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Martes, 13 de Noviembre 2018
Entretenimiento | Alameda Poniente es un inmueble esbelto que resalta en su volumetría y que se luce en cuestiones de funcionalidad

Rostros Villa Panamericana: Alameda Poniente, de Carme Pinós

A Guadalajara –“como a todo México por sus rincones y sus colores”, cuenta la arquitecta-, le tiene un afecto especial por lo que ha significado en su carrera.

Por: EL INFORMADOR

Por: Eduardo Sánchez    fotos: Edmundo Pacheco

Si hay algo en lo que coinciden los especialistas, es en que Carme Pinós es una de las más prolíferas arquitectas iberoamericanas de la actualidad. Prueba de ello es la infinidad de premios a su trabajo otorgados casi consecutivamente desde 1987, entre los que destacan el Nacional de Arquitectura de España, por la Escuela Taller de Morella en 1995, y el de la IX Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo el año pasado por la Torre Cube en nuestra ciudad.

Y es en honor a este último que, a pesar de lo que implica moverse de un lado a otro del Atlántico y combatir con el molesto jet lag al llegar a su destino, no pudo negarse a contribuir en lo que será la Villa Panamericana cuando el titular de la Coplaur, Juan Palomar, le contó lo que estaba a punto de suceder en la ciudad y, a la vez, le ofreció una de las tres plazas designadas para arquitectos internacionales.

A Guadalajara –“como a todo México por sus rincones y sus colores”, cuenta la arquitecta-, le tiene un afecto especial por lo que ha significado en su carrera.

El interés por el rescate de los “cascos antiguos” –centros históricos-, como ella los llama, fue otra de las razones por las que aceptó la invitación. El de esta ciudad le parece atractivo, pero no niega que se encuentra en un estado de degradación y olvido. Y las intervenciones arquitectónicas actuales son, a su parecer, lo que permite que éstos se regeneren, tal como sucedió en su natal Barcelona.

“En lo profesional soy la encargada de crear el contexto en el que la gente se relaciona y se hacen parte de la civilización. Pero también, las presiones que tenemos los arquitectos son muy grandes; movemos mucho dinero e intereses. Quizás por eso a veces olvidamos nuestra responsabilidad, hacia el mundo y hacia lo social, para servir a unos intereses especulativos o de mercado que son muy unidireccionales”.

Pero Pinós, tan sólo en Guadalajara, ha tenido la oportunidad de estar en ambos lados de la moneda. Para la iniciativa privada –además de otros proyectos que no han salido de los rénders- ha creado la ya mencionada Torre Cube; y en empresas gubernamentales para la conceptualización de lo que en 2011 será la Villa Panamericana.

Y una vez más reafirmó su reputación como una de las mejores arquitectas: el edificio Alameda Poniente es un inmueble esbelto que resalta en su volumetría y que se luce en cuestiones de funcionalidad y adecuación al entorno.

Definición del proyecto

La realidad social y el contexto urbano fueron los dos puntos en los cuales Pinós fijó su atención al momento de concebir su edificio. “Sin perder nunca de vista la escala humana, entendiendo la cultura y también las vibraciones que hay en el aire, tanto plásticas como reales”, dice la arquitecta.

El volumen de su proyecto comprende “un delante y un detrás” -una escuela y una plaza-, como ella lo dice, los cuales, en vez de ignorarlos, pretendió con ellos crear un solo conjunto. Así, intentó que su edificio permitiera también la fluidez desde el Parque hasta la Plaza de las Acequias y, al mismo tiempo que reflejara un poco el contexto en el que se encuentra ubicado, diera unos visos de lo que es Guadalajara a través de la mirada de la arquitecta: “una ciudad de muchos colores que no es uniforme”.

Las juntas entre los arquitectos ganadores y asignados para la conceptualización de la Villa que se celebraron a finales del mes de marzo, fueron para Pinós una oportunidad para, más que hablarse y conocerse entre ellos, lo hicieran entre edificios para así formar un solo conjunto. Y, de acuerdo a su experiencia profesional, la arquitecta considera que la génesis del proyecto es positiva.

“Me gustan los edificios potentes, pero no que impongan. Por ello traté de hacer algo que fuera capaz de hermanarse en un conjunto creado a través de varias perspectivas, que hiciera guiños a los edificios vecinos. Creo que es bastante fácil dialogar con mi edificio, pero hace falta saber la reacción de los demás”.

Pero las reglas de su trabajo son claras: “Puede variar la cantidad de metros cuadrados y la altura porque es un edificio bastante libre; pero hay una norma estructural en mi propuesta que, a su vez, permite un juego plástico para que logre adaptarse al contexto en el que va a estar y hermanarse con otros edificios”.

“Amo Guadalajara y me encanta México. Por eso estoy aquí. Me da mucha ilusión ser parte de la Villa”, concluye Pinós.

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