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Viernes, 22 de Junio 2018

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Entretenimiento | Recibió el reconocimiento general reflejado en un creciente número de admiradores

Rescató fotografía de Manuel Alvarez Bravo a la gente común

Considerado una influencia definitiva para la fotografía mexicana y la de toda Latinoamérica, el trabajo de Manuel Alvarez Bravo se caracterizó por su ironía insistentemente ambigua y su rescate de la gente común, que sin caer en el pintoresquismo fácil marcó a más de una generación.

Por: EL INFORMADOR

MÉXICO.- Considerado una influencia definitiva para la fotografía mexicana y la de toda Latinoamérica, el trabajo de Manuel Alvarez Bravo se caracterizó por su ironía insistentemente ambigua y su rescate de la gente común, que sin caer en el "pintoresquismo fácil" marcó a más de una generación.
Dueño de un prestigio internacional que ganó por la belleza y sencillez de sus trabajos en blanco y negro, que le merecieron reconocimientos como el Premio Nacional de las Artes (1975), Alvarez Bravo nació el 4 de febrero de 1902, en la Ciudad de México.
Hijo de Manuel Alvarez García y Soledad Bravo, Manuel concluyó su educación formal en 1914 y fue el padre de un amigo quien le obsequió su primera cámara, con la que se inició en la fotografía y en el cuarto oscuro.
Antes de dedicarse por completo a esa disciplina, fue burócrata en varias dependencias e intentó estudiar contaduría, incluso, en 1915 se inscribió en la Academia de Nacional de Bellas Artes para estudiar pintura y música, pero su vida tomaría otros senderos.
De acuerdo con sus biógrafos, en 1923 conoció al fotógrafo alemán Hugo Brehme, quien se convirtió en su primer mentor, y poco después sus primeros trabajos fueron expuestos junto a los de Edward Weston y Tina Modotti, quien lo impulsó y se convirtió en su socia.
Así comenzó a experimentar en los terrenos del pictorialismo y en 1926 ganó un certamen fotográfico realizado en Oaxaca.
En aquella época trabajó como jefe del Departamento Fotográfico de la revista "Mexican Folkways", editada por Frances Toor. Contrajo matrimonio con Lola Alvarez Bravo, quien más tarde se convertiría también en una destacada fotógrafa.
Recibió el reconocimiento general reflejado en un creciente número de admiradores, y nadie puede negar que el poder de su labor artística, que daba como resultado fotografías cargadas de un extraño atractivo, influyó de manera determinante en otros artistas.
En 1928 decidió establecerse como fotógrafo profesional y entabló amistad con Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, muralistas cuyas imágenes habrán de incluirse en el libro "Painted Walls of México", de Emily Edwards.
Alvarez Bravo logró entonces exponer en el Primer Salón de fotografía de la Ciudad de México, donde tuvo oportunidad de relacionarse con las máximas figuras culturales de entonces: Diego Rivera, Rufino Tamayo y Frances Toor, editor del catálogo Mexican Folkways, de Tina Modotti.
A sugerencia de Tina, el fotógrafo envió un portafolio de imágenes a Edward Weston, quien lo calificó como "una muy fina serie de fotografías", lo que le valió empezar a impartir clases de fotografía en la Escuela Nacional de Artes Plásticas.
Los ecos de la Revolución atrajeron a diversos artistas extranjeros, entre ellos Sergei Eisenstein, quien llegó al país en 1930 para filmar "Qué viva México!" y Alvarez Bravo fue seleccionado fotógrafo de toma fija del cineasta ruso, algunas de esas tomas acabaron en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.
La obra de Alvarez Bravo ganó terreno; en 1934 conoció a Henri Cartier-Bresson y al año siguiente realizó con él una exposición conjunta en el Palacio de Bellas Artes.
Dos años después, en 1936, impartió clases durante algunos meses en la "Hull House Art School" de Chicago y un par de años más tarde hizo lo mismo en la Academia de San Carlos de la Ciudad de México; en esa época conoció a André Bretón, quien lo invitó a exhibir sus fotografías en un espectáculo de arte surrealista.
Para los años 40, Alvarez Bravo era un fotógrafo consumado; las exposiciones se sucedían en casi todo el mundo; los museos adquirían sus fotografías y los colegios lo demandaban como profesor. Su obra era ya en un referente inevitable de la cultura y la fotografía.
Alvarez Bravo recibió todos los premios y reconocimientos a los que un artista podía aspirar: la beca "Guggenheim", el "Premio de Arte Sourasky" de la Secretaría de Educación Pública, el título de Maestro de Fotografía por el International Center of Photography de Nueva York, y el premio Hugo Erfurth Internacional Photography, que otorgó el gobierno de Leverkusen, Alemania.
Asimismo, el Premio "Peer" de la Friends of Photography de San Francisco, California, y el Premio Nacional de las Artes en 1975, además de ser nombrado miembro honorario de la Academia de Artes de México, y Officier de l'Order des Arts et des Lettres del gobierno francés, entre otros.
También se dio tiempo para colaborar en proyectos especiales, como el libro "Instante y revelación", con el poeta Octavio Paz.
En 1996, fue inaugurado el Centro Fotográfico Manuel Alvarez Bravo en Oaxaca y un año más tarde Susan Kismaric organizó una retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.
Alvarez Bravo, fundador del Fondo Editorial de la Plástica Mexicana y del primer Museo de la Fotografía en México, fue creador de un brillante trabajo fotográfico en blanco y negro que logró llevar a sus espectadores a un mundo saturado de simbolismos.
El artista murió el 19 de octubre de 2002 en la Ciudad de México, a los 100 años.

NOTIMEX 18:49 03/02/08 CCMS

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