Viernes, 10 de Octubre 2025

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Chiflar y comer pinole

Por: Diego Petersen

Chiflar y comer pinole

Chiflar y comer pinole

Dice el dicho que no se puede chiflar y comer pinole. El dicho resulta quizá incomprensible para los menores de 35 porque el pinole, una extraña mezcla de maíz en polvo con azúcar y canela, desapreció de la dieta tapatía. Nunca faltó el que, tratando de contradecir el dicho, se echaba su cucharada de pinole y luego intentaba chiflar. Algunos lo lograban, pero espectáculo era verdaderamente asqueroso y desagradable.

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¿Se puede manejar y hablar por teléfono? Sí, por supuesto, pero el riesgo es altísimo: usar el celular mientras se maneja equivale a manejar con primer grado de alcohol, y mandar mensajes mientras se conduce (textear dicen los más jóvenes, pero esa palabra no existe en español y encima es horrorosa) es ya la primera causa de muerte en accidentes viales, por encima del alcohol.

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A partir del jueves la Policía de tránsito va, ahora sí, a aplicar la ley que se aprobó hace meses y que prohíbe el uso de los teléfonos celulares mientras se maneja. La prohibición incluye el tiempo que se está parado en el semáforo, pues aún en esos momentos se debe estar concentrado. Ahora sí que, si quiere halar o responder un mensaje, oríllese a la orilla y estaciónese correctamente.

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El tema es complejo porque durante muchos años, desde la aparición de estos diabólicos-maravillosos aparatos en los años noventa, hasta la fecha, los teléfonos móviles se han convertido en parte de la vida de las personas en un grado obsesivo, un hábito muy similar a un vicio. Llegamos a un semáforo y lo primero que hacemos es checar quién nos mandó cualquier tipo de mensaje, sea directo o por redes sociales, y olvidar, perder el celular, o quedarse sin conexión, pude generar angustias terribles, como si el mundo se fuera a acabar o a ponerse en nuestra contra si no estamos conectados.

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Nos va a costar muchísimo trabajo dejar el teléfono a un lado o incluso apagarlo mientras manejamos, es el equivalente a dejar de fumar; hablar por teléfono, revisar mensajes y contestar mensajes en el coche es un mal hábito que tenemos completamente asumido.

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El problema no es el mundo exterior: las empresas no se van a derrumbar porque el jefe responda 15 minutos después la pregunta, normalmente idiota, que le plantean los subordinados, ni tampoco se va a caer la productividad porque los empleados se enteren 20 minutos después de la gran idea que se le ocurrió al jefe mientras manejaba: A nadie lo van a divorciar por no mandar un mensajito que diga “voy para allá”, ni nadie va a llegar antes porque alguien le pregunte “a qué hora llegas” (el “mi amor” es completamente opcional). Por el contrario, muchas vidas se van a salvar gracias a esta medida.

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