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Lunes, 20 de Noviembre 2017

Ideas

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* Contrastes

* Contrastes

* Contrastes

Perder siempre duele. Pero perder como perdió anoche el Guadalajara… como que  duele más.

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Todo parecía favorecer a los rayados. Por principio de cuentas, jugaban en casa. A continuación, tenían la perspectiva de que la victoria hubiera tenido una repercusión espectacular: colocarlos en el segundo lugar de la tabla de posiciones, en plena recta final de la etapa clasificatoria del certamen. Después, el mérito de conseguir ese triunfo a costillas del Pachuca que es —no hay que olvidarlo— el actual campeón defensor…

Y lo más importante: la fortuna, los famosos “imponderables del futbol” o lo que se quiera, dejaron a las “Chivas” con la sartén por el mango al concederles la ventaja de jugar los últimos 25 minutos con superioridad numérica por la expulsión de Lozano: agravante adicional, considerando que se trata de uno de los mejores jugadores del Pachuca.

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Queda en descargo de los rojiblancos el relativo consuelo —o la frustración adicional, según quiera verse el resultado desde la perspectiva del vaso medio lleno o del vaso medio vacío…—, por una parte, que se hizo el intento de ganar; de que llegó a abrumarse a un equipo que dio a nueve de los diez jugadores que le quedaron en el campo, la consigna de destruir todo lo que el Guadalajara intentara construir; de que Bueno tuvo dos “vicegoles”: el que le invalidaron por mano previa y el disparo que pegó en un poste. Y por la otra, que no se trató de un encuentro definitivo: ni para la clasificación… ni, mucho menos, para conseguir o no el campeonato.

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A cambio de que los rayados sufrieron la derrota más dolorosa —por sorpresiva… y porque llegó cuando ya se consideraba que aun el empate era un mal resultado—, el Atlas, fiel a su espejo diario, mostró dos facetas que se han vuelto características…

La mala, al incurrir de manera reiterativa en el error de permitir, en un tiro de esquina, el arribo al área y el remate —perfectamente previsible, absolutamente anunciado— de un defensa central adversario. La buena, al conseguir, ya sobre el tiempo, en una jugada de pizarrón —como una semana antes en el Jalisco—, el gol que le permitió dar el paso del infierno a la gloria… a cambio de tantas veces en que ese mismo gol de último minuto lo hizo pasar de la gloria al infierno.

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