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Viernes, 24 de Noviembre 2017

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Adiós a Chalma

Adiós a Chalma

Adiós a Chalma

Siempre quise hacer la peregrinación a Chalma. Más que un tema religioso, mi interés era turístico y periodístico del mismo modo que he tenido la oportunidad de hacer otras peregrinaciones tanto en territorio mexicano como en el extranjero.

Pero hace unos días, platicando con uno de los amigos con quienes originalmente habíamos planeado hacer la peregrinación, que incluye una caminata a pie de cerca de 100 kilómetros a campo traviesa desde la zona conocida como Los Dínamos, al sur de la Ciudad de México, hasta el Santuario del Santo Señor de Chalma en los límites del Estado de México y Morelos (dos días de camino pasando dos noches al aire libre), me contó que esa peregrinación se ha vuelto extremadamente peligrosa por la forma dramática en que han aumentado los asaltos en las zonas boscosas de nuestro país, y particularmente en contra de los peregrinos en esa ruta.

La peregrinación a Chalma se convierte así, en otra de las actividades que perdemos en México por la inseguridad. Sin afán de nostalgia, se va sumando a los campamentos al aire libre de nuestra juventud en distintos puntos, sierras, montañas y playas, y aquellas caminatas por el campo sin mayor preocupación que el cansancio.

Estamos perdiendo lugares y actividades del país.

Esta misma semana el Departamento de Estado de Estados Unidos amplió la lista de lugares en México que son peligrosos para los turistas. A sitios como Baja California, Baja California Sur, Chiapas, Chihuahua, Colima, Guerrero, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz, que tradicionalmente venían apareciendo en la lista, se suman ahora Colima, Durango, Estado de México, Nuevo León, Oaxaca y Sonora, y enfatiza en el peligro de plazas que presumimos como centros turísticos y que ahora son un auténtico riesgo: ahí están Acapulco, Cancún, Cozumel, Playa del Carmen, Tulum, Los Cabos y La Paz. Y seguramente con el tiempo la lista seguirá aumentando.

Triste reconocer que para el Estado Mexicano la seguridad no es una prioridad. Ni lo es ahora ni lo ha sido en las últimas décadas, por ello el deterioro constante.

Sí, la razón de ser de un Estado es precisamente la garantía de seguridad para sus integrantes; se supone que por ello nos agrupamos en aldeas, pueblos y ciudades, y depositamos nuestra confianza y recursos en una autoridad: para nuestra protección.

Pero usted mejor que yo sabe que hoy las prioridades de nuestros gobernantes están en otro lado; en este momento están preocupados por la sucesión presidencial y la renovación de cargos públicos, y ahí está toda la energía, del mismo modo en que al inicio de cada administración está en cómo hacer dinero y negocio, lícita e ilícitamente, aprovechándose del cargo.

Un cuento sin fin.

Un Estado a todas luces fallido.

Sigo preguntándome, al igual que lo hacía desde nuestros tiempos de universitarios cuando todo era idealismo y buenas intenciones: con una inseguridad in crescendo, cómo es que todos y cada uno de nuestros gobernantes pueden dormir tranquilos.

Creo que usted y yo no podríamos.

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