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Sábado, 15 de Diciembre 2018
Entretenimiento | No quiere jubilarse

La pasión por el cine de Manoel de Oliveira

El directo luso se resiste a abandonar las producciones cinematográficas, cuando justo al cumplir 100 años de vida se encuentra en pleno rodaje

Por: EFE

LISBOA, PORTUGAL.- Manoel de Oliveira alcanza su centenario en pleno rodaje de su ¿penúltima? película y con una energía inusitada para un anciano que se resiste a abandonar su pasión por el séptimo arte.

Hijo de un acaudalado industrial de Oporto, De Oliveira es por derecho propio un icono de la cultura portuguesa, tras casi ocho décadas detrás de las cámaras en las que ha retratado con detalle las evolución de la sociedad de su país a lo largo buena parte del siglo XX.

Con 40 películas entre las que se incluyen varios reportajes, el joven aficionado al atletismo y a las competiciones de automóviles cambió el empuje físico de sus primeros años de juventud por una carrera detrás de la cámara en la que el valor artístico ha prevalecido frente a los intereses comerciales.

No dudó en su última aparición pública en reiterar su compromiso con una forma de hacer cine que no busca el éxito de las taquillas, que a lo largo de su carrera le han dado la espalda en varias ocasiones.

El decano de la gran pantalla se inició en el mundo cinematográfico en 1928, como actor y para participar en el melodrama de Rino Lupo "Fátima Milagrosa".

Pocos años después cambió de puesto en el plató para estrenarse en el cine mudo como realizador con el documental "Douro, Faina Fluvial", en un trabajo que dejaba entrever su carácter intimista e interés por las corrientes culturales del momento.

Al margen de polémicas contra el régimen de Salazar, nunca fue del agrado del dictador luso, lo que le dejó sin cualquier subvención que apoyase su carrera cinematográfica en las difíciles décadas de los cuarenta y cincuenta del aislado Portugal de buena parte del pasado siglo XX.

Por esa época ya había contraído matrimonio con María Isabel Brandao y abandonado para siempre sus actividades deportivas, camino de convertirse en el joven elegante y bohemio que describe "Conversaciones con Manoel de Oliveira", de Antonie de Baecque y Jacques Parsi.

El artista tuvo que soportar largos años de ostracismo hasta que en los sesenta vuelve a ponerse detrás de una cámara, no sin pasar antes por el trance de ser detenido por la policía política de Salazar, la PIDE, por razones nunca esclarecidas.

En los setenta recibe ayuda de la prestigiosa Fundación Gulbenkian y es reconocido por la Filmoteca española con una retrospectiva, un apoyo que no evita la venta de su casa para continuar con su carrera.

Al final de esa década y ya en los ochenta le llega el reconocimiento internacional a través de una presencia cada vez más habitual en los festivales de todo el mundo.

Oliveira no pudo, sin embargo, colaborar con las grandes estrellas hasta los noventa, muchos años después de haber contactado con Francois Truffaut para que mediase con Catherine Deneuve, a la que quería como protagonista de "O Passado e O Presente".

Sólo veinticinco años después Deneuve aparecería en "O Convento", colaboración que repetiría en 2001 con "Vou para Casa" y "Um Filme Falado", en 2003.

Un Oliveira consagrado también supo persuadir al estadounidense Jonh Malkovich y a la griega Irene Papas, que por tres ocasiones trabajó bajo la dirección del veterano realizador luso.

El director portugués, definido una vez como un genio gigante de un país pequeño, ha sido fiel en los últimos años a su compromiso con el cine alejado de las tendencias más comerciales.

Poco interesado en actos mediáticos, pretende cumplir un siglo de vida en el plató, dando los últimos retoques a su próximo trabajo, "Peculiaridades de una muchacha rubia".

Oliveira no quiere oír hablar de su jubilación y ya anunció que prepara un nuevo proyecto que titulará "El extraño caso de Angélica".

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