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Sábado, 17 de Noviembre 2018

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Claudia Marcucetti, Heridas de agua

Por: Maya Navarro de Lemus

Claudia Marcucetti, Heridas de agua

Claudia Marcucetti, Heridas de agua

Mi artículo pasado sobre este libro quedó, de alguna manera, inconcluso. Para ultimar el tema del libro hablará el molino: “Fui construido para alimentar a quienes llegaron a un nuevo mundo, pero también para unir gentes distintas en un solo pueblo y formar con ellas primero un reino, después un país. Y eso hice, con puntualidad  y esmero, durante siglos. Siglos que avanzaron lentos y ajenos, sin que me afectaran particularmente ni las transformaciones que sufrí, ni las historias que llevo grabadas en mis muros, ni las que tuvieron lugar fuera de ellos. En este largo periodo  observé a los hombres, seres frágiles y defectuosos aunque capaces de proezas tales como la de mi concepción, nacer, morir, amarse, odiarse y hasta matarse. Sin embargo no me enfrenté a mi propia existencia hasta el día en que una mujer decidió sepultar su cuerpo en mi suelo, pasear su espíritu por mis espacios y quererme como nadie lo había hecho antes, Gioconda es su nombre y fue con su muerte que me dio vida, volviéndose mi madre, mi hija, mi amada… y mi fantasma”.

Con esta calidad de pluma, las letras escritas por Claudia Marcucceti en Heridas de agua, libro que presentará el 28 de noviembre en la FIL, nos recorre sobre estos temas: La repetición cíclica en la historia, tanto de los países como de los individuos; la forma en que las emociones pueden volverse una prisión que va más allá de la muerte.

La Historia (en mayúsculas) como reflejo de la historia personal y viceversa; la ambición, el poder y la pasión, como los mecanismos que hacen girar a la Historia y también a las historias.

La negación de los sentimientos como único mecanismo de defensa: la manipulación para lograr un fin, sin reparar en las consecuencias.

La constante crisis de la humanidad, sea política, social o personal; la muerte como presencia constante en nuestras vidas.

La muerte como redención y como el comienzo de otra vida, que es al fin la misma.

Claudia Marcucetti. Italiana de nacimiento, de conocimientos históricos mexicanos, muy conocedora; su visión como literata y arquitecta quedan de manifiesto en la novela. El detallar cómo se hizo el molino, refleja su profesión. Y el contenido literario de la novela, deja verse como una consumada escritora.

En la primera página escribe dos citas: Quien no llena su mundo de fantasmas, se queda solo. Antonio Porchia. La arquitectura es el testigo insobornable de  la historia. Octavio Paz. Con estos axiomas se confirman sus pasiones. La migración italiana, otro dato importante y poco conocido que nos informa en Heridas de agua. Su bibliografía es selecta, razón por la cual da sinnúmero de datos históricos. Contiene un mapa al inicio donde nos ubica los datos geográficos. La editorial Suma, con la novela de Marcucetti, recrea un  México pictórico en su historia y costumbres. La impresión está rigurosamente cuidada, su portada sobre el molino de Allan Rodríguez, es didáctica. La fotografía de Claudia para el libro es de Arturo Zavala Haang. Y las de estos artículos de  Christopher von Hohenbergel, son de arte.  Todo esto reunido en un solo libro, historia, arte, costumbrismo, realismo mágico, migración, geografía donde se nos va haciendo un periplo histórico desde 1529 hasta el siglo XX.  Su  escritura es  fina y cada un tanto de páginas  aparecen unos impresos y esquelas que nos sorprenden por su innovación. Leer los agradecimientos me llenó de emoción y termino con éste para todos sus lectores: “A todas las personas  que en los ocho años que me tomó terminar esta novela, me ayudaron, leyeron o inspiraron, y a todos aquellos que no temen llenar su mundo de fantasmas, aunque sea para no quedarse solos”.

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