El balance del impacto de “Patricia” —anunciado como “el huracán más poderoso de la historia”— fue escueto: “lluvias intensas, árboles y postes caídos, algunas carreteras dañadas, casas semidestruídas, algunos cristales rotos…”. Nada que correspondiera a las catastróficas previsiones de las autoridades e incluso de los expertos; nada que justificara el anuncio de que “el monstruo” —como también se le llamó— sería “devastador y mortífero”, y que, en comparación con él, los tristemente célebres “Gilberto”, “Kena” y “Catrina”, que a su paso dejaron devastación y muerte, serían juegos de niños. * En las reacciones a la esperada pesadilla, que finalmente no se consumó, hubo de todo: desde las aseveraciones de que se trató de “una cortina de humo” —de la que no queda claro quién la montó y qué pretendía ocultar tras ella—, hasta las versiones de que el huracán fue “provocado” merced a algunas fórmulas químicas que dejarían a las brujas de Salem en calidad de aprendices…, pasando, por supuesto, por la descalificación de los especialistas: los del Servicio Meteorológico Nacional —desde luego—, los del Centro de Previsión de Huracanes de Miami, e incluso del astronauta que envió a la Tierra la fotografía, pletórica de aterradora belleza, que tomó desde el espacio. * Al margen del protagonismo de ciertos personajes (de los que no queda claro si quisieron consagrarse como profetas de desgracias, merced a los catastróficos augurios que se empeñaron en difundir, o en salvadores de la patria, merced a sus insistentes llamados para que turistas y lugareños abandonaran las zonas en que la amenaza era “inminente” y la destrucción “inevitable”), la moraleja de la historia cae por su propio peso… “Patricia” no ocasionó las desgracias que llegaron a temerse, porque, felizmente, las terroríficas previsiones no se cumplieron; “La meteorología —dicen los propios meteorólogos— no tiene palabra de honor”; el “monstruo” no tocó tierra en núcleos densamente poblados, ni causó la destrucción que se había anticipado… porque a su paso no había gran cosa que destruir. * En todo caso, tanto los especialistas como las autoridades cumplieron, de manera responsable, su papel: los primeros, al advertir sobre la posibilidad —subrayémoslo: posibilidad— de que el meteoro resultara devastador; las segundas, al valerse de todos los medios disponibles para difundir los mensajes orientados a la protección de vidas y bienes, y al desalojo de las zonas consideradas “de riesgo”. Y la población, por lo consiguiente, al acatar las recomendaciones que, en nombre de la sensatez y la prudencia, se le hicieron. Al final de cuentas, aunque para la gran mayoría haya quedado —felizmente— en anécdota, “Patricia” fue una excelente ocasión para recordar que siempre será mejor prevenir que lamentar.