Viernes, 10 de Octubre 2025

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— Relevo (y II)

Por: Jaime García Elías

— Relevo (y II)

— Relevo (y II)

El carácter “pastoral” de los obispos es una hermosa metáfora tomada del Evangelio. Jesús, en la parábola correspondiente, encomia al pastor que deja en el campo a las 99 ovejas de su rebaño, para ir a buscar a la perdida... Si se repara, aquí y ahora, en el buen número de católicos que a raíz de los  exabruptos que el cardenal Juan Sandoval Íñiguez prodigó durante los 17 años en que gobernó la arquidiócesis de Guadalajara, se convendrá en que su palabra —a través de los medios de comunicación, sobre todo—, estridente y disonante, sembró más tormentas de las que contribuyó a calmar, y fue, en general, más elemento de discordia que de concordia.
 
—II—
 
Si “Ser cristiano es parecerse a Cristo”, como dijo William Penn, es difícil encontrar en Cristo el modelo de expresiones como las que tuvo el cardenal Sandoval a propósito de infinidad de temas. El miércoles pasado, Su Eminencia reprochó a los periodistas: “Yo no soy lo que ustedes pretenden que sea: el de las declaraciones de mucho ruido en los medios; eso es figura que ustedes hacen”... La prensa, ciertamente, no siguió puntualmente todas las homilías del prelado; entre ellas debe haber preciosos ejemplos de amor fraternal y de caridad cristiana. Lamentablemente, sus ácidos comentarios sobre diversos temas, escandalizaron, lastimaron, ofendieron y distanciaron del pretendido pastor a muchas potenciales ovejas. Eran, con frecuencia, temas discutibles los que se abordaban: asuntos en los que perfectamente cabía un gesto de respeto al disidente y aun al adversario ideológico, y en los que hubiera sido más útil —valga la metáfora— la gota de miel que el vaso de vinagre... Muchas ovejas se alejaron de él —y de la Iglesia, por ende— porque lo percibían más cercano a los ricos y poderosos que a los “pobres y humildes de corazón” de que hablan las bienaventuranzas. Por lo demás, la prensa nunca puso en su boca palabras que no fueran suyas. La desmesura y la falta de tacto —ese tacto que ha sido, durante siglos, parte sustancial del mester eclesiástico—, fueron las manifestaciones propias de su carácter rudo y áspero.
 
—III—
 
“Los hombres pasan, las instituciones quedan”, reza el adagio. El cardenal José Francisco Robles Ortega viene a Guadalajara, seguramente, con la consigna de enderezar algo de lo que Sandoval Íñiguez torció. A éste le queda como consuelo la frase de Heine: “Dios me perdonará: es su oficio”.

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