así, bajo el lema

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“los mariguanos somos guadalupanos” – adaptado por supuesto a la zapopana – cumple su manda por no haberse infectado de tétano cuando le clavaron un desarmador.

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