Entretenimiento | Ana Guerrero Santos Vicente Quirarte: El mundo mejora con la palabra escrita El vacío social se llena con las letras Por: EL INFORMADOR 6 de marzo de 2009 - 21:46 hs Poeta y escritor, librero y alguna vez bibliotecario, pero lo que lo mueve es un amor inconmesurable por los libros, sean como objeto en sí, o por su contenido de creación literaria. Es Vicente Quirarte (Ciudad de México, 1954), hacedor de letras y traductor de emociones a través de la palabra, quien por ende considera al contenedor, es decir, al libro, como “un objeto que nos defiende ante la mediocridad y la maldad del mundo”. Fuerte concepción a la que ha llegado luego de estar vinculado a los libros desde su temprana infancia. Descendiente de tapatíos, fue director de la Biblioteca Nacional de México durante ocho años (hasta enero de 2008) y por supuesto la destaca como una de las más impresionantes que ha conocido en su vida. Sin embargo, la que realmente causó impresión en su trayectoria profesional fue la de su padre (Martín Quirarte): “Un tapatío ilustre de quien aprendí precisamente la pasión por los libros. Una pasión que no solo se debía a los contenidos sino también a la belleza de estos. Mi padre fue, al igual que su padre, don Emilio Quirarte, un talabartero del Mercado de San Juan de Dios. Él hacía sillas de montar y ese oficio fue heredado por mi padre y por su hermano, Daniel Quirarte, mi tío. Y mi padre, tal vez por ese amor a la piel, al grabado, cuando empezó a estudiar la carrera de Historia, se afanó en que todos sus libros estuvieran encuadernados”. Este hombre, su progenitor, bibliófilo en búsqueda de primeras ediciones o de libros arruinados que rescatar, les daba una nueva vida a estos objetos. “Como decía mi abuela materna, doña Cayetana Ruiz Limón, oriunda de Yahualica al igual que don Agustín Yáñez, y al igual que mi abuelo: ‘Mi hijo Martín es pobre pero le gusta lo bueno’. Entonces ese fervor por el libro, no solo por la lectura, sino también por el objeto, siempre lo tuve”. –Usted se convierte en escritor, poeta, y define al libro como el “objeto que nos defiende ante la mediocridad y la maldad del mundo”. Eso es fuerte. ¿A qué se refiere? A lo que está pasando en el mundo, o en nuestro país particularmente en estos momentos, donde los valores materiales, la inmediatez del éxito, el abuso hacia la persona, el semejante, parecieran ser los únicos satisfactores. Pienso en el narcotráfico, el crimen, la violencia, en un niño que a los 12 años en lugar de pensar en hacer una carrera, elije la vía del enriquecimiento rápido e ilícito. Pienso en un autor como Gabriel García Márquez, en un país tan lastimado, tan quebrado por la violencia como lo ha sido Colombia –que va saliendo de toda esa espiral en la que estuvo- y que en ese sentido es un país muy semejante al nuestro, con una gran cultura, con una gran idea de la vida, una gran tradición y al mismo tiempo una violencia entre hermanos terrible. Y eso estamos viviendo ahora: una pérdida de valores, de fe en aquello que forma lo más profundo de nosotros. Creo que en ese sentido, la lectura es lo que nos permite meternos dentro de nosotros mismos, cuestionarnos y ser mejores, pensar en que hay que tener fe en eso, otra vez mencionando a Gabriel García Márquez en El amor en los tiempos del cólera, que solamente el amor nos salva en medio de toda esta falta de amor, porque no es otra cosa: la falta de valores no es sino la falta de fe en lo que el amor puede construir. O sea, cuando no tenemos fe en el amor, en todo lo que ese vínculo, esa fuerza, crea entre nosotros, el amor de todo tipo, el amor a la pareja, al prójimo, al hijo, al animal, todo se descompone, se vuelve un desbarajuste pavoroso. Ahora, hay una frase de Erasmo de Rotterdam que decía: “si tengo dinero, compro libros, y si me sobra, compro pan”. Esto, en un país pobre como el nuestro, con tantas diferencias sociales, podría parecer un insulto, sin embargo, ¿qué pasa con nuestra clase media? Las señoras dicen ‘los libros están carísimos’, pero no se ponen a pensar que si sube la clase de karate, la pagan, si sube el salón de belleza, lo pagan. Eso también es parte de una cultura material que se conforma con la inmediatez y con la mediocridad cotidiana. A eso me refiero cuando hablo de los enemigos del espíritu, los enemigos de la plenitud. –Son otro tipo de analfabetismos ¿no? A lo mejor es más la ignorancia que el no tener dinero… Guadalajara tiene un nuevo Palacio de Hierro, con Louis Vuitton y Carolina Herrera… Por supuesto que la inteligencia causa miedo, pensar es doloroso, sentir es complejo, por eso, y tal vez es una de las razones del narcotráfico: la gente deja de sentir, se escapa a través de otras vías, (mientras que) la literatura no es un escape, son exploraciones de la profundidad, de lo mejor que tenemos como especie, y a través del consumo de la droga, pues se resuelven todas estas angustias. Lo mismo las pantallas de plasma, los talk shows, son una demostración de que lo que menos queremos es pensar. Temas Tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones