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Domingo, 09 de Diciembre 2018
Entretenimiento | Graciela celebra los cinco años del Trompo con una constelación de eventos

Chela de la Vega: la musa de los niños

La palabra Museo viene del vocablo griego “musa”, deidades cuya función consistía en inspirar tanto al intelecto como a la emocionalidad.

Por: EL INFORMADOR

Por: José Langarica

Sin duda, Graciela de la Vega vive un sueño hecho realidad. Y no únicamente por la impresionante vista que tiene de los rascacielos de Puerta de Hierro desde su oficina. Fue en el año 2001 que recibió a su cuidado el museo Trompo Mágico.

“Este hijito que ya cumplió cinco años, ¿verdad? -reflexiona De la Vega (o “Chela”, como es llamada con afecto) con una sonrisa que parece imborrable- Va creciendo en muchas cosas: en historias qué contar, en experiencias, en amigos que hacemos en los más de mil visitantes que tenemos de martes a domingo. Va creciendo en ideas, mi equipo es cada vez más ideático (ríe), pero de ideas, están llenos de ideas. Es un equipo muy lindo, muy consolidado, creo que todos los que hemos participado en este proyecto hemos crecido como personas, como profesionistas, y creo que la experiencia ha sido maravillosa”.

Los museos aluden a nuestra inescapable vocación por la proyección de nosotros mismos en el medio; Nabucodonosor mantenía un “gabinete de maravillas de la humanidad”, reliquias de los antiguos sumerios -tan remotos para Nebucodonosor como los griegos lo son para nosotros-, un león de basalto, el rey de Mari, estelas de Asiria e hititas. Pausanías, en el siglo V antes de Cristo, fundó en la Acrópolis la Pinacoteca, luciendo pintura, escultura, trofeos y estandartes.

Todos ellos, junto con el gran museo de la biblioteca de Alejandría tienen una cosa en común: eran artículos de lujo reservados para unos cuantos aristócratas y privilegiados; fue en parte esta incapacidad del mundo antiguo por divulgar los resultados del conocimiento lo que colaboró a su decadencia, aún cuando se quedaron a unos cuantos siglos de los principios permitiendo el vuelo espacial.

“Definitivamente nos ha ido muy bien, creo que es una de las inversiones más valiosas hechas por el gobierno del Estado: el haberle apostado a un proyecto para las nuevas generaciones”, sostiene De la Vega.

La palabra Museo viene del vocablo griego “musa”, deidades cuya función consistía en inspirar tanto al intelecto como a la emocionalidad. Y así lo hizo “Chela” en los talleres de expresión infantil conocidos como Papalote, en los cuales se desempeñó por 23 años en un proyecto iniciado por personalidades como Jorge Esquinca, Luis Caballo González Durán y Diana Díaz Romo, y cuyas actividades incluían teatro, fotografía, manualidades y psicomotrocidad.

Luego de la devaluación de 1980, el taller redujo su población de 200 niños a cerca de 20, sin que por ello Graciela de la Vega se dejara desfallecer, en un sendero que a la larga la llevaría al Trompo Mágico, cuyo relato no le deja de fascinar: “¡Me encanta contar las historias! -repone cuando me disculpo por hacerle repetir su testimonio-. Empieza en el año de 1995 con una promesa, y las promesas se tienen que cumplir: la promesa la hizo la señora Joel, la esposa del ingeniero Cárdenas, y se la hizo a los niños de Jalisco (200 millones de pesos para la construcción y equipamiento). Y aunque la promesa se empeñó en 1995, la primera piedra se coloca hasta el año 2000. ¡Ahora sí que me eché un trompo a la uña!”.

El niño tiene cinco años

No es un evento común: los niños pequeños pueden por primera vez presumir su edad usando toda la palma de la mano. Ya son niños grandes, dirían.

Por ello, el equipo del Trompo planea celebrar por todo lo alto el día 27, que es domingo, en lugar al 30, su día “real” de aniversario.

“Cuando eres pequeño, cumples años el Martes y dices “ah, mejor lo festejamos el domingo para que esté papá, para que vengan los primos, la abuelita y todo mundo”. Y eso vamos a hacer nosotros: nos vamos a festejar el domingo para que vengan todos. Que no nos falte nadie porque la fiesta es para todos. Vamos a tener cinco cosas maravillosas que hacer ese día. Pagan el boleto de entrada (50 pesos) y con él tienen derecho a todo el museo y a alguna de las actividades especiales que siempre tenemos, como La talacha y la exposición temporal que ya va incluída en el precio. O bien, pueden elegir entre otros talleres especiales que vamos a tener: uno es didáctico porque queremos celebrar con los cinco sentidos que tenemos”.

“Y en la noche -continúa De la Vega- le vamos a dar un agasajo tremendo a la vista con un espectáculo padrísimo que viene desde Australia. Gracias al apoyo de Cultura UdeG vamos a poder tenerlos aquí. Así que les recomendamos que vengan desde tempranito porque al cinco para las 11:00 voy a abrir la puerta el domingo 27 de abril y habrá cinco sorpresitas”.

Recuadro:

Un museo de cuarta generación

Este tipo de museos poseen áreas contemplativas, interactivas, de ciencia y tecnología, cuyas exhibiciones tienen un sustento pedagógico; los visitantes acudirán a un sitio que otorga diversión, pero también reflexión. Los derechos de los niños y la física van juntos.

Sus atracciones permanentes reciben nombres divertidos y provocativos: Maroma, Burbujas, Garabato, Ombligo, Cacalota, Eureka. Su diseño supone que quien visite al Trompo Mágico siempre vuelva por algo nuevo. El acervo del Museo es de alrededor de tres mil 500 libros que todos los visitantes pueden leer y hojear a sus anchas.

Existe, además, una galería para exposiciones temporales y una Mediateca basada en un arreglo de computadoras con programas educativos para todas las edades. Cuenta con un área para talleres y aparatos al aire libre que todos pueden tocar, usar y mover. Entre estos últimos hay, por ejemplo, un simulador de vuelo, que levanta con aire a los visitantes y los hace sentir que están planeando en un paracaídas.

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