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Domingo, 09 de Diciembre 2018
Entretenimiento | Otras plazas, por su abundancia de áreas verdes, se asemejan más a un parque.

Capicúa: La plaza: Refugio abierto y compartido

Una plaza tiene o debiera tener como cualidad principal el ser franca y accesible, y no ser o convertirse en un espacio árido, residual, vacío, abandonado a su suerte, casi siempre por falta de mantenimiento.

Por: EL INFORMADOR

Por: Laura Zohn

En medio del tráfico y el ruido de las avenidas de la ciudad, una plaza es una grata fortuna. Es un refugio al aire libre. Un lugar para estar, contemplar, convivir, jugar y deambular. De alguna manera, es la continuación del patio de una casa, sólo que a otra escala y sin la intimidad propia de una vivienda. Es el patio urbano: la estancia pública que comparten todo tipo de personas a distintas horas y con diferente intención.

La plaza es un espacio abierto, normalmente sin restricciones para entrar o salir, delimitado por una serie de edificaciones, calle y banqueta de por medio. Su carácter lo otorga la ambientación interna, conferida tanto por los elementos naturales (árboles, setos, flores, pasto) como los construidos (fuentes, cajetes, quioscos, monumentos). El tipo de mobiliario existente (basureros, bancas, luminarias, juegos infantiles) influye en su funcionamiento y fisonomía. Asimismo, el tipo de piso, los desniveles, las texturas y los colores empleados en cada plaza la realzan y distinguen de otras.

Por otro parte, las actividades que se realizan en una plaza revelan su uso y le dan un sello especial, tales como sentarse bajo la sombra de un árbol a leer o platicar, ver pasar a la gente, comprar una nieve, jugar a la pelota, andar en bicicleta, bolearse los zapatos o simplemente pasear y atravesarla sin prisa.

Existen plazas que, por su tratamiento y sus dimensiones, pasan a ser explanadas, áreas libres y despejadas para cualquier uso público o multitudinario, desde una función de teatro o un concierto al aire libre hasta un mitin político. Otras plazas, por su abundancia de áreas verdes, se asemejan más a un parque. Aunque en ocasiones es difícil establecer dónde termina una y empieza el otro, la característica principal de una plaza reside en una área mayormente cubierta por piso, sea adoquín, mosaico, concreto, cemento o piedra. El parque, por el contrario, nace del concepto del jardín, donde su suelo es manejado básicamente con pasto y abundancia de elementos naturales.

Aquellos espacios abiertos que combinan ambos conceptos resultan ser, finalmente, los más agradables: áreas de piso planas o escalonadas, intercaladas con áreas de pasto y árboles frondosos, donde participan fuentes y estatuas de la más diversa manufactura. Por cierto, las bancas, que se colocan generalmente en el perímetro, debieran de mirar hacia dentro de la plaza o parque, no hacia la calle, ya que le dan la espalda a cuanto adentro sucede y obliga a mirar automóviles en vez de contemplar su ambiente. El valor estético que los edificios circundantes le confieren, varía de acuerdo al estilo arquitectónico, a la época, pero sobretodo a las alturas, los materiales y la composición de sus fachadas. A veces, engalanan y proporcionan el espacio; otras, desgraciadamente, lo desmerecen y ahogan.

Una plaza tiene o debiera tener como cualidad principal el ser franca y accesible, y no ser o convertirse en un espacio árido, residual, vacío, abandonado a su suerte, casi siempre por falta de mantenimiento. Necesita tener calidad visual, espacial y humana. Requiere expresividad, dar la bienvenida y favorecer la estancia a quien acude o se reúne en ella. Es un lugar común, de distracción y esparcimiento: un remanso para los conflictos diarios. Las conocidas “plazas” (es decir, centros comerciales o “malls”) que actualmente abundan en Guadalajara, se desvían totalmente del sentido real de la plaza (ágora). La función de éstas es el consumismo, sus espacios suelen ser cerrados, techados y delimitados por muros, el sonido se concentra, al igual que los olores. En cambio, el patio urbano es abierto: el aire fluye y la lluvia cae. No confundamos términos.

Construyamos más espacios abiertos y reconfortantes para eso que llamamos alma o espíritu, para con ellos contribuir a elevar la calidad de vida, para no olvidar que seguimos formando parte de la naturaleza. La quietud y la armonía que las plazas proporcionan, tanto en la vida propia de cada tapatío como a nivel urbano, es invaluable e indispensable.

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