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Domingo, 17 de Noviembre 2019
Entretenimiento | Itinerario

La voz cristalina de Gorostiza

El poeta fue embajador y representante de México en varios países. En 1968 ganó el Premio Nacional de Letras. Y se enamoró perdidamente de la muerte un 16 de marzo de 1973

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO.- Hoy es cumpleaños del poeta pulcro. Cumple 107 años. Es la voz que no muere. Y es la Muerte sin fin. José Gorostiza es una etapa traslúcida de la poesía hispanoamericana. Consiguió con el cortante trazo de sus versos, una nueva forma de decir lo siempre dicho. Ofreció también una plataforma distinta desde donde se puede construir la poesía. Invadió sin previo aviso a las generaciones futuras a la suya, cegándolas con su la finura de su factura y con la crudeza de sus instintos estructurales.

Nació en Villahermosa, Tabasco, en 1901. Pero fue como si realmente hubiera nacido en 1939, año de la publicación de Muerte sin fin; es decir, a la edad de 38 años. Experiencia desde la que pudo y supo contemplar la existencia como una lucha natural y constante entre la forma y su negación; entre la existencia mera y aquella que reluce en el interior del ser humano; entre lo palpable y el misterio de lo que arde en las llamas de la inteligencia; entre lo súbito de la carne y la eterna armonía del espíritu. Vislumbró, desde la palabra y a pesar de ella, el sentido más hondo de la trascendencia.

“Tal vez esta oquedad que nos estrecha
en islas de monólogos sin eco,
aunque se llama Dios,
no sea sino un vaso
que nos amolda el alma perdidiza,”

La presencia de Dios y su ausencia, la belleza y la muerte, el conocimiento, el hombre y su estupidez, son los temas por los cuales se pasea, de manera prístina, el poema de Gorostiza. Nadie como él para tocar desde la palestra poética los temas que más preocuparon al México del Siglo XX, y que siguen siendo tópicos que han desbordado la frontera filosófica, para ingresar a la esfera de lo moral, en busca de una misma respuesta.

José Gorostiza inauguró una forma poética en la que el poema es concebido como ente arquitectónico. La forma, la estructura, la constitución es la partida del desafío. La imagen de la obra negra, de la filigrana, del proceso constructor, es en realidad el nivel de complejidad que el poeta busca resolver, más allá de la sustancia de la temática; más allá de la polarización sobre el tratamiento de sus palabras; más allá, incluso, de los recursos con los que se permite elevar el canto de sus estrofas.

“¡Oh inteligencia, soledad en llamas
que todo lo concibe sin crearlo!
Finge el calor del lodo,
su emoción de substancia adolorida,
el iracundo amor que lo embellece
y lo encumbra más allá de las alas…”

La poesía de José Gorostiza viene a desencadenar una necesidad de escritura y de reflexión sobre uno de las grandes pasiones del ser humano, y particularmente, una de las obsesiones de los pensadores mexicanos: la percepción de la muerte y su trascendencia.

“¡Tan-tan! ¿Quién es? Es el Diablo,
ay, una ciega alegría,
un hambre de consumir
el aire que se respira,
la boca, el ojo, la mano;
estas pungentes cosquillas
de disfrutarnos enteros
en sólo un golpe de risa,
ay, esta muerte insultante,
procaz, que nos asesina
a distancia, desde el gusto
que tomamos en morirla,
por una taza de té,
por una apenas caricia.”

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